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Un punzón insistente en su brazo sacó a Azriel de la inconsciencia. Abrió los ojos con pesadez, revelando la misma lúgubre habitación. El mareo lo envolvía como una niebla densa, sumándose al dolor que latía en su cabeza.

—Hasta que despiertas— una voz sarcástica rompió el silencio, con pasos pesados que resonaban en el piso de concreto. —Pensé que había calculado mal la dosis.

Giró la cabeza para ver a Theo sin el pasamontañas. Una clara señal de que las Lawrence no estaban cerca, o al menos eso quería creer.

Con esfuerzo, se incorporó sobre el colchón duro, sentándose correctamente. Su mirada se posó en la intravenosa que colgaba de su brazo, y luego en la bolsa en el suelo, similar a las que le colocaban a su hermana en el hospital.

En un impulso desesperado, intentó arrancarla, pero Theo lo detuvo. Sus dedos se clavaron con fuerza, robándole un jadeo de dolor.

Lo miró con odio. —No seas idiota, es suero o, ¿tan pronto quieres morir? Te la quitaré enseguida.

Azriel apretó la mandíbula. Su respiración se volvió agitada, pero se quedó inmóvil, consciente de su debilidad.

El hombre lo soltó y se sentó en una silla frente a él. Abrió un bolso que el joven no había notado antes y sacó dos paquetes de comida, que aterrizaron pesadamente en su regazo.

Azriel se relamió los labios antes de hablar. —¿Por qué me ayudas — cuestionó en voz baja, lleno de desconfianza. Su estómago se retorcía por el hambre, pero no iba a ceder fácilmente.

—No lo hago, solo sigo órdenes. Ahora come.

La impotencia y el dolor en su rodilla hacían que su cabeza diera vueltas, pero no quería mostrar más debilidad.

—Quítame esto y lo haré— pidió, aferrando sus dedos a la cadena metálica que le aprisionaba el tobillo, como si la simple idea de liberarse pudiera darle algo de control sobre la situación.

«Quizás puedo patearlo y correr hacia la puerta, no recuerdo que tenga llave o algo así», pensó, intentando darse ánimos.

Theo ignoró su petición y se dedicó a comer en silencio. Cada bocado cargado de indiferencia y aquello enfureció al muchacho.

Dejó a un lado el paquete de comida y se puso de pie temblando ligeramente. —Te estoy hablando, maldita sea— comenzó a elevar la voz —¡Libérame de esto, ahora!

Theo levantó la mirada con calma, disfrutando la frustración del muchacho. Dejó de comer y se cruzó de brazos.

—¿Y qué crees que vas a lograr con eso? —preguntó con sorna—. ¿Salir corriendo? ¿Luchar contra mí? —Una sonrisa lenta y siniestra se formó en su rostro—. Estás débil, apenas puedes mantenerte de pie —lo recorrió con la vista. —Así que siéntate y come, o dejaremos de lado las palabras y haremos algo que no te va a gustar.

Azriel se negó a retroceder y apretó los puños a sus costados. —Simplemente, quiero que me quites esta maldita cosa del tobillo. Duele y es muy molesta— apretó los dientes.

Una risa burlona retumbó en el lugar. Se levantó y caminó hacia el muchacho, observándolo con una mezcla de curiosidad y desprecio.

—¿Eso es lo que quieres? ¿Comodidad? —preguntó, inclinándose hacia él, lo suficiente como para que pudiera sentir su aliento en la piel. En un movimiento ágil, le quitó la intravenosa y colocó un parche en el lugar.

Tenía algo en mente.

—Solo por 5 minutos, por favor— suavizó su mirada, como si estuviera dispuesto a concederle un poco de alivio.

Azriel sintió una chispa de esperanza mientras Theo tanteaba en el bolsillo de su pantalón. Sacó una pequeña llave y se arrodilló, con la mirada fijada en los ojos del joven. Su corazón bombeaba con fuerza, sabiendo lo que estaba por hacer.

En cuanto el grillete cayó al suelo, lanzó un golpe certero. Su rodilla estrellándose contra la mandíbula del hombre, quien tambaleó hacia atrás. El joven castaño corrió hasta la puerta, pero fue interceptado. Lo tomó por el brazo tirándolo al suelo, su cabeza recibió el impacto y nubló su vista unos instantes.

Antes de que pudiera darle otro golpe, se zafó de su agarre y se puso de pie. Con un movimiento rápido, le arrojó la silla cercana y abrió la puerta.

Theo, recuperándose rápidamente, lo miró con una mezcla de rabia y diversión. —¡Estúpido! — gritó, comenzando a perseguirlo.

El castaño se encontró con un pasillo oscuro, su respiración se entrecortaba. Podía oír los pasos del hombre cada vez más cerca. Su corazón latía con fuerza, no solo por el esfuerzo físico, sino por la desesperación de escapar.

Sus pies lo guiaban, no podía pensar con claridad. Se topó con dos puertas; una estaba cerrada o no tenía las fuerzas suficientes para derribarla, y cuando fue a probar la segunda, un golpe en la nuca lo hizo caer al suelo.

La oscuridad opresiva lo envolvió como un manto pesado. Al despertar, un déjà vu recorrió su cuerpo. Atado y amordazado a la silla, gritó con todas sus fuerzas, pero el sonido quedó sofocado por la tela que le cubría la boca.

Sus ojos se fijaron horrorizados en la pizarra frente a él. Estaba cubierta de fotografías.

Imágenes de su departamento destrozado; muebles volcados, papeles esparcidos por el suelo y vidrios rotos. Todo lo que tanto le costó, ahora estaba hecho añicos.

Una foto mostraba a Vincent, tendido en una camilla de hospital, rodeado de máquinas, al igual que su hermana menor, atrapada entre cables y tubos.

Y luego estaban las que Emma le había enseñado. La rabia lo atravesaba de pies a cabeza.

—Creí que eras más inteligente —la voz de Theo resonó, cargada de desprecio—. Que esperarías un poco más antes de intentar algo tan patético. Pero veo que me equivoqué...

Se inclinó hacia él, jalándole el cabello con una brutalidad que le hizo echar la cabeza hacia atrás. Luego, le habló al oído con una frialdad que helaba la sangre.

—¿Lo entiendes ahora, precioso? —susurró, casi con ternura—. Aquí nadie está jugando. Será mejor que cooperes, o me veré obligado a hacerte cosas horribles.

Las lágrimas ardían en sus ojos, pero las contuvo. No le daría a Theo el placer de verlo quebrarse. Lo soltó y retrocedió un poco.

Sin previo aviso, Azriel sintió un pinchazo en el cuello. El dolor que recorría su cuerpo se desvaneció, reemplazado por una sensación de paz que invadió cada fibra de su ser. Todo comenzó a desdibujarse, sumiéndolo en una profunda ensoñación.

Pero aquello solo era un breve descanso de su tormento.

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holii perdón me re colgué jajaja tenia que subirlo anoche, pero empecé a ver lone star y me encantaaaa 🥺💕

10:35 [BL]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora