-Sí, iré al hospital. Después hablaré con el muchacho... ya quiero ver su cara ante las noticias -comentó la señorita Lawrence con un tono afilado, casi burlón, mientras ingresaba a su vehículo.
Había algo satisfactorio en la forma en que el caos se desataba a su alrededor sin que sus manos se mancharan.
Colgó, y se dirigió hacia el hospital.
Al llegar, un par de reporteros molestos le tomaron fotografías e hicieron preguntas sobre el estado del CEO.
Los evadió con una sonrisa e ingresó al edificio con un hermoso ramo de lirios blancos entre los brazos.
Se detuvo frente a la habitación 904 y suspiró repasando mentalmente sus emociones.
Escuchó voces desde dentro. Esperó. No le gustaba irrumpir sin dramatismo.
La puerta se abrió y Jessica salió con una expresión concentrada, sosteniendo su bolso sobre el hombro y le dedicó una pequeña sonrisa. Al parecer iba con prisa.
Emma no le dio importancia e ingresó.
Vince estaba sentado en la cama, algo pálido pero atento a la pantalla de la laptop.
-Vaya, no te tomas un descanso del trabajo.
Vince levantó la vista y su expresión se suavizó al verla.
-Intenté venir ayer, pero Iván no me dejó pasar. Literalmente me cruzó en la puerta como si fuera una amenaza nacional -dijo, sonriendo mientras colocaba las flores en una mesita.
-Lamento eso, está nervioso supongo- respondió el rubio, añadiendo que hablaría con él.
-No te preocupes. ¿Te gustan?- Señaló con entusiasmo las flores.
-Lirios blancos, no lo olvidaste- comentó con una media sonrisa -son preciosas, te lo agradezco.
Las favoritas de Margot Beaumont. Pequeños detalles que moldean grandes impresiones.
Emma se sentó en el sillón junto a la cama, cruzando las piernas con elegancia-. ¿Cómo te sientes?
-Mejor. Un poco aturdido todavía, pero ya sabes... estoy vivo de milagro.
-¡Gracias a Dios!, pero todo esto me parece una locura. Un robo así de brutal... -soltó la frase como quien tantea un terreno peligroso, pero con la voz justa para no levantar alarmas-. ¿La policía ya te dijo algo?
-Todavía están investigando -respondió Vince, sin entrar en detalles.
Emma asintió, observándolo con fingida preocupación, como si le doliera verlo así. Pero por dentro, su mente calculaba cada palabra, cada silencio.
-En fin -dijo, recomponiendo el tono-, no vine solo a hablar de eso. El acuerdo con los alemanes se cerró ayer. Y, bueno, la junta está inquieta. La noticia del asalto está en todos los portales. Pero tranquilo, hablaré con tu asistente y tomaremos control del relato.
Se acomodó el cabello detrás de la oreja. Era un gesto medido, casi coreográfico.
Vince giró lentamente la cabeza hacia ella.
-Gracias.
-No tenés que agradecerme. Bueno, te dejo descansar. Si necesitás algo, ya sabés.
Se puso de pie, y se inclinó para besarle la mejilla. Su perfume quedó flotando en el aire, delicado y caro. Caminó hacia la puerta con paso seguro, sin mirar atrás. Sabía que lo había dejado pensando.
Justo como quería.
[...]
La ciudad fue quedando atrás dando paso al abandono. El sol apenas se asomaba entre las nubes grises, como si también se negara a presenciar lo que ocurría alli.
Emma conducía hacia el sitio donde tenían al joven castaño.
Detuvo el coche frente a la estructura y descendió. Tacones firmes sobre concreto agrietado. El silencio del lugar era absoluto, salvo por el chirrido de una chapa suelta movida por el viento.
Cruzó el interior sin apuro.
Lo encontró allí, en uno de los rincones menos iluminados.
Azriel.
Encogido en el suelo, tembloroso, sus manos cubrían su rostro, intentando apaciguar los sollozos que aún se le escapaban entre respiraciones entrecortadas. Frente a él, la pantalla aún mostraba la noticia de su desaparición.
Emma lo observó en silencio. No dijo nada durante largos segundos. Solo lo contempló.
-¿Ya lo odias? -preguntó en tono mordaz.
El muchacho alzó la cabeza. Se limpió el rostro con torpeza y se puso de pie con dificultad, como si su cuerpo ya no le respondiera del todo.
-Te di lo que querías... -murmuró con la voz rota-. Déjame ir. Por favor.
Emma lo ignoró.
-No has respondido a mi pregunta.
El castaño tragó saliva. Su labio inferior tembló apenas, y finalmente asintió con lentitud.
-Sí... Lo odio. Él causó todo esto... nos lastimó. Me mintió y...
-Eso me alegra -ella lo interrumpió con una sonrisa breve-. Por fin lo entiendes.
Dio un paso hacia él. Azriel ni siquiera retrocedió.
-Pero no te confundas, cariño -continuó-. Tú y yo no somos iguales. Jamás lo seremos.
Su tono se tornó más áspero.
-Arruinaste mi relación. Me lo quitaste. Lo convertiste en... eso.
Se alejó un poco, la mirada helada, afilada.
-Y lo peor es que él aún no ha pagado.
Azriel apenas se mantenía en pie. Pero la mirada que le devolvió ya no era solo de miedo. Había algo más ahí. Dolor, sí. Culpa también. Pero también una chispa que Emma no supo leer del todo. Y eso la incomodó.
-Esto no lo va a arreglar -murmuró el castaño.
Ella se cruzó de brazos molesta y mencionó que el CEO ama fingir que todo está bajo su control. Y qué sigue mintiendo.
Azriel apretó los labios.
-La prensa hace preguntas incómodas. Su imagen comienza a tambalear. Y todo gracias a ti.
"No eres más que una variable molesta.
Un obstáculo para él"
La crueldad de la mujer, impactaba en él como cuchillas.
Giró sobre sus talones.
-Y nadie va a venir a salvarte, Azriel. Recuerda eso.
Se dio media vuelta, dispuesta a marcharse.
Pero entonces, lo oyó.
Un grito.
Azriel, en un arranque desesperado, se lanzó contra la cadena que lo retenía del tobillo. La fuerza del tirón hizo sonar el metal oxidado con un golpe seco. El muchacho forcejeó, intentando soltarse. Se lastimó los dedos, se jaló el cabello y gritó de nuevo. Gritó como si pudiera expulsar el dolor y la impotencia.
Como si alguien pudiera escucharlo.
Emma no lo miró, pero sonrió ante el espectáculo de un alma rota intentando levantarse.
Lo estaba destruyendo por dentro y apenas estaba empezando.
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Ayy les juro que llore escribiendo esto 🤧🤧🤧
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10:35 [BL]
Teen FictionEn una sociedad donde la homosexualidad sigue siendo mal vista, Vincent y Azriel, se encuentran cada noche, a las 10:35. Sin embargo, aquel refugio donde la calma les permitía expresarse sin miedo, se vio empañado por la incertidumbre cuando uno de...
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