XXIX

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Sus labios le recorrían la clavícula, descendiendo por su cuello. Danny notaba la humedad de la lengua, la suavidad de los besos. Su cuerpo se sentía caliente. No podía evitarlo. Estaba a merced del propietario de la mansión que día con día visitaba a expensas de sus conocidos. Ni sus amigos ni sus padres sabían nada. A los primeros les mentía diciéndoles que quería pasar más tiempo con sus padres y viceversa.

No le importaba que lo pillaran en la mentira, pero sabía que era importante no decir a donde se escabullía, con quien lo hacía y para qué.

Las pruebas de la máquina descondensadora no avanzaban. Lo máximo que Danny podía permanecer en su forma humana era un día entero.

Pero estaba bien así, al menos de momento.

Respiró profundo cuando Vlad le subió la remera a la altura del cuello para continuar besando su abdomen.

El cuerpo de Danny temblaba esporádicamente. Hasta entonces había estado mirando el techo para evitar la mirada profunda y enigmática de Vlad, pero al sentir la mano intrusa en sus pantalones, bajó la mirada.

-Mira que duro estas, Danny. Ya me ocupo yo de esto.

Danny se mordió con fuerza el labio al sentir la húmeda y tibia cavidad de la boca de Vlad cerrándose sobre su erección. Sus manos se cerraron sobre las sábanas ante la inminente succión. Los labios se paseaban con premura de arriba abajo, envolviendo la palpitante dureza con trémulo pulso.

Succión. Pausa, lamida.

Pasados unos minutos Danny se sentía enloquecer. Trataba de acallar sus propios gemidos mordiéndose los labios, pero la llama que imperaba en su interior clamaba por más.

De forma inconsciente tomó a Vlad del cabello y empujó su pelvis para imprimir más velocidad. No hizo falta nada más. Vlad cumplió su mudo deseo hasta que Danny se corrió en su boca con gran estrépito.

De nuevo eran ellos dos, solos en la habitación del magnate.

Danny había empezado a cabecear cuando Vlad se limpió el rostro con una servilleta. No habían vuelto a tocar el tema del video escolar, y eso estaba bien para Danny.

Cuanto mejor si Vlad pensaba que se había olvidado del tema.

Sintió a Vlad recostarse a su lado y tomarlo de las manos. Para entonces Danny ya se estaba durmiendo. La cercanía de Vlad le transmitía seguridad. Aún no le daban nombre a lo que tenían. Pero la pseudoamistad había quedado relegada entre ellos.

**

Para cuando finalizó la fiesta, Paulina ya estaba de pésimo humor. Despidió a los invitados precipitadamente, maldiciendolos al cerrar el portón de su vivienda.

Había mucho que limpiar, pero la servidumbre se encargaría de eso.

Tanta parafernalia para nada. El tal Danny Phantom no se había presentado.

Paulina se había asegurado de que se transmitiera la invitación en todos los canales locales. Los subordinados de su padre habían pegado pancartas por toda la ciudad anunciando el convivio en su honor.

¿En qué se había equivocado?

Una hora más tarde Paulina se alistaba para dormir. Se estaba poniendo el camisón rosa de chifon cuando unos golpes a la ventana la alertaron.

Paulina ahogó una exclamación al ver a Danny flotando tras el cristal.

De inmediato fue a abrirle.

-Viniste, chico fantasma- Paulina era toda sonrisas al verlo entrar a su alcoba.

Era incluso aun más guapo en persona. Tenía unos hipnóticos ojos verdes, su cabello era totalmente blanco y su uniforme oscuro lo hacía lucir aún más sexy.

-No quería tanta atención. Por eso decidí esperar- dijo él para justificar su tardanza-. Tu debes ser Paulina Sánchez. Líder de las animadoras de la secundaria Casper.

-¿Cómo lo sabes?- preguntó Paulina, más encantada que ofendida por el conocimiento a su persona-. Déjame adivinar, debo gustarte o de lo contrario no me habrías investigado.

Nervioso, Danny Phantom se rascó un costado del cuello.

-Algo así.

-He seguido de cerca tus batallas- admitió Paulina, mostrando los recortes de periódico que tenía amontonados en su tocador-. Lo que no termino de entender es por qué últimamente acudes a proteger la ciudad cada tercer día...¿Qué haces entretanto?...- hizo una pequeña pausa y dio un gritito de felicidad-. Ya sé, no me lo digas. Seguro vas a otras ciudades y has estado muy ocupado salvando a muchas personas. Eso es muy guay de tu parte.

-Eso creo- respondió Danny un tanto incómodo.

-He esperado por ti toda la noche- susurró Paulina, acortando la distancia entre ellos-. Eres demasiado perfecto- lo tomó de la barbilla y le plantó un beso. Danny se sintió estremecer ante el súbito contacto. De por si Paulina estaba en prendas menores. Siempre había soñado con ese momento, pero en su sueño él era Danny Fenton y era él quien tomaba la iniciativa.

-No te haré esperar más- murmuró cuando Paulina se apartó. Fue su turno por besarla, lenta, intensamente. La acorraló contra la pared y no se opuso a las caricias de Paulina. Ni siquiera cuando su subconsciente le pedía que parara.

Experimento fantasma.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora