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El agua tibia caía sobre sus hombros desde hacía varios minutos.

Azriel no tenía prisa.

Era la primera vez desde la operación que podía mantenerse de pie sin ayuda, aunque cada respiración profunda aún le recordaba las costillas fracturadas. Sin el vendaje apretado, el dolor se hacía tolerable.

Apoyó una mano contra la pared de la ducha, cerrando los ojos un instante.

Su peso se cargaba un poco más sobre la pierna derecha. La izquierda todavía respondía con torpeza, una rigidez persistente que le recordaba el tiempo que había pasado con el grillete clavándose en su tobillo.

El baño era demasiado amplio, demasiado cómodo para alguien que técnicamente estaba cautivo.

Había toallas y ropa nueva; jabones de distintos aromas. Incluso cremas para la piel.

Para el castaño, eso era absurdo.

Oscar lo había secuestrado, sí.
Pero también había pagado un cirujano, un enfermero… y ahora lo mantenía en un lugar donde podía ducharse con agua caliente y ponerse ropa limpia.

Además de la comida decente.

No tenia sentido.

Se obligó a concentrarse en recuperarse al 100%
Atacar a Bürem en su estado era suicida. Y el enfermero no era un enemigo; simplemente hacía su trabajo.

Y Azriel no era impulsivo.

El agua resbaló por su pecho y sus dedos recorrieron distraídamente las cicatrices recientes.

Su piel estaba amoratada en varios puntos. Las suturas tiraban un poco cuando se movía demasiado. Tenía más marcas de las que recordaba.

Y su pierna…
El disparo había cerrado, pero de vez en cuando el dolor volvía como una punzada profunda.

Cerró los ojos y pensó en su hermana.
¿Estará bien? ¿Quién la estará cuidando?
¿Sentirá miedo? Deseó que Grace se acordara de ella.

El pensamiento le apretó el pecho más que cualquier vendaje.

Y luego, como había ocurrido en los últimos días… pensó en Vincent.

Había soñado con él la noche anterior.
O al menos eso creía recordar.

Porque antes de Vincent siempre aparecían otros lugares:
el ruido metálico de la lavandería,
el frío del bosque,
la niña…

Su mente todavía no sabía cómo dejar esos sitios atrás.

Pero al final siempre aparecía el loft.
La luz tenue, los brazos firmes del rubio rodeándolo mientras dormía. La forma en que lo miraba… como si fuera lo más importante en su vida.

Pero eso ya había terminado.

Abrió los ojos y cerró el grifo. Se secó con cuidado, evitando las zonas sensibles. Luego se miró en el espejo.

Había algo más en su expresión.
Algo más atento.
Como si el Azriel que había entrado al loft aquella noche… no era el mismo que miraba su reflejo.

Se vistió entre leves quejidos. Al inclinarse para subir el pantalón, un mareo breve le cruzó la cabeza; los sedantes y analgésicos aún corrían por su sistema, dejando una sensación pesada en su cuerpo, como si todo reaccionara medio segundo más lento.

Escuchó la puerta abrirse detrás de él.

Bürem.

—Veo que ya puedes mantenerte en pie —comentó con calma.

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⏰ Última actualización: 2 days ago ⏰

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10:35 [BL]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora