49. Aliado.

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Las pupilas del omega se encontraban completamente dilatadas, dejando el color de sus ojos casi imperceptible. Observaba a su alfa en silencio, con una respiración entrecortada, aferrándose a su espalda, evitando que este se alejara.

-Harry, tienes que tranquilizarte, esto es peligroso cariño. -Suplicó, intentando safarse del agarre. -Este lugar está rodeado de algas, tus feromonas son demasiado fuertes, debes controlarlas, por favor. -Tomó las mejillas del ojiverde con suavidad, no recibió respuesta alguna. -Mi vida, respóndeme. -Insistió.

-Ellos no pueden olerme. -Respondió con una risita, intentando besar a su esposo.

-Sé que cuando no estás en celo, tu aroma no puede ser olfateado por nadie que no sea yo, pero no sabemos qué sucede con el celo. -Intentó separase de sus labios.

-Cuando vine hacia acá estaba en celo y no ocurrió nada. -Aseguró. El alfa abrió los ojos muchísimo, asustado por las palabras de este. -No me gusta esa mirada, Lou. -Hizo un puchero.

-No estoy muy feliz al escuchar eso, Harry, ponerte en riesgo de esa manera es muy irresponsable de tu parte. -Dijo, con un leve tono de molestia.

-¿Estás enojado, Lou?. -Dijo con un tono coqueto.

-Sí, lo estoy. -Lo tomó con fuerza por las muñecas, sin embargo la expresión pícara de su esposo no se borró.

Claramente, Harry no se encontraba del todo consciente, maldecía internamente la naturaleza incontrolable que vivía en ellos. Un calor ya conocido crecía en su vientre, su mente se nublaba y apenas podía respirar. El rut. Si los dos perdían la razón, estaban perdidos, no podía dejarse llevar y caer en el deseo, mordió su labio con fuerza haciéndolo sangrar. No había otra manera, solo tenía una opción, odiaba admitirlo pero para ocultar cualquier rastro de sus feromonas y evitar una reacción en cadena de los alfas que los rodeaban, debía hacerlo.

-Pero yo no hice nada, Lou. -Le dió una mirada, fingiendo inocencia. A Louis esto le parecía demasiado atractivo, ver a su esposo intentando provocarlo era tan surreal.

-No cariño, no hiciste nada malo. -Dijo con una risita, enternecido. -Ven aquí. -Lo tomó entre sus brazos, cargando al ojiverde. Lo llevó hacia la puerta, solo para asegurarse de que estuviera bloqueada por dentro, una vez que lo revisó, regresó a la cama, dejando suavemente a su amado sobre ella. -Como cada vez, tú ganas, amor mío. -Dijo, rendido, acercando sus labios con suavidad, jugueteando con la lengua de este.

-¿Qué es lo que gané?. -Dijo el rizado, expectante.

El mayor sonrió entre el beso, colocando su miembro en la entrada del Omega, quien sonrió con picardía, enredando sus piernas en las caderas de Louis, este último entró en un solo movimiento, provocando una leve punzada en el interior de Harry, seguido de una ola de placer que opacaba cualquier sensación incómoda. Los gemidos de ambos se escuchaban en cada rincón de la habitación y seguramente fuera de ella, pero poco les importaba a esas alturas. El alfa se alejó de los labios del Omega, acercándolos a su cuello, cerca de la nuca, dejando un camino de besos y lamiendo una zona específica.

-Tu aroma es maravilloso, Harry, no imaginas lo gratificante que es saber que solo yo puedo olerte. -Susurró cerca de su oído, localizó el lugar, seguido de esto clavó sus dientes en la delicada piel del Omega, quien soltó un gemido de dolor, Louis cerró los ojos con fuerza, su corazón se sintió afligido al escuchar el sufrimiento de su amado, pero ya no podía detenerse, el sabor a hierro escurría en su boca y cuando la marca fue lo suficientemente profunda, se apartó de él, comenzando a lamer la herida. -Lo siento, cariño, siento tanto hacerte esto. -Comenzó a disculparse con lágrimas en los ojos, lamiendo la mordida, para aminorar el dolor. Harry sonrió, enternecido ante la reacción de su esposo.

Llamas gemelas |l.s.| Omegaverse Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora