50. Sospechas.

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Observaba atentamente el rostro tranquilo de su esposo, el cual dormía con una expresión pacífica. Esa imagen le provocaba una emoción inexplicable en su pecho, no era una sensación ansiosa, si no calma y serena, tenerlo frente a él, teniendo la certeza de que se encontraba sano y salvo, le traía seguridad.

—¿Vas a verme así todo el día?. —Preguntó Harry, con una voz somnolienta, sin abrir los ojos.

—Es una de mis cosas favoritas hasta el momento, lo haría por horas. —Dijo con sinceridad, acercándose a su rostro.

—Al menos bésame, ¿No?. —Sonrió ampliamente, abriendo los ojos y notando la casi inexistente distancia entre los labios de ambos.

—Eso es lo que estaba por hacer. —Le devolvió la sonrisa, plantando un profundo beso en sus labios.

—Lou. —Interrumpió el rizado, el ojiazul se detuvo y se apartó de él unos centímetros, prestándole atención. —Creo que quedarnos aquí unos días es la decisión correcta. —Dijo con seriedad. —Aún así, estoy preocupado por mi hermana y por los demás, ¿Y si les pasa lo mismo que a los otros?. —Le miró con preocupación.

—En estos momentos, ellos deben estar en el reino de los betas, según sé, Liam ya se encuentra ahí desde hace unos meses, él se encargará de que todo esté bien, así que no te preocupes. —Tranquilizó al Omega.

—Pregunta a Mikhail si tiene noticias de ellos, solo por si a caso. —Insistió.

—Lo haré en cuanto lo vea, cariño. —Aseguró con una cálida sonrisa. —Por ahora tú tranquilo, vamos a comer algo. —Apuntó a la mesa que se encontraba en la habitación, en dónde se encontraba la comida que había traído unos minutos atrás.

—Ya quiero probarlo. —Dijo, entusiasmado, levantándose precipitadamente. —¡Auch!. —Se quejó de dolor.

—Oh, amor, no te muevas demasiado, yo me encargo. —Le miró con algo de culpa. —No debí hacerte eso. —Se maldijo internamente.

—Deja de hacer eso, Lou, ya te dije que no duele tanto y yo quería que lo hicieras. —Refunfuñó.

—Pero te lastimé mucho. —Insistió.

—Detente, fue suficiente con eso, es lo que hay Louis, soy un Omega, tú Omega y tú eres un alfa, mí alfa, así es como deben suceder las cosas. —Dijo con firmeza, ante la atenta mirada de su esposo.

—Bien, ya no diré nada más, pero a cambio, permite que te conscienta. —Le dió una sonrisa tierna, acercándose y dejando un corto beso en su frente.

—Claro que lo harás, eres mi esposo. —Dijo, divertido.

—Cierto, lo soy. —Dijo entre risitas.

El aura a su alrededor, si pudiera describirse con un color, sería rosa, tintes de ternura y amor era todo lo que se podía percibir a su alrededor.

(...)

Ya casi al anochecer, Louis salió de la habitación, dirigiéndose al salón, encontrándose con Mikhail, quien permanecía sentado, demasiado quieto, cubriendo sus ojos con una de sus manos, recostado en el sofá más grande, con una copa de plata en la otra mano.

—¿Te encuentras bien?. —Preguntó Louis, acercándose y sentándose frente a él. El alfa retiró la mano de su rostro y le dió una sonrisa con notorio cansancio.

—Sí, solo descansaba los ojos un momento. —Dijo con una voz somnolienta.

—Te ves cansado, deberías ir a dormir si no tienes nada más que hacer. —Aconsejó.

—Estoy esperando que vengan con noticias de mi padre, después de saber lo que está planeando, podré ir a dormir. —Respondió, finalizando con un largo bostezo.

Llamas gemelas |l.s.| Omegaverse Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora