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El entumecimiento en sus extremidades era insoportable. Su cabeza pesaba y su boca sabía a hierro.

Parpadeó con dificultad, tratando de enfocar su entorno. La habitación apenas estaba iluminada por una lámpara de neón. La pizarra seguía allí, como un recordatorio de lo que estaba en juego. Fotos de Vince, de Ruby... de su propia vida convertida en escombros.

Un portazo lo sacudió.

Theo regresaba.

Azriel intentó enderezarse en la silla, pero el dolor lo azotó con la fuerza de un latigazo. Cada músculo de su cuerpo protestó.

—¿Sabes qué es lo bonito de esto? -Theo inclinó la cabeza, mirándolo con fingida dulzura—. Que no necesitas ser un mártir. Te estamos dando una salida fácil.

Se agachó a su altura, apoyando una mano en su muslo. Azriel se estremeció.

—Di la clave de Cybra y todo esto termina.

Las palabras revolvieron algo oscuro dentro de él. Como si su cuerpo le suplicara que se rindiera. Pero no lo haría.

El hombre le sacó la venda de la boca y tomó bocanadas de aire.

—No se de que me hablas— respondió con cansancio y un puñetazo impactó en su rostro.

Por supuesto que lo sabía, él la inventó para el CEO. Pero, ¿cómo la descubrieron? Si caía en manos equivocadas todo se iba al carajo.

Era una especie de caja negra para BT. Un acto de vulnerabilidad en el que Vince, a pesar de su fachada de control, pone su destino en manos de alguien que podría liberarlo o destruirlo.

Y ese es Azriel.

—No agotes mi paciencia— murmuró con rabia.

—Vete a la mierda, en mayúsculas— Expresó antes de escupir sangre.

Y el flash de una cámara molestó sus ojos.

—Una lástima -murmuró, inclinando la cabeza con falso pesar-. Pero está bien, precioso. Si no quieres hablar, lo haremos con alguien más.

Azriel sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Theo giró la pantalla hacia él. Era un mensaje redactado, listo para enviarse. Solo había una imagen adjunta: su rostro destrozado, la sangre escurriendo por su barbilla.

Y el destinatario era Ruby Böhen.

Su respiración se detuvo un instante.

—No lo hagas.
-Entonces dímelo.

El pulgar de Theo flotó sobre el botón de envío. Sus ojos disfrutaban cada segundo de la agonía en el rostro del muchacho.

Sintió la desesperación abrirse paso como un golpe seco en el pecho.

No podía imaginar el dolor de su hermana al verlo en ese estado.

Las ataduras mordían su piel cuando se agitaba en la silla.

Si cedía, no solo destruiría a Vince. También a sí mismo.

Theo sonrió, la pantalla encendida en su pulgar.

-Te la daré- sentenció con firmeza.

Pero ya era tarde, la satisfacción en el rostro del hombre era palpable.

El maldito envío el mensaje.

Azriel jadeaba, el pulso golpeándole en los oídos. La idea de Ruby viendo esa imagen lo carcomía por dentro.

Theo sonrió y giró el teléfono hacia él. La pantalla mostraba el mensaje aún en la bandeja de salida.

No se había enviado.

10:35 [BL]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora