Para Vlad resultaba entretenido ver a Danny emocionarse como un niño por algo tan fútil como hacer las compras.
El supermercado estaba parcialmente lleno. Personas iban y venían con sus carritos de compras.
Estaban en el pasillo de los cereales. Una de las comidas favoritas de Danny. El chico había tomado dos cajas y las sopesaba ante sí, como si tratara de averiguar a simple vista cuál era el mejor.
Y aunque la paciencia no era su parte fuerte, Vlad, parado detrás de Danny, le quitó con delicadeza ambas cajas y las arrojó dentro del carrito.
-Hey- se quejó Danny frunciendo los labios en un gesto de réplica, pero no hizo nada por volver a tomarlas, cada vez estaba más acostumbrado a acatar y ser sumiso.
Dejó que Vlad empujara el carrito y al pasar frente a los inmensos frigoríficos, no pudo evitar fijarse en lo ridículo que lucía su propio reflejo. Llevaba, a pedido de Vlad, unas gruesas gafas oscuras y un gorro negro de lana que le cubría el cabello. Siempre que salían a cualquier parte debía llevar esos tontos complementos, como si fuera la víspera de Halloween o algo así.
Básicamente era pasar desapercibido y que sus enemigos no lo detectaran tan fácilmente, pero las inconsistencias en la narrativa de Vlad en su afán por protegerlo seguían teniendo varios huecos que Danny seguía sin comprender del todo.
Si realmente usaba aquel intento de disfraz para que no lo reconocieran, ¿Cómo es qué el si podía advertir la presencia de los espectros sin necesidad de verlos con anterioridad?
Bastaba con sentir una oleada de escalofríos y que saliera una vaharada de vapor de su boca para darse cuenta de ello. También los fantasmas debían sentir su presencia de forma similar.
Pensativo, Danny continuó su recorrido hacia la zona de deportes. Tomó un par de bates de béisbol junto a su respectiva pelota y los colocó dentro del carrito.
-¿De nuevo pensando?- lo sorprendió Vlad con una ceja arqueada. Danny negó efusivamente con la cabeza y las manos. No le gustaba disgustar a su novio, pero no podía evitar sentir que algo no encajaba en su rutina. Se sentía bien y llevaba una vida bastante buena, pero todo giraba en torno a Vlad.
Dependía tanto del millonario que le aterraba la idea de que algo los separara.
Y al mismo tiempo quería sentirse más dueño de sí. Tener amigos con quienes pasar el rato mientras Vlad no estaba presente.
¿En verdad no tenía ni un solo familiar al que recurrir de vez en cuando?
Danny se dejó guiar por el mayor al ser tomado con firmeza de la mano.
Quería salir para distraerse un poco, pero ahora su cabeza volvía a ser un horrible lío.
-¡Mira, Sammy. Las raquetas que querías!
Danny se detuvo en seco al oír aquel nombre salir de boca de una niña pequeña que ahora corría hacia su hermano para señalarle el estante de las raquetas.
De nuevo ese deja vu molestandolo.
¿Sammy...Sam? ¿Por qué ese nombre se le hacía tan familiar?
Danny se soltó del agarre y se llevó la mano a la cabeza. Quería quitarse el gorro, y quería que esa sensación molesta y angustiosa desapareciera.
-¿Danny?- preguntó Vlad, poniéndose a su altura para ver su expresión desconcertada de cerca-. No te estás sintiendo bien, ¿Eh?, será mejor volver a la mansión.
-Si...yo...si- titubeó Danny, confundido y reprimiendo a duras penas las ganas de llorar.
¿Qué le pasaba?
¿Por qué todo era tan confuso?
-Son brotes de migraña- afirmó Vlad con tal convencimiento que Danny sólo pudo asentir. Al ser tomado de la mano, recargó con suavidad su cabeza sobre el brazo del empresario, cerró los ojos y caminó casi por inercia.
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Experimento fantasma.
FanfictionVlad se hace amigo de Danny y pretende ayudarle a mejorar sus habilidades. VladxDanny.
