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La imagen era cruda. No por la sangre ni los moretones, sino por la urgencia que transmitía.

El equipo de ciberdelitos se encargó del archivo, pero todo indicaba que fue manipulado por un software de encriptación ligera. El trabajo de alguien que sabía lo justo para cubrir rastros.

No era imposible. O eso creía la detective.

La imagen mostraba apenas una luz tenue y paredes húmedas. Ni el mapeo térmico reveló algo útil.

-Una habitación alejada de la luz natural o un recinto subterráneo...- murmuró la detective frente a su computador.

-Vanessa, el jefe de prensa quiere hablar contigo -anunció Bennett al entrar con el celular en la mano-. Piden una declaración oficial sobre el asunto del CEO.

Ella resopló con fastidio. -¿Qué quieren saber? Si ya publicaron su primicia.

Miró de reojo el noticiero en la sala, un titular absurdo.

"El heredero de BT fue víctima de un atentado en su propiedad, su vida corre peligro."

-Quieren todo -continuó Bennett-. Por qué la empresa no denunció, si hubo encubrimiento, si se trata de una interna empresarial o cosas turbias.

Ella se pasó una mano por la frente, cansada.

-Justo lo que necesitábamos... prensa hambrienta en medio de un operativo sin pistas.

Cerró el archivo, se puso de pie y Bennett la siguió en silencio. No sin antes pedirle a una oficial que devolviera el teléfono de Ruby Böhen y una copia completa del contenido.

-Espero que no lo relacionen con el muchacho Böhen- murmuró el oficial.

"Atacan al dueño y luego desaparece uno de sus empleados"

Justo antes de llegar a la sala de reuniones, otro agente se acercó apresurado.

-Detective, un periodista denunció que un hombre intentó chantajearlo con información sobre el caso. Tenemos al sujeto bajo custodia. Es Peter Böhen.

Vanessa parpadeó, reconociendo el apellido.
El padre de Azriel.

-Dice estar preocupado por su hijo, pero quería venderle al periodista una historia sobre él.

-¿Qué tipo de historia?

-Afirmó que Azriel recibía grandes sumas de dinero de alguien "muy influyente" en la empresa. Que hacía trabajos sucios. Que probablemente envió matones a golpearlo por una disputa.

Vanessa entrecerró los ojos.

-¿Y él se presenta como víctima?

El uniformado asintió y ella le pidió que tomara la declaración y que no lo dejaran irse.

[...]


A media mañana, Bürem apareció sin aviso en Bt. Atravesó el lobby como una sombra elegante, con ese aire de serpiente enroscada que no necesita moverse para intimidar.

Alto, impecable, con el cabello entrecano peinado hacia atrás y ojos grises, tan fríos como calculadores. Su rostro anguloso oscilaba entre la cortesía y el peligro.

Jessica no estaba. Vincent, tampoco.

Emma recibió el aviso cuando estaba lejos del edificio. Regresó sin decir palabra, con la ansiedad comiendo sus huesos.

Al llegar al piso ejecutivo, lo encontró apoyado contra la puerta de su oficina. Sonreía con esa precisión milimétrica que convertía un gesto cordial en una advertencia.

Sin pronunciar palabra, lo guió hacia el interior. Sentía la tensión en su espalda y en sus manos sudorosas.

Él entró como quien inspecciona un terreno conquistado. No pidió permiso para sentarse. Ella ofreció café, pero el hombre pidió té.

-¿Todo en orden, Emma?

El tono era suave, pero cada palabra se sentía como una sonda.

Ella mantuvo la compostura. Pero cada músculo en su cuerpo gritaba.

-Las cosas están bien, a pesar de algunos inconvenientes.

Él dejó escapar una breve carcajada hueca.
-¿Inconvenientes?

Emma no pestañeó.

-La situación está bajo control. Vincent está resguardado y la policía aún no ha liberado detalles.

Un campo minado. Cada palabra era una pisada cuidadosa.

Bürem ladeó la cabeza. Su voz se tornó más pausada, como quien reflexiona con veneno.

-Desde que me fui, esta empresa parece perder prestigio. Primero Vincent. Luego la caída en bolsa. Ahora un tal... Azriel Böhen, desaparecido. También empleado aquí, ¿cierto?

El nombre fue un puñal preciso.

Emma no reaccionó.

-No lo sé, no es de mi incumbencia.

-No vine por una declaración oficial -dijo él, la voz como seda desgarrada-. Vine porque alguien tomó decisiones que no le corresponden.

Sabía a qué se refería. Y lo detestaba.

-Vincent estuvo de acuerdo y eso fue suficiente. No le debo explicaciones

-¿Tanto deseabas tu momento? -Él se inclinó apenas.

La acusación flotó entre ellos.

-Lo hice por la proyección financiera del trimestre. No fue personal.

Él sonrió con crueldad.

-Nunca lo es, claro. Las trepadoras ambiciosas siempre lo dicen. Pero la próxima vez que quieras jugar a ser reina, elige tu propio tablero. No el mío.

Por primera vez, el rostro de Emma se tensó.

-Considéralo un recordatorio -agregó él, como si disfrutara de cada palabra-. Aunque si lo prefieres, puedo ser más claro: ni siquiera pudiste enterrar a tu hija en paz. Imagina lo que hacés con una empresa.

El golpe fue brutal. Diseñado para herir donde más dolía.

Emma no pestañeó. Pero su mandíbula se tensó hasta casi crujir.

-Eso fue innecesario -susurró, con una calma filosa que cortaba el aire.

-¿Sí? A mí me parece innecesario que una mujerzuela que aprendió a imitar órdenes crea que puede dar las suyas. No entiendes el juego, Emma. Solo repites los gestos.

-Lárguese de mi oficina, señor Bürem.

Él se levantó, despacio, como quien recuerda al mundo que el poder no necesita prisa.

-No te confundas -musitó antes de marcharse-. Esto sigue siendo mío, cariño.

Cuando la puerta se cerró, Emma dejó que el temblor la alcanzara. Inhaló hondo y, con un movimiento seco, estrelló la taza contra la puerta.

-Maldito hijo de perra- murmuró con rabia.

Se tomó unos segundos para recomponerse y salió de la habitación como si nada hubiera pasado.

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Holaaa voy a tratar actualizar más seguido!!

Gracias por los votos♡♡♡

10:35 [BL]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora