XLIV

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Danny tomó asiento al borde de la piscina. Introdujo los pies en el agua y comenzó a moverlos en un constante vaivén.

Hacía rato que se había puesto su bañador con la idea de nadar en la recién aperturada nueva sección de la mansión de Vlad.

El clima era perfecto. Un sol luminoso y radiante alzado en un cielo limpio, exento de nubes.

El agua de la piscina estaba tibia y la profundidad alcanzaba los dos metros y treinta centímetros. Esa mañana, antes de marcharse al trabajo, Vlad le había sugerido que estrenara el área. Todo el tiempo estaba haciendo cosas para mantenerlo contento, para satisfacer cada mínimo capricho que a Danny pudiera ocurrirsele.

Si de pronto le apetecía un helado, no había más que decirlo y Vlad alquilaba la heladería más fina para que pudieran disfrutar solos de una enorme variedad de sabores. Y si Danny quería ir a cualquier parte, ocurría lo mismo.

Tenía todo cuanto quería. Cuartos enteros con juegos de video que ni siquiera habían salido aún al mercado. Montones de cintas, figuras de acción, cuartos de entrenamientos diseñados según sus ideas.

Incluso las migrañas se habían vuelto más aisladas. Aunque Danny seguía sintiendo de vez en cuando un aguijonazo en el pecho que le decía que algo no andaba bien.

Estaba con la persona que amaba, era correspondido y tratado como a un príncipe en una casa de ensueño, y así y todo no podía dejar de sentir esa ligera molestia.

¿Qué había sido de su vida y de su familia?

¿Por qué todo era oscuridad en su psique?

Debía creer en Vlad, pero no porque él lo quisiera, sino porque no tenía opción.

Indeciso, Danny se sostuvo del borde y bajó de un salto al agua. Se sumergió para mojarse la cabeza y cuando iba saliendo a la superficie le vino a la mente una imagen difusa.

Se trataba de una chica de cabello oscuro y corto. De grandes ojos violetas que aguardaba por él en uno de los camastros.

"Danny"

Lo llamaba.

¿Cómo sabía su nombre?

¿Quién era ella y por qué le parecía tan extrañamente familiar?

-Ya voy...- sacó la cabeza para tomar aire y la visión se esfumó de golpe.

Danny se estremeció. Sentía hondas ganas de llorar, pero se contuvo al distinguir a lo lejos a Vlad enfundado en su pulcro traje oscuro.

Danny se talló los ojos para asegurarse de que no se tratara de otro espejismo, pero Vlad siguió acercándose por el césped con sus lustrosos mocasines negros.

-Nada como ver a mi chico disfrutar de una tarde soleada en la piscina.

Los labios de Danny se estiraron en una sonrisa forzada.

-¿No entras?- preguntó para disimular el mal trago que le había generado la visión.

Vlad se acercó un camastro a la orilla y se aflojó el nudo de la corbata.

-Quizá otro día. Ahora mismo no me apetece...¿Cómo esta el agua?

-Bien. Es cálida- respondió Danny, dejando caer un puñado de agua sobre su hombro.

-Es bueno saber que el panel solar funciona. Aún quiero instalar un jacuzzi del otro extremo del patio, ¿O tal vez te gustaría una cancha de voleibol?

Danny lo meditó brevemente. No sabía como decirle a Vlad que realmente nada de eso importaba si no tenía con quien más jugar aparte de él. No es que no disfrutara de su compañía. Es decir, lo amaba muchísimo, pero no tenía amistades para invitar y romper la rutina que ambos tenían. Vlad parecía preferirlo así, pero Danny no entendía el por qué.

-Estás muy callado- hizo notar el empresario al cabo de un par de minutos de incómodo silencio.

-Lo siento. Solo no me encuentro muy bien- se disculpó, optando por salir. Había una escalerilla a pocos metros, pero Danny prefirió subir por el borde. Apoyó su rodilla y se impulsó para salir, solo que, al momento de imprimir esfuerzo en su extremidad, esta se volvió invisible y se hundió hasta hacerlo caer de vuelta a la piscina.

Sin pretenderlo Danny abrió la boca al hundirse y tragó una buena cantidad de agua clorada. De inmediato se empezó a sentir mareado.

Lo que supo después es que el agua salpicaba justo encima de él y que era sujetado de las axilas para ser sacado.

Vlad le practicó la maniobra de rcp, lo que le ayudó a expulsar el agua.

-Danny...Danny.

Luego sintió que Vlad lo sostenía de la espalda y le daba ligeros golpecitos en las mejillas para ayudarlo a espabilar.

Después de toser otro poco, Danny se sintió mejor. Vlad lo abrazó con fuerza y fue como si las malas emociones se esfumaran de su cuerpo al igual que el agua intrusa de sus pulmones.

Y entonces, lo dijo. En un susurro, pero lo dijo.

-Te amo, Vlad Masters.

Y vio que Vlad, pese a estar empapado, le sonreía. En aquel momento Danny decidió olvidarse de la visión de la chica desconocida y concentrarse en disfrutar del presente.

Experimento fantasma.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora