42. Burbuja.

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El frío lastimaba la sensible piel de su rostro. La dificultad del camino lo hacía tropezar y caer con frecuencia, pero no quería regresar, ya había tomado una decisión. Sabía que no podría hacer nada físicamente para ayudarles, pero quizá si se mantenía cerca, algo podría hacer. En realidad, ni siquiera tenía idea de por qué siguió a Harry sin pensarlo dos veces, cuando se dió cuenta, ya estaba en medio del bosque. Harry no tenía ningún aroma, por lo cual solo podía rastrearlo por sus huellas en la nieve o daños en el entorno. Agradecía que las lecciones de caza de su hermano, le servían de algo, aunque jamás pudo matar ni a un solo conejo, siempre lograba encontrarlos.

—Que idiota, ¿Qué harás una vez que llegues?. —Se quejaba en voz baja. —Para cuando logres llegar, será demasiado tarde, que lento. —Continuaba criticando su capacidad física.

—¿Qué hace aquí, príncipe?. —Baldwin sintió que todo su cuerpo se paralizó al escuchar una voz  desconocida, tras él.

(...)

—Bienvenido, su majestad, creí que no vendría. —Dijo un hombre muy alto, dormido de abundante barba y cabello desprolijo. —Adelante, pase, siéntase como en casa. —Dijo, abriendo la puerta de madera de la cabaña.

—¿Quién es el líder?. —Preguntó, sin dar un paso más.

—Lo espera adentro, ahora pase, no me haga usar la fuerza. —Dijo, divertido.

—No será necesario. —Dijo con indiferencia, entrando al lugar.

—¡Al fin nos vemos frente a frente!. —Expresó un hombre, que parecía ser el líder de aquellos alfas, de manera eufórica, mientras alzaba ambos brazos. —Acercate al fuego, ¿Qué haré si te enfermas? No sabría cómo cuidar de un enfermo. —Dijo entre una risa extraña. Louis se acercó con cautela. —Vamos, toma asiento. —Ofreció, sentándose en el sofá más cercano a él.

El hombre sin duda era enorme, con un físico excepcional, bastante bien parecido, sin duda se trataba de alguien de la nobleza por sus notorios buenos modales.

—¿En dónde tienen a Sean?. —Preguntó, mirando alrededor de la habitación.

—En una de las habitaciones, durmiendo tal vez. —Respondió, restándole importancia.

—¿Se encuentra bien?. —Preguntó, curioso de la actitud del alfa frente a él.

—Por supuesto, ¿Crees que somos unos salvajes?, no tenemos por qué hacerle daño. —Se encogió de hombros.

—No sé si debería confiar en tus palabras, Sigard llegó bastante herido al campamento. —Dijo aún con un tono neutral.

—¡Oh!. —Dijo, como si hubiera descubierto algo. —Ahora entiendo tu desconfianza. —Dijo entre una pequeña risa. —Pero eso me hiere un poco, porque nosotros no le hicimos nada a ese imbécil. —Negó. —Su propio hijo lo hizo. —Aseguró.

—¿Por qué haría algo así?. —Preguntó. Aunque en realidad no le sorprendía.

—Supongo que es normal cuando tú padre, que es un traidor, te arrastra a su mierda. —Explicó con algo de rabia contenida, que hizo de lado rápidamente. —Es un buen chico, leal, lástima que tiene esos pensamientos inútiles que les has metido en la cabeza a toda esa gente. —Dijo, con desprecio.

—Creo que la gente es libre de pensar y creer en lo que deseen. —Expresó, intentando mantenerse tranquilo ante una expresión de fastidio del otro.

—¿Ves? A eso me refiero. —Dio un pesado suspiro. —Eso solo trae caos y que la gente pierda el tiempo. —Le miró con desprecio.

—Déjalo ir, me querías a mí, aquí estoy. —Soltó sin más rodeos.

Llamas gemelas |l.s.| Omegaverse Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora