XLV

124 18 3
                                        

Vlad Masters yacía sentado en el sofá del recibidor, tenía a Danny encima de su regazo y sujeto por la cintura, mientras que Danny se asía de sus hombros como punto de apoyo para subir y bajar sus caderas sobre la enhiesta hombría que tan bien daba cavida a su dilatado esfinter.

Y en tanto Danny gemía, Vlad jadeaba, extasiado, gozoso de que fuera Danny quien tomaba la iniciativa para aquellos placenteros momentos matutinos.

Con dos desplazamientos más, Danny se aferró del cuello del magnate, sintiendo su cuerpo entero estremecerse en una violenta sacudida al ser el semen abundantemente vertido en su interior.

Masters a su vez se tensó desde la punta de los pies hasta la raíz de su cabello. Estando en la cúspide de su orgasmo no pudo evitar permitirse morder a Danny en el cuello. El chico se quejó, pero se dejó hacer pues ya no le quedaba energía para apartarse.

Permanecieron largos minutos enredados, agotados. Hasta que Danny se elevó para desensartarse y volvió a ponerse los calzoncillos y los pantalones. Vlad se acomodó la ropa interior tras limpiarse con un pañuelo, después se subió la bragueta.

Adolorido, Danny se tocó el costado del cuello, donde habían quedado marcados dos diminutos puntos rojos.

-Perdóname- se excusó Vlad, yendo hasta él para pasarle los dedos por la mordedura-. Me he dejado llevar.

Con una sutil sonrisa, Danny negó con la cabeza. No era que le importara si alguien veía o no la marca.

¿Quién iba a juzgarlo si nadie lo conocía, ni viceversa?

Era un extraño en una ciudad extraña.

Vlad lo besó en los labios con tal fruición que, de no haber sonado su celular, habrían terminado enrollandose una vez más en el piso del salón.

Irritado, Vlad cortó la llamada.

-Tienes que irte- dijo Danny, más como afirmación que como pregunta. Ya estaba acostumbrado a sus salidas inesperadas por motivos laborales-. Suerte- se despidió, poniéndose de puntillas para darle un beso en la nariz.

Vlad, con todo el semblante de enamorado, tuvo que resignarse a partir, con la promesa de que cenarían juntos, donde a Danny más le apeteciera.

Una vez a solas, Danny no supo qué hacer. Había infinidad de actividades para llevar a cabo, pero estaba algo fastidiado del encierro. Siempre que tenía oportunidad de salir era en compañía de Vlad. Sin embargo quería explorar él solo, vivir una aventura o cuando menos saberse un poco más dueño de sí mismo.

Primero salió al jardín. Se metió un rato a la piscina y estuvo jugando con una pelota inflable, la cual golpeó con fuerza para que traspasará la barda.

-Ups- murmuró, saliendo del agua para ponerse el sobretodo. Sabía que las cámaras exteriores registraban todos sus movimientos, pero ahora tenía un pretexto válido para salir.

Concentrando su energía, pudo desmaterializarse por espacio de unos segundos para penetrar la barda. Ya dominaba un poco mejor sus poderes.

Del otro lado, inspiró con asombro. El viento helado le enchinaba la piel, pero Danny hizo caso omiso y comenzó a caminar en línea recta, descendiendo una ladera hasta llegar a una plaza.

La gente no dejaba de señalarlo y susurrarse cosas al oído, pero Danny no se dio por enterado. Se dirigía a la fuente cuando la primera plana de un diario se le estampó en plena cara a causa de la ventisca.

Danny se quitó el trozo del diario. Lo miró y la respiración se le cortó de golpe.

"Cunde el terror y reina el caos en Amity Park. El chico fantasma, defensor de la ciudad y sus habitantes continúa desaparecido."

-¿Qué es...esto?- las manos de Danny temblaron al ver su foto transformado en fantasma debajo del texto.

De pronto sintió que el mundo se le venía abajo.

Experimento fantasma.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora