El calor ardiente recorría cada milímetro de su cuerpo, era como si pudiera sentir su propia sangre hirviendo, recorrer sus venas. Los inhibidores eran como agua para su sistema, no hicieron absolutamente nada en él. Se sentía excesivamente húmedo en cada parte de su piel y sobre todo en un lugar que pedía a gritos ser atendido. En su mente gobernaba el caos, lo único claro eran un par de ojos azules, ¿Realmente había regresado a su lado?.
—No estás aquí, Lou, deberías estar pero no es así, ¿Qué debo hacer con esto?. —Dijo en voz baja, las lágrimas no dejaban de brotar, tan necesitado de su alfa. —Así que esto es como lo que sentiste aquella vez. —Conversaba con una ilusión febril. —¿Cómo lo soportaste? Yo estaba justo ahí y no hiciste nada en absoluto, solo me abrazaste durante toda la noche. —Soltó una amarga risa. —Si tú estuvieras aquí, si realmente estuvieras frente a mí, yo no podría contenerme. —Se puso de pie, tambaleándose al caminar hacia su cuarto de baño. —Siempre dices que me amas, que no puedes vivir sin mí, que me protegerás toda tu vida, pero de nuevo y como hace años cuando me dejaste en el instituto, no estás aquí, nunca estás. —Renegó entre lágrimas, cayendo en ambas rodillas ante la debilidad de sus músculos. —Me dejas una y otra vez, te vas y yo tengo que esperar a tu regreso, ¿Así será toda nuestra vida?. —Se intentaba arrastrar hacia la bañera, sin dejar de llorar. —Tu esposo debe soportar la soledad que causa tu ausencia, mírame Louis, eligeme, aquí estoy con todo este amor que nadie quiere. —Abrió la llave de la bañera, esperando para sumergirse. Una vez lo suficientemente llena, entró en ella aún con su ropa puesta. —Solo debo bajar la fiebre para recomponerme. —Se dijo a sí mismo.
Se mantuvo dentro por poco más de una hora, después salió y de deshizo de la ropa empapada. Se acercó a la comida y el té que seguramente su mayordomo le había llevado mientras se encontraba enfriándose. Comió con disposición, se colocó ropa ligera y se sentó en su cama tranquilamente. Ya no había lágrimas, solo un rostro enrojecido y huellas de su largo llanto.
(...)
—Hola, ¿Cómo sigue?. —Preguntó la rubia al pelinegro que hacía guardia frente a la puerta del joven rizado.
—Hola. —Dijo, con una sonrisa casi imperceptible. —No lo sé, al parecer los inhibidores no están funcionando. —Dijo con seriedad, desviando su mirada al piso. —Sé que la está pasando muy mal, pero apenas se queja, ya sabes cómo es, tiene que hacer honor a su título. —Dijo, negando con la cabeza, molesto.
—El Omega más fuerte de los siete reinos. —Dijo la bella omega, con una pequeña sonrisa que apenas se notaba. —Zayn, ¿Sabes que en su estado puede llegar a ser algo fatal, cierto?. —Dijo, atrayendo la mirada del mayor.
—No lo digas, Gigi, él es fuerte, realmente lo es. —Le dijo, dándole una mirada llena de angustia.
—Haz lo que tengas que hacer para que sobreviva. —Tomó el rostro del alfa entre sus manos, suplicante.
—No sé qué más debería hacer, sabes bien que los inhibidores que se comercializan en este reino son los más eficaces de todos, si eso no es suficiente, ¿Qué más podría yo hacer?. —Se puso de pie, alejándose de la joven.
—Amor mío, lo sabes bien. —Dijo, agachando la mirada. El mayor volteó de inmediato, observandole, confundido.
—¿Qué quieres decir con eso?, explícame. —Se acercó, curioso.
—La mejor manera de aliviar el celo, ya lo sabes. —Dijo, desviando nuevamente la mirada, ante un alfa totalmente sorprendido.
—¿Qué?. —Pregunto con una sonrisa incrédula. —Veamos, lo que tú propones es, ¿que yo me haga cargo del celo del esposo de mi mejor amigo?. —Se paró frente a ella, buscando la mirada de la Omega, quien se encontraba completamente sonrojada.
ESTÁS LEYENDO
Llamas gemelas |l.s.| Omegaverse
RomanceHarry es un Omega que está comprometido desde antes de nacer, con el príncipe Louis, un Alfa que cree que el lazo es solo un contrato para mantener alianzas entre reinos.
