XIV

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Tucker Foley se encontraba sentado frente a su computador, tecleando y tarareando una canción cuando Danny atravesó la ventana y se posicionó a su lado.

-¡Danny!...¿En donde te habías metido, amigo? Y ¿Por qué estas así? ¿Hay fantasmas cerca?

Para confirmar su pregunta y sin esperar a la respuesta de su amigo, Tucker echó un rápido vistazo tras las cortinas. El patio delantero estaba tranquilo y silencioso. Se volteó para ver a Danny y lo notó bastante agitado.

-¿Estas bien?

Danny asintió solemnemente. Se pasó la mano por los cabellos blancos, frustrado.

-Estabas huyendo, ¿No es así?- insistió Tucker ante el silencio de Danny.

-Si...bueno, no. Bueno, no lo sé- se exasperó Danny, incapaz de dar una respuesta genuina que no lo metiera en más problemas-. No estoy en peligro. O eso creo. Es solo que pasó algo...complicado.

-Por qué que no vuelves a la normalidad y me cuentas qué esta ocurriendo.

La sugerencia de Tucker acomplejó aún más a Danny.

-No puedo volver a mi forma humana por ahora. Estoy atrapado. Mis moléculas se mezclaron con el ADN fantasma y todo es un desastre.

Tucker asintió lentamente a sus palabras.

-Tu familia esta preocupada por ti. Sam dijo que podías estar en problemas, pero no quiso decirme el motivo, así que no entiendo bien lo que esta sucediendo.

Danny intentó relajarse un poco. Conforme pasaba el tiempo empezaba a comprender que su visita había sido un error. No podía confesarle a Tucker lo que había pasado con Vlad. Ni siquiera él mismo lo comprendía. Primero Vlad lo había besado y luego se había disculpado antes de salir y dejarlo hecho un lío.

Aquel beso no había sido accidental. Eso estaba más que claro, pues Danny aún podía recordar la tibieza de la lengua de Vlad al enroscarse con la suya, la calidez de sus labios oprimiendo los suyos.

-¿Danny?

Danny parpadeó.

-¿Qué ocurre? Te has puesto rojo como un tomate- rió Tucker.

-No es nada- negó Danny, rascándose la mejilla.

-Un momento. Me estan guardando secretos Sam y tu. Lo que significa...que están quedando juntos. ¿Es eso verdad?...¡Lo sabía!

-No, no, no es lo que te imaginas.

Danny entornó la mirada con fastidio cuando Tucker comenzó a bailotear para celebrar su supuesta victoria al descubrirlo.

-Danny y Sam, sentados bajo un árbol- canturreó, sin detener su absurda danza.

-Tucker, por favor...Bah, solo olvídalo. No entiendo por qué vine.

Para cuando Tucker dejó de bromear, Danny ya se había ido del mismo modo que había llegado.

-Vaya una nena- puso las manos en jarras y movió negativamente la cabeza.
**

Por horas Danny no hizo más que volar y recorrer la ciudad. Había pensado en ir a lo de Sam, pero había desistido. No quería que supiera lo del beso. No podía contárselo a nadie, porque era una tontería, quizá una broma de Vlad.

Ideas. Se estaba haciendo ideas por algo tan simple.

Pero la seriedad de su mirada...

¿Por qué Vlad iba a bromear con algo así?

Y para empeorar las cosas era el primer beso que Danny daba, o le daban. No tenía experiencia para esas cosas, pero si estaba convencido de que había hecho el ridículo por no saber cómo corresponder el beso.

Como le gustaría esconderse bajo tierra y no salir en meses. O años, de ser el caso. Pero necesitaba a Vlad. Era el único que sabía cómo hacer la maquina que lo devolvería a la normalidad.

-Fantasmas- Danny dejó de planear sin rumbo cuando su sentido fantasma se activó. Descendió en picado hacia la fuente del parque. Con la guardia en alto, miró a derecha e izquierda. Sus hombros se relajaron cuando un cachorro fantasma salió de entre los arbustos.

-Oh, hey- Danny se agachó para palmearle con suavidad la cabeza.

El cachorro tenía un collar y una placa de acero con la letra A grabada en el centro.

-¿De donde saliste, pequeño? Bueno, no importa. Será mejor que siga mi camino- Danny se preparó para volar pero el cachorro saltó para morderlo a un costado del pantalón de licra oscuro de su traje-. Vaya, quieres jugar. Seguro tus dueños te están buscando- miró a todos lados, pero la soledad y el silencio imperante a aquellas horas tardías no sufrieron cambio alguno.

Danny suspiró con pesar cuando el cachorro saltó a sus brazos.

-Seras Astro, hasta que sepa cuál es tu verdadero nombre.
**

Vlad Masters se hallaba sentado frente a los monitores del cuarto de vigilancia. Su dedo índice oprimió uno de los botones del tablero de control para rebobinar la cinta de la habitación de entrenamiento. Era la cuarta vez que la veía, pero no podía detenerse.

Ahí estaba Danny, tropezandose delante suyo, él sujetándolo y luego...luego simplemente había perdido la razón.

El gesto congelado de Danny no abandonaba ni un momento sus retinas. Podía verlo petrificarse, sin saber qué hacer, cómo reaccionar. Sin repelerlo pero sin corresponderle tampoco.

-Estúpido- maldijo, golpeando el tablero con el puño.

Una simple disculpa no iba a arreglar nada. Lo había dejado ahí parado en la habitación, con la esperanza de que no se fuera. Ya no podía cambiar las cosas. No se arrepentía tampoco.

¿Qué había de malo en ello?

Casi nada. Exceptuando que Danny fácilmente podría pasar por su hijo. De hecho había querido que lo fuera tiempo atrás, antes de enterarse de que era mitad fantasma. Lo habría adoptado si Maddie le hubiera hecho caso. Qué alegría que nada de eso pasara, porque ahora no se imaginaba a Danny ocupando un lugar tan simplón como lo era el de ser su hijo adoptivo.

Era un necio sin remedio. Ahora tenía que convencer a Danny de que no iba en serio o lo asustaría y terminaría alejándondolo.

Eso, si es que el chico volvía.

Angustiado por este último pensamiento, Vlad se masajeó el puente de la nariz. De pronto uno de los monitores registró actividad en el vestíbulo. Vlad se fijó mejor en la pantalla. Era Danny.

La emoción y el alivio lo embargaron, pero su gesto se crispó al advertir lo que el chico llevaba en brazos.

-¿Eso es...un perro?

Experimento fantasma.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora