36. Sangre.

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La intranquilidad en su corazón le dificultaba respirar, le estaba costando un enorme esfuerzo poder mantener la calma ante su desconocida situación. Para su mala fortuna, pudo notar que el Omega a su lado se había percatado de lo que le sucedía, se maldecía a sí mismo el no poder transmitir seguridad a su gente. Quizá era la falta de un descanso apropiado o se estaría enfermando debido al salvaje clima al que había estado expuesto durante semanas, no lo sabía, la única certeza era que anhelaba con todo su ser, regresar a los brazos de su amado.

—Louis, deberías descansar por un rato, yo estaré alerta y te avisaré ante cualquier situación. —Dijo el príncipe, en un susurro, cerca del castaño.

—Estoy bien, no podemos quedarnos por más tiempo, es mejor seguir avanzando. —Se negó, dándole una casi imperceptible sonrisa. El menor lo observó con preocupación.

—Discúlpame sí estoy siendo demasiado entrometido, pero, ¿Qué harás si algo sucede?, ¿Crees que en el estado actual en el que te encuentras, estaremos bien?. —Cuestionó con insistencia. El mayor le miró, algo sorprendido, dando un pesado suspiro.

—Tienes razón. —Cerró los ojos, meditando sus opciones por unos segundos. —En el próximo descanso que tomemos, yo dormiré está noche y tú vigilas, ¿De acuerdo?, casi amanece y debemos aprovechar la luz del día. —Palmeó amistosamente el hombro del Omega, alejándose de él, hacia el resto de sus hombres.

—Estar casado con él debe ser agotador, es tan terco. —Bufó. El rostro del príncipe se encontraba completamente sonrojado mientras observaba de lejos al rey.

El príncipe Baldwin se encontraba realmente preocupado por Louis, el semblante del alfa era cada vez más débil. Sabía que en cualquier momento alguien podría atacarlo, ni siquiera sabían quiénes estaban de su lado y quiénes en su contra, observaba detenidamente a todos los soldados que los acompañaban, no podía distinguir ninguna actitud hostil en ninguno, pero sabía que esto era así ya que sus instintos de supervivencia eran mediocres, justo por eso su hermano lo envió junto al rey Louis. Se sentía impotente al estar consciente de lo inútil que era, definitivamente no podría salvar la vida del ojiazul si este le necesitara.

—¿Estás listo?. —Se acercó Louis nuevamente, sacándolo de sus pensamientos.

—Oh, sí, ¿Ya nos vamos?. —Preguntó, intentando sonar casual.

—Sí, iremos por las orillas del bosque, así nos protegeremos un poco de las ventiscas y pasaremos desapercibidos. —Indicó.

—Entiendo, entonces, ¿Vamos?. —El soberano asintió.

El regimiento bajo el mando del rey Louis, avanzó, con la suave ventisca de las montañas. El príncipe Baldwin siempre cerca del rey, caminaba sin dejar de observar a su alrededor con sumo cuidado, ninguno parecía hacer algo sospechoso, al contrario, se notaba la fidelidad con la que seguían las órdenes de su monarca. Aún así, no bajó la guardia en ningún momento, cuidando la espalda del ojiazul, listo para avisarle de cualquier cambio, al menos eso podía hacer.

(...)

Algunas horas transcurrieron, el camino se volvía cada vez más difícil, pero no podían parar hasta encontrar un buen lugar para pasar la noche. El joven príncipe apenas y podía seguirles el paso, en algún punto se había quedado atrás del regimiento entero, tropezando algunas veces y siendo ayudado por sus acompañantes. Louis se percató de la situación y regresó junto a él.

—¿Puedes seguir avanzando?. —Preguntó, preocupado por el fatigado semblante del menor.

—Solo necesito descansar unos minutos y podré seguir. —Dijo entre jadeos.

Llamas gemelas |l.s.| Omegaverse Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora