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XXIII

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Para Danny Fenton las chicas solían ser demasiado impredecibles. Estaba su hermana Jazz por ejemplo, actuando tan sentimental desde su regreso que, en el desayuno, Jazz no había dejado de preguntarle cómo estaba y cómo se sentía, sin mencionar las constantes indagaciones de sus padres en pos de averiguar a dónde había ido.

Después estaba Sam. Porque, claro, el castigo de sus padres no se extendía a la escuela, ya que le quedaban pocos días para graduarse. Fue así que esa mañana pasó de tener que lidiar con una Jazz emocional, a enfrentarse a una Sam furiosa.

Todo había empezado cuando Danny fue a su casillero y saludó a Sam como de costumbre. Entonces Sam lo había visto con notoria confusión antes de cerrar de golpe su casillero y alejarse en la dirección opuesta.

La primera clase dio inicio sin contratiempos. El director lo había citado para que justificara todas las faltas pasadas, pero era algo que Danny no podía hacer.

Segunda preocupación en la lista.

Mientras el profesor explicaba la dinámica del día, Danny aprovechó para escribir una nota que posteriormente lanzaría a Tucker.

"¿Qué le ocurre a Sam?"

Tucker leyó la nota y no demoró en enviarle la contestación.

"Se más explícito"

Danny rodó los ojos, suspiró y hundió el rostro entre sus brazos, pero de pronto su rostro traspasó el pupitre y Danny se sorprendió a sí mismo agachado.

-¿Todo bien, joven Fenton?- le llamó la atención el profesor.

-No...es decir, si- titubeó Danny, acomodándose de nuevo en su lugar-. Ah, ¿Puedo ir al baño?

-Cinco minutos- advirtió el profesor con la tiza suspendida en el pizarrón, sobre su cabeza.

Danny salió caminando, pero ya en el pasillo corrió y derrapó en los sanitarios.

Abrió el grifo y su mano atravesó el aluminio, volviéndose trasparente por varios segundos.

-Oh, no- se lamentó Danny al ver su brazo segmentado.

No transcurrió mucho para que la transformación tuviera lugar. Sus cabellos volvían a ser blancos como los copos de nieve, sus ojos verdes y su ropa casual desapareció para dar paso a su traje de neopreno.

-¿Por qué?- confundido se miró en el espejo por largo rato, hasta que oyó movimiento en el pasillo y tuvo que volverse invisible.

-¿Danny?- era Tucker quien le llamaba. Danny exhaló y se dejó ver-. ¿Por qué huiste?

-Todo esta mal, Tucker- murmuró, apoyándose en el muro de junto-. Estoy castigado, no puedo obtener justificantes para las faltas, Sam me odia y otra vez estoy en modo fantasma.

Tucker numeró los problemas con los dedos y soltó un silbido de asombro.

-Amigo, si que eres un imán de problemas. En cuanto a Sam...no te odia. Creo que esta molesta porque no nos dijiste en donde te habías metido y ella ideó todo un plan para encontrarte...y a todo esto, ¿En donde estabas?

-Yo...- Danny miró hacia todos lados, nervioso. De nuevo esa maldita pregunta asediandolo.

¿Qué era lo correcto?

¿Seguir mintiendo o decir la verdad?

¿O una verdad a medias?

-Sam me contó que has estado entrenando con Vlad, ¿Es verdad?

Danny tragó pesado.

-Si.

-Eso quiere decir que estabas con él...pero ¿Por qué nos lo ocultaste?

-Porque no sabía cómo iban a reaccionar. En especial tu, Tucker. Pensé que me juzgarías y me dirías que era un tonto por ir con él.

-Eres un tonto por ir con él- repitió Tucker con irritación-. Veamos, hasta donde tengo entendido Vlad Masters está enamorado de tu madre...

-Estaba- corrigió Danny, pero Tucker no le hizo el menor caso.

-Intentó exterminar a tu padre en el pasado. Incluso peleó contigo en aquella fiesta. Es un hombre potencialmente peligroso. Tiene poder y recursos suficientes para acabar con todos nosotros y ¿Tu vas y te haces su amigo y nos das la espalda para entrenar con él?

-No es así- refutó Danny, ofendido-. Vlad ha cambiado mucho. Él sólo quiere ayudarme. Si tan solo le dieran una oportunidad.

-¿Y arriesgarme a que me aniquilé?...no, gracias, Danny. Una cosa es que tu confíes y otra muy distinta que sea verdad. Ese tipo nunca me dio buena espina. ¿Qué hizo para que cambiaras de parecer?

Reflexivo, Danny bajó la cabeza y se encogió de hombros.

-¿Qué importa lo que diga si ya tomaste la misma postura que Sam?

-Pruebanos que no es mala persona y tal vez te apoyemos- finalizó Tucker antes de dejarlo solo.

Era un hecho que Danny no podría volver al salón, así que recorrió el pasillo. Ya se dirigía a la salida cuando su sentido fantasma se activó. Danny retrocedió flotando al cuarto del conserje. No le dio tiempo a entrar cuando una mano fantasma tiró de él, le cubrió la boca y cerró la puerta.

Danny parpadeó, primero azorado, más tranquilo luego al percatarse de que era Vlad.

Una sonrisa casi imperceptible asomó a sus labios. Vlad, quien lucía como un vampiro, le tocó la mejilla con el dorso.

-Vine lo más pronto posible- murmuró, revirtiendo su transformación para mostrarle a Danny la hebra de cabello que había utilizado en la máquina y que se había tornado blanco nuevamente.

-¿Qué puedo hacer?- se desesperó Danny-. No puedo faltar más a la escuela. Estoy castigado hasta nuevo aviso y...- negó con la cabeza, guardándose para sí el lío con sus amistades que en nada incumbía a Vlad.

No iba a decirle que sus amigos le habían vuelto la espalda por su causa. Además aquello implicaba vérselas con la eterna pregunta de si Vlad realmente había cambiado. Semanas atrás Danny habría dudado de su respuesta, pero ahora no.

-Volvamos al laboratorio- dijo Vlad con completa seguridad-. No te angusties, Danny. Pediré que te expidan justificantes y en cuanto a tus padres...entraré unos minutos al cuerpo de Jack y te autorizaré a irte de campamento un par de días, ¿Qué te parece?

Danny asintió despacio. No era como si tuviera  muchas opciones de todas formas.

Experimento fantasma.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora