XVII

175 23 0
                                        

A mitad de la noche Danny se levantó con un fuerte sobresalto. El rumor lejano de las hojas azotadas por el inclemente viento le llegó junto al sonido de gotas de lluvia contra los cristales.

Esta vez le costó menos darse cuenta de dónde estaba. Había tenido una pesadilla con su propio padre atrapandolo y arrojandolo dentro del portal fantasma.

Danny se masajeó la sien mientras caminaba por los interminables pasillos de la silenciosa mansión.

Realmente su sueño no había sido tan descabellado, teniendo en cuenta el peligro al que se había visto expuesto en su búsqueda por Astro.

Vlad se había llevado al cachorro, asegurando que lo llevaría al portal. No lo había reprendido, pero Danny sabía que el magnate estaba molesto con él, y llevaba la razón. No debió irse así. Seguía siendo impulsivo.

Al llegar a la puerta intermedia del segundo piso, Danny concentró toda su energía, pero no pasó nada.

-No entiendo- habló en voz baja-. No puedo volar ni volverme invisible. ¿Qué ocurre con mis poderes?

Palpó la puerta con ambas manos y se resignó con un suspiro a abrirla manualmente.

Se trataba de un lujoso cuarto de baño, de estilo minimalista y suelo de mármol. Había una ducha de lluvia y en contraesquina una amplia bañera de platino rodeada de sendos espejos policromados.

En el estante de las toallas de algodón egipcio, pendían múltiples jabones, champús y sales de baño que Danny miró con incredulidad.

Afuera llovía, hacía frío y él tenía sueño, pero no quería volver a soñar, y dormirse equivalía a hacerlo. Lo mejor era tomar un baño para relajarse. Quería olvidar lo sucedido. No quería pensar en lo que habría pasado si Vlad no llegaba a tiempo.

Se sentó en un borde de la tina y abrió el grifo para que el agua caliente corriera. El vapor en derredor lo relajó notablemente. Entonces abrió el grifo de agua fría para tibiarla.

"Apuesto a que Jazz se moriría de envidia si viera esto"

Una vez templada el agua, Danny comenzó a desvestirse, dejando las botas, guantes y el traje de neopreno del otro lado de la bañera. Después se introdujo y suspiró complacido cuando el agua le llegó al nível del cuello.

Sin poder evitarlo, cerró los ojos y se quedó profundamente dormido.

No despertó hasta que escuchó quedos golpes contra la puerta.

-¡Papá, soy yo!- tuvo otro sobresalto y se golpeó la nuca con el grifo-. Ouch- se quejó y volvió a hundirse en la tina.

-El desayuno está listo, Danny- anunció la voz solícita de Vlad.

-¡Bajo en un minuto!

Danny tiritó al poner los pies fuera de la tina. El agua estaba helada.

¿Cuántas horas había durado ahí dentro?

Tras secarse y vestirse, acudió al comedor. La extrañeza se apoderó de él al ver a Vlad tan refinadamente vestido. Lo sorpresivo no era su vestimenta de etiqueta, sino su presencia.

-¿No tenía que trabajar?- preguntó Danny, tomando asiento a la mesa. Vlad le dedicó media sonrisa altanera.

-Es fin de semana. Hoy descanso.

-Ah, sobre lo de ayer- Danny se calló al ver a Vlad negando en ademán.

-Primero almuerza- ordenó, señalando las fuentes sobre la mesa.

Danny quedó perplejo al ver la cantidad de platillos extendidos delante suyo. Filete a la parrilla con trufas, trozos de salmón ahumado sobre una cama de rodajas de naranja, ostras a la mantequilla, chuletas de cordero acompañadas de crema de brocoli, mouse de chocolate, tartas de queso, y un sinfín de acompañamientos.

Tan solo de ver tanta comida, Danny empezó a sentir apetito.

-¿Quiénes vienen?- preguntó inocentemente antes de tomar su plato para servirse una porción de cada cosa.

