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Cleveland, 2015.

La televisión parpadeaba en la sala mientras los créditos de una película de princesas corrían en la pantalla. Ruby, de apenas 9 años, reía despreocupada mientras jugaba a las muñecas en casa de su amiga Lucy.

Todo parecía tranquilo, como cualquier otra tarde, hasta que Azriel cruzó el umbral con una expresión seria y una mochila colgando del hombro.

-Ruby, nos vamos. Junta tus cosas y despídete de Lucy.

Las niñas fruncieron el ceño, casi sin entender que ocurría. La menor de los Böhen miró a su hermano y le preguntó, casi en un susurro -¿qué? ¿Por qué? Pero si aún...

-Ruby, obedece -expresó con firmeza, esquivando su mirada.

La niña guardó sus juguetes y dejó la tiara sobre la mesa. Su mente buscaba explicaciones ¿se habría peleado con mamá? ¿O tal vez su jefe lo había hecho enfadar de nuevo?

La madre de Lucy apareció en la sala con una sonrisa amable, pero el joven no le dio tiempo para preguntas. -Surgió algo. Gracias por todo- tomó la mano de su hermana y salieron por la puerta sin mirar atrás.

El aire frío los recibió en la calle, y las sombras alargadas del atardecer hicieron que Ruby se sintiera aún más pequeña.

-¿Qué pasa? ¿A dónde vamos?... Azriel, espera -habló agitada, tirando de la mano de su hermano para detenerlo.

El mayor soltó un suspiro, casi derrotado, pero su voz se mantuvo firme. -Iremos de viaje, ¿está bien? No preguntes más.

-¿A dónde? ¿Y mamá? No tengo a mi señor esponjoso.

-Está en la mochila, ella... vendrá después ¿si?- pidió un taxi y luego bajaron en la estación de trenes, donde aguardaron unos minutos pero el muchacho se mostraba impaciente.

-Azriel... Tengo frío y hambre- la suave voz de su hermana lo sacó de sus pensamientos. Se quitó la chaqueta y la colocó con cuidado sobre sus hombros, para acercarla.

-Olvidé tu abrigo, lo siento. Pero comeremos al llegar, lo prometo.

Ruby se abrazó a la chaqueta, aún desconcertada. -¿Es hora de mis medicinas?

-Te las daré cuando estemos en el tren.

-¿Cuánto tiempo nos iremos? El sábado es la fiesta de Lucy... íbamos a vestirnos como princesas y tomar el té.

Azriel sintió cómo esas palabras se clavaban en su pecho. -Lo sé... -murmuró, mintiendo sin mirarla. Le dolía más de lo que podía admitir. Minutos después llegó el tren y partieron hacia New York.

Cuando llegaron a la gran ciudad, las luces vibrantes parecían cobrar vida, titilando como estrellas atrapadas en el concreto. El aire era distinto, cargado de humo, voces y una energía que los envolvía.

Decidieron comer hamburguesas, pero Ruby no dejaba de mirar por la ventana esperando ver a su madre en cualquier momento.

El joven sentía un nudo en el estómago e intentó sonar convincente. -Oye... mamá vendrá después. No esta noche, tiene que arreglar unas cosas, ¿entiendes?

En el fondo sabía que no podía cumplir esa promesa.

Ella lo miró con ojos grandes y esperanzados. -¿Lo prometes? Más temprano no le di un abrazo... y quiero que me peine antes de dormir, hoy está de buen humor.

El nudo en su garganta comenzaba a hacerse más grande. Acarició la mejilla de su hermana con torpeza, intentando mantener una sonrisa. -Yo puedo peinarte también. No es tan difícil.

10:35 [BL]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora