XXI

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Hacía un día radiante afuera. Danny lo constató tras haberse enfrentado con un par de molestos fantasmas que habían estado utilizando las maquinas dispensadoras del parque y los estanques para asustar a las personas.

Vencerlos fue tarea fácil y, luego de usar el termo Fenton, no volvió a preocuparse por el asunto. Por si las dudas Danny sobrevoló por el perímetro y como su sentido fantasma no se activó de nuevo, decidió regresar a la mansión.

Vlad le había prometido que habría avances con la máquina descondensadora y Danny deseó que fuera cierto, a pesar de que se estaba acostumbrando a un estilo de vida que no le pertenecía. Sus padres jamás podrían costear una sala entera de juegos, otra de realidad virtual, una más de entrenamiento, todo eso sin contar el resto de habitaciones inexploradas. Ni que decir de la abundante comida y el lujoso baño.

Cansado, Danny se dejó caer en el sofá más grande de la sala de estar y encendió la televisión. Pronto se decantó por una película de zombies y tan enfrascado estaba en la pantalla que no se dio cuenta de la llegada de Vlad hasta que sintió el peso de un cuerpo ajeno a su lado. No le dio tiempo a voltearse cuando Vlad le pasó el brazo por encima de los hombros, procediendo a acariciarle despacio la espalda, los hombros, la nuca y el cabello.

Danny quiso saludarlo, nombrarlo, decir cualquier cosa para aminorar la tensión repentina que se había apoderado de su cuerpo por el inesperado masaje. Y es que la forma en que los dedos de Vlad se deslizaban por los contornos de su cuerpo, lo hacían sentir extraño.

Después vinieron las conquillas, que en realidad no eran tal cosa. Se sucedieron más caricias a su cuerpo, mimos y toqueteos que de alguna forma lo dejaban todo tembloroso y avergonzado. Luego Danny no podía lidiar con los suspiros que se le escapaban de repente. Gemidos que quería disimular por la pena que le provocaba oírse a sí mismo. No quería que Vlad, quien en ese momento parecía abstraído en las caricias, con la respiración pesada y los ojos ligeramente entornados, se burlara de su inexperiencia.

No tenía sentido tener la televisión encendida cuando claramente ninguno de los dos estaba poniendo atención a la pantalla.

En algún momento Danny creyó escuchar a Vlad decirle que se relajara, que no se preocupara porque él iba a enseñarle, tal como le estaba enseñando a defenderse y contraatacar. Él lo instruiría y lo iba a hacer sentir bien.

Y que bien que se sintió Danny cuando aquellas manos expertas se colaron hasta su miembro para acariciarlo y masajearlo.

Incluso tuvo que morderse el brazo enguantado para no dejar escapar más de esos sonidos vergonzosos que tanto se empeñaba en amortiguar.

La mano de Vlad subía y bajaba, yendo desde la base hasta la punta de su miembro. Primero con una lentitud apabullante, después tan deprisa que Danny no supo en que momento se corría por segunda ocasión.

Todo fue tan arrollador que aún jadeaba cuando Vlad se inclinó hacia él para besarlo en los labios.

Danny se dejó hacer con timidez. Parte del sofá se había humedecido con sus fluidos y aquello le apenaba tanto que apenas podía concentrarse en el desenfrenado beso que le exigía otro tanto de energía.

Una vez libre del contacto labial, Vlad lo besó en el cuello. Danny se fijó entonces en el apuesto magnate que se acomodaba la camisa. 

-Así es como debes hacerlo- le guiñó un ojo-. Considerala tu primera lección.

-¿Lección?- preguntó Danny, sin afán alguno de moverse. Su cuerpo se sentía ingravido, pegajoso, sensible. Era la primera vez que sentía algo así. Y no que nunca se hubiera masturbado, pero jamás había sentido nada ni remotamente parecido. Estando en su cama o en el baño de su casa, generalmente solía usar una revista para recrearse un poco, y lo lograba, pero no duraba más de dos minutos y empleaba esfuerzos exorbitantes para poder terminar. Últimamente tenía que usar revistas de chicos, pero Danny ya había aceptado su bisexualidad desde hacía tiempo.

Con semblante inescrutable, Vlad se acercó y le tomó de la mano.

-Tócame.

Danny sintió que los colores le subían al rostro cuando Vlad guió su mano hasta su pecho. Al principio no sintió nada, pero poco después notó el acelerado ritmo cardíaco.

-Es lo que causas en mi, Danny. Y espero hacerte sentir lo mismo pronto.

Experimento fantasma.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora