Oscar Bürem no está ni cerca de ser buen samaritano, pero iba a investigar sobre el muchacho. Se había obsesionado con él.
Recordó perfectamente el mensaje que inició todo.
"Estoy dispuesto a ayudarte y te daré lo que necesites... pero sabes que nada es gratis"
Seis años atrás
Azriel Böhen tenía 19, la primera vez que lo vio.
Estaba sentado en un sofá de cuero negro en el lujoso penthouse. Su cuerpo rígido, las manos apretadas sobre sus rodillas, como si intentara sostenerse a sí mismo.
El olor a tabaco y whisky impregnaba el aire.
Bürem se encontraba de pie junto al ventanal, con un cigarro entre los dedos. Sus ojos lo devoraban con curiosidad.
Admirando sus agallas para pedirle un favor.
-No tengo a quién más recurrir.
Bürem exhaló una bocanada de humo y sonrió con sorna.
-Nadie regala favores.
-Lo que sea que pida... lo haré.
El hombre dejó el cigarro en el cenicero y caminó hacia él, disfrutando de la tensión en el muchacho. Se inclinó, lo suficiente para que Azriel pudiera ver su propio reflejo en aquellos ojos oscuros.
-Entonces entiendes lo que quiero de ti.
Su mano se cerró sobre su mandíbula, apretando con la suficiente fuerza para obligarlo a alzar la mirada.
Aquel trato era una soga al cuello.
Pero tampoco podía retroceder.
No cuando su princesa estaba enferma.
-Lo sé -susurró apenas.
Bürem sonrió.
-Eres un chico listo, Azriel. Me aseguraré de que nunca lo olvides.
Antes de que pudiera reaccionar, sintió los labios del hombre contra su cuello.
Se quedó paralizado. Quiso apartarse, pero sus músculos no respondieron.
Los besos se convirtieron en un agarre fuerte.
Bürem le rodeó el cuello con una mano y apretó. Solo para recordarle quién tenía el control.
-Mírame.
Azriel abrió los ojos de golpe.
Los del hombre brillaban con crueldad.
-Te gusta hacerte el fuerte -murmuró, deslizando un dedo por su mejilla-, pero solo eres un niño asustado... que acaba de perder a su madre.
El cuerpo de Azriel se tensó de inmediato.
Sintió que el mundo se tambaleaba bajo sus pies.
-No... -Su voz sonó débil.
Intentó apartarse, pero el agarre se hizo más fuerte.
-Sé lo que pasó -susurró, acercándose peligrosamente a su oído-. Sé que pudiste salvarla... pero no lo hiciste.
Un escalofrío le recorrió la espalda.
-Eso... eso no es verdad -balbuceó apenas.
Bürem inclinó la cabeza, estudiándolo con diversión.
-¿No? -Se encogió de hombros con fingida indiferencia-. Digamos que la policía ve las cosas diferente.
Azriel sintió las uñas clavarse en sus propias palmas.
-Un hijo que tiene la oportunidad de salvar a su madre... pero no lo hace. Suena a negligencia. Suena a que querías que muriera.
Negó con la cabeza frenéticamente.
Bürem sonrió con frialdad y, por primera vez, lo soltó.
Azriel cayó sobre sus rodillas, llevándose una mano a la garganta. Tosió y aspiró grandes bocanadas de aire, sintiendo el miedo atravesarle el pecho.
-¿Qué quieres que haga? -logró preguntar entre jadeos.
El hombre bebió whisky antes de responder.
-Tres años. Te daré dinero, moveré hilos para que consigas un buen empleo y todo lo que necesites.
Azriel sintió un nudo en el estómago.
Estaba condenado, sería su esclavo y la desesperación le arañaba las entrañas.
-¿Y después? -preguntó con la voz rota.
Bürem sonrió.-Me cansaré de ti. Y te dejaré ir.
Azriel cerró los ojos con fuerza.
Tenía que soportarlo.
-Ahora, sé un buen chico -susurró Bürem, acomodándose entre sus piernas y sujetándolo de la nuca-, y no hagas escándalo.
El beso fue tosco y horrible.
El joven sintió su cuerpo encogerse, sintió su mente desprenderse de la realidad como un mecanismo de defensa.
Esa noche comenzó su tortura.
El mismísimo infierno durante tres años.
Meses después de eso, en uno de sus encuentros, Óscar le regaló una computadora portátil.
Nueva y costosa.
Azriel frunció el ceño.
-Quiero que aprendas programación.
-¿Por qué?
Bürem bebió un sorbo de su whisky y sonrió.
-Porque tengo planes para ti.
Tiempo después, cuando consiguió su primer empleo en Business Tech, pensó que había sido por mérito propio.
No tenía idea de que ese malnacido movió los hilos para que fuera contratado.
Y mucho menos que para Vincent Beaumont ese tipo era un modelo a seguir.
Aunque su condena había terminado...
Su vida seguía atada a la de él.
.
.
uff ni se imaginan lo que sigue 😭
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10:35 [BL]
Ficção AdolescenteEn una sociedad donde la homosexualidad sigue siendo mal vista, Vincent y Azriel, se encuentran cada noche, a las 10:35. Sin embargo, aquel refugio donde la calma les permitía expresarse sin miedo, se vio empañado por la incertidumbre cuando uno de...
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