Oyó a Vlad reír sin comprender el motivo de la gracia, pero Vlad pareció adivinar su confusión pues se apresuró a responder.

-Nadie viene, Daniel. Somos solo tu y yo.

-Oh- murmuró Danny con el tenedor extendido hacia la tarta de chocolate.

Era demasiada comida para dos personas. A no ser que Vlad le estuviera tomando el pelo.

-¿Qué pasó con Astro?- quiso saber al momento de sentarse. Vlad apenas se sirvió una porción de salmón y rellenó su copa con vino espumoso.

-Lo hice entrar al portal como te prometí. Pero el perro no debería preocuparte, Danny. Tienes un imán para los problemas y eso no es bueno.

-No puedo usar mis poderes- masculló con la mirada perdida-. No entiendo por qué pasa esto. De haberlo sabido no habría salido a buscar a Astro.

Pinchando un trozo de salmón, Vlad se tomó su tiempo para opinar al respecto.

-Debes estar debilitado, Danny. No estás habituado a ser fantasma las veinticuatro horas, es normal que algo así pase. Pero ahora que estas enterado, espero que no vuelvas a repetir la hazaña de ayer.

-No lo haré- negó Danny recordando a su padre con la vayesta-. Pero mis padres creen que estoy secuestrado.

-La imaginación de Jack no tiene límites- comentó Vlad, impávido-. Ademas mucho me temo que no podemos sacarlo de su error hasta que encontremos la forma de devolverte a la normalidad.

-¿Cuanto llevara eso?

-Aun no lo sé con exactitud- recitó Vlad despreocupadamente.

-Rayos- maldijo Danny, dando un puñetazo a la mesa. Dos platos de porcelana cayeron en el acto, haciéndose trizas en el suelo-. Lo siento.

Vlad le restó importancia con un ademán.

-Quizá si hablo con Sam- musitó Danny, frustrado-. Y ella va con Jazz...

-Sin ofender, Danny, pero tu padre tiene el intelecto de una hormiga. Aunque todos en tu familia opinen lo contrario, el insistirá en sus palabras hasta no verte allí.

Danny sólo pudo darle la razón.

Terminado el desayuno, Danny se dispuso a lavar sus platos antes de retirarse. Sabía que Vlad lo observaba constantemente y ello lo ponía aún más nervioso.

-¿Por qué no entrenamos?- propuso al acabar. Estaba mareado, pero lo adjudicó al prolongado baño.

Vlad estuvo de acuerdo. Se dirigieron al cuarto de entrenamiento. Vlad aún no se transformaba cuando Danny cayó se tambaleó segundos antes de caer inconsciente.

Media hora más tarde despertó en una cama. Tenía un termómetro en la boca y una compresa en la frente.

Vlad lo observaba con aquellos ojos magnéticos, fríos y nórdicos. Parecía un caballero inglés recién salido de un libro. Danny quiso reír ante tal ocurrencia pero un brote de tos lo hizo desistir.

-Veamos- Vlad se acercó para retirarle el termómetro-. Treinta y nueve grados. Esto no está para nada bien- se acarició la barbilla en pose meditativa-. No puedes ir al hospital viéndote así, y tampoco puedo llamar a un médico.

-Estaré bien- bostezó Danny, abrigandose con las mantas. Sentía una llamarada recorrerle el cuerpo para, seguidamente, ser reemplazada por una ola de escalofríos. Como podía ser tan tonto.

-Tengo que hacer algo- repitió Vlad con el gesto contrito. Por primera vez se sentía en serias dificultades.

-Solo quédate conmigo- pidió Danny, tomándolo de la mano tan pronto Vlad le tocó la frente.

-¿Crees que me iré a alguna parte?- inquirió, más por decir algo que por obtener una respuesta concreta. El chico se había quedado dormido. Se sentó a su lado con el termómetro-. Si aumenta voy a tener que traer a alguien.

Experimento fantasma.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora