Hermanos

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Estaba cuidando a los becerros en el corral, observando cómo mordisqueaban el pasto fresco y trotaban alrededor, cuando vi un auto familiar levantando polvo en el camino. El vehículo se detuvo con un chirrido, y del asiento del conductor salió Jos, su figura imponente y su rostro marcado por una expresión de perpetuo desagrado. Incluso a la distancia, podía ver que estaba más enojado de lo habitual.

Me mantuve a una distancia segura, apoyado contra la cerca del corral, observando con atención. Sabía que nada bueno saldría de esta visita. El aire se llenó de tensión cuando Jos cerró la puerta del auto de un portazo y se dirigió hacia la casa con pasos pesados. Poco después, mamá salió a su encuentro, su expresión pasando rápidamente de sorpresa a una firmeza decidida.

Desde mi posición, aunque no podía escuchar cada palabra, las gesticulaciones y los tonos elevados eran inconfundibles. Jos y mamá estaban enfrascados en una discusión acalorada. Los gestos bruscos de Jos y la postura defensiva de mamá revelaban la intensidad del intercambio. Me preguntaba, no por primera vez, cómo habían terminado juntos. Parecían dos fuerzas de la naturaleza en constante conflicto, incapaces de encontrar un terreno común.

Mamá levantó una mano en un gesto de súplica, intentando calmarlo o tal vez explicar algo, pero Jos la interrumpió con un ademán brusco, su voz claramente elevándose. Apretó los puños a los costados, su rostro enrojecido por la ira. Mamá retrocedió un paso, pero no cedió terreno, manteniendo su postura firme.

Observé en silencio, sintiendo una mezcla de preocupación y frustración. Quería acercarme y hacer algo, cualquier cosa, pero sabía que mi presencia solo empeoraría las cosas. Además, recordaba las veces anteriores en que había intentado intervenir y cómo siempre había terminado siendo el blanco de más enojo.

La discusión continuó, cada vez más intensa. A lo lejos, los becerros seguían con sus juegos inocentes, ajenos al drama humano que se desarrollaba cerca. Me preguntaba si ellos también sentían la tensión en el aire. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, Jos se giró con brusquedad y caminó de vuelta hacia su auto. Mamá se quedó plantada donde estaba, respirando con dificultad, su rostro reflejando una mezcla de tristeza y determinación.

Cuando Jos encendió el auto y se alejó levantando otra nube de polvo, me acerqué a mamá con cautela. ─¿Estás bien? ─pregunté suavemente, tratando de no parecer demasiado preocupado.

Ella asintió, aunque su expresión decía lo contrario. ─Sí, Checo. No te preocupes. Solo... solo sigue con lo que estabas haciendo.

Asentí, aunque la inquietud no me abandonaba. Mientras volvía a mi tarea con los becerros, no pude evitar sentir una mezcla de alivio y tristeza. Alivio porque Jos se había ido, al menos por ahora. Tristeza porque, a pesar de todo, las heridas emocionales y la tensión persistente parecían no tener fin.

Los becerros continuaron pastando y jugando, ajenos a las complejidades del mundo humano. Me arrodillé junto a ellos, acariciando el lomo de uno, encontrando consuelo en la simplicidad de su compañía. Pero en el fondo de mi mente, las palabras y los gestos de la pelea de hoy seguían resonando, un recordatorio de la fragilidad de nuestra paz.

Después de terminar mis actividades, me dirigí a la casa con la esperanza de un breve momento de descanso. Al entrar, la tensión en el aire era palpable, y me detuve en seco al escuchar las voces elevadas provenientes del salón.

─Yo lo llamé, no soporto estar más aquí ─ dijo Victoria con voz cargada de frustración.

─Vicky, calma─ intervino papá, tratando de apaciguarla mientras mamá sollozaba a su lado.

─Estábamos mejor con nuestro papá y no con esta familia disfuncional ─— Max, siempre desafiante, miró a papá con desprecio. Nunca le había tenido respeto y, a decir verdad, no lo culpaba. Jos siempre había considerado a nuestro padre como algo inferior, y Max había absorbido esa misma actitud.

Wildest dream || Chestappen Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora