Los días en la granja habían sido una mezcla de trabajo duro y un esfuerzo constante por ocultar mi embarazo. Me mantenía ocupado, evitando a la familia tanto como podía, siempre encontrando alguna tarea que me llevase lejos de la casa. La ausencia de Max pesaba en mi corazón, pero había decidido que era lo mejor.
Una tarde, mientras estaba en el granero ocupándome de las tareas diarias, escuché los gritos desesperados de mi madre. El sonido me congeló el corazón, y sin pensarlo dos veces, solté lo que tenía en las manos y corrí hacia la casa.
Al llegar, la escena que vi fue devastadora. Mi madre estaba en el salón, con el teléfono en la mano, lágrimas corriendo por su rostro. Mi padre estaba a su lado, intentando calmarla, pero claramente afectado también. Al verme, mi madre apenas pudo hablar entre sollozos.
—Checo, Max... Max ha tenido un accidente. Está al borde de la muerte,— dijo, su voz quebrándose en cada palabra.
Sentí como si el suelo se desmoronara bajo mis pies. Una oleada de emociones me golpeó con fuerza: miedo, tristeza, desesperación. A pesar de nuestra pelea y de cómo habíamos terminado, aún amaba a Max con todo mi ser. Y ahora, la idea de perderlo era insoportable. Me aferré al marco de la puerta para no caer, mis piernas temblaban.
Las lágrimas comenzaron a brotar sin control. —¿Dónde está? ¿Dónde lo tienen?— pregunté, mi voz apenas un susurro entrecortado.
—En el hospital de Mónaco,— respondió mi padre, tratando de mantener la calma.
Sin pensarlo dos veces, supe que tenía que ir. No importaba lo que había pasado entre nosotros, no podía dejar que se fuera sin luchar por él. Y luego, el pensamiento más devastador de todos me golpeó: Max sería el padre de mi hijo. No podía perderlo, no podía permitir que nuestro hijo creciera sin conocer a su padre.
—Voy a ir a verlo,— dije, mi voz decidida aunque llena de dolor. Mi madre asintió, entendiendo mi necesidad.
La noticia del accidente de Max había llegado como una bomba de tiempo, y ahora tenía que enfrentarme a la tarea más dolorosa de todas: decírselo a Victoria. Sabía que debía contarle a Victoria, pero no estaba preparado para el dolor que esto iba a causar.
Me dirigí a su habitación con el corazón en un puño. Al abrir la puerta, la vi sentada en la cama, con la mirada perdida en el vacío. La luz tenue del cuarto acentuaba la desesperanza en su rostro. Tomé una profunda respiración antes de hablar, intentando mantener la voz firme.
—Victoria,— comencé, con voz quebrada. —Necesito que te sientes. Tengo algo que decirte.
Ella me miró, sus ojos brillando con una mezcla de curiosidad y preocupación. —¿Qué pasa? ¿Ya llegó Max?
No podía encontrar las palabras adecuadas. El dolor en mi pecho parecía sofocar cualquier intento de articular una respuesta. Finalmente, me decidí a hablar con la mayor delicadeza posible.
—Max ha tenido un accidente. Está en el hospital de Mónaco… en estado crítico.
Al principio, ella no entendió del todo, y su rostro mostró una confusión que rápidamente se transformó en terror. Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, y su cuerpo se sacudía con sollozos incontrolables.
—¡No, no puede ser! ¡El dijo que ya venía!—gritó, el grito desgarrador llenando la habitación.
—¿De qué hablas?— pregunte.
—¡Papá lo amenazó para que se fuera con él, por eso se fue! El dijo que volvería. ¡No puedo morir!— Victoria sollozó, sin profundizar más en el tema.
Las palabras de Victoria eran un golpe directo a mi corazón. Su dolor era palpable, y sentí una profunda tristeza por ella. La conexión que había tenido con Max y la relación especial que compartían como hermanos se volvían más dolorosas ahora, en el contexto de su sufrimiento.
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Wildest dream || Chestappen
FanfictionKelly y Antonio se habían conocido en sus años universitarios. Su amor fue intenso y apasionado, llevándolos al altar donde prometieron amarse para siempre. Fruto de esa unión nacieron Sergio, Antonio y Paola. Sin embargo, como muchas historias de a...
