XXV

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Era el último día de escuela y Danny se sentía bastante bien. Solo ese día y podría disfrutar de un mes de vacaciones, mientras decidía qué hacer con su vida. Ya que no había podido aplicar a la preparatoria de su agrado. Sus padres tampoco estaban enterados de eso, pero ya habría tiempo de hacérselos saber.

Danny terminaba de acomodar las cosas de su casillero cuando escuchó a Sam toser a su lado para hacerse notar.

-Hola, Sam- saludó al cerrar la puerta. Se rascó la nuca antes de añadir-. ¿Cómo te va?

Sería muy optimista suponer que Sam lo había perdonado tan rápido, sin embargo Sam no parecía seguir enojada cuando le tendió a Danny el folleto que previamente había estado leyendo.

-¿El baile de graduación?- Danny miró el papel sin mayor entusiasmo-. Solo es tonto baile para hacer el ridículo- opinó al devolvérselo a Sam.

Arqueando una ceja en contrariedad, Sam lo tomó.

-Lo es. Pero es obligatorio- murmuró con una sonrisa irónica.

Tucker no tardó en unirseles al ver  folleto que sostenía Sam.

-¿Creen que Valerie acepté ir conmigo?

Danny no quiso tentar su suerte al preguntar por qué ya no estaban molestos con él. Se apoyó de espaldas en su casillero y se cruzó de brazos.

-No- dijeron Sam y Danny al unísono.

-Oh, vamos, chicos. No sean así- replicó Tucker-. ¿De cuantas posibilidades estamos hablando?

-Una en cien- contestó Sam, señalando a una sonriente Valerie caminando del brazo con uno de los jugadores delanteros del equipo de fútbol.

-Demonios- maldijo Tucker, haciendo añicos el folleto.

-Bueno, por mi parte no pienso asistir- suspiró Danny, sin percatarse de la disputa que se estaba llevando a cabo a pocos metros de donde se encontraba.

Se trataba de Paulina y Dash discutiendo sobre el partido.

-No puedo creer que perdieras el último juego- reclamaba Paulina a medida que se alejaba del angustiado rubio, quien intentaba justificar su grave falta.

-Vamos, nena. Solo fueron cinco puntos- alegaba Dash, tratando de cerrarle el paso.

-No hablo con perdedores- exclamó Paulina estampandole la palma abierta sobre el rostro.

Siguió su camino por el pasillo de los casilleros hasta ver a Danny y sus amigos.

-Tú- se detuvo frente a Danny-. ¿Me llevarías al baile?

Tanto Danny como Tucker la miraron boquiabiertos, perplejos y totalmente incrédulos. Tal era el caso que Sam tuvo que darle una patada a sus amigos para hacerlos volver en si.

-¡C-Claro!- asintió Danny vigorosamente.

-Siete en punto. No llegues tarde y lleva traje azul- tras dirigir un seductor guiño a su futuro acompañante, Paulina se alejó contoneando con suavidad sus caderas al andar.

-¿Qué rayos fue eso?- preguntó Tucker al verla partir-. ¡Los milagros existen!

-¿Qué no habías dicho que no querías ir?- Sam frunció el ceño ante la sonrisa boba de Danny.

-No lo culpes- intervino Tucker-. Si me invitara mi crush de toda la vida tampoco me negaría por nada del mundo.

Sam suspiró con pesadez.

-Pero no es usual en Paulina. Quiero decir...es Paulina, puede salir con quien ella quiera. ¿Por qué elegir a Danny?

-Paulina tiende a salir con el popular en turno- habló Tucker-. Y no hace mucho el rostro de Danny estuvo en televisión, sus padres hicieron una campaña para encontrarlo. Debe ser por eso.

-Aun así- murmuró Sam con desconfianza.

-En todo caso iré a probar suerte con Val- se animó Tucker dándole un golpe amistoso a Danny en el brazo-. Suertudo.

Danny, quien seguía en su nube de infinita felicidad, no dejó de sonreír aún después de entrar a clases.

Experimento fantasma.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora