~ Capítulo 36 ~

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Husk

- Angel, ¿quieres escucharme?

- ¡Me da igual! No pienso hacerlo, te he dicho que te olvides ya del tema.

El sonido de los zapatos de Angel resonaba con nerviosismo en el parqué de mi habitación. Yo estaba sentado en el borde de la cama, con los codos apoyados en las rodillas, observándolo mientras se pasaba las manos por el cabello, claramente al borde de un ataque.

- Ni siquiera tiene sentido. - Replicó, con cierto enfado en su voz. - ¡No llevo nada limpio! No es para que me rediman.

- Angel, llevas más de dos meses, ¿Te parece poco?

- ¿Y qué? Puedo recaer en cualquier momento, esto no me hace un santo.

Analicé su rostro, y alcé una ceja cuando vi que se le iluminaba la cara por una pequeña idea. El tono de mi voz cambió por completo a uno mucho más serio.

- Ni se te ocurra. - Dije, sabiendo sus intenciones. - Ni se te ocurra recaer solo para no tener que ir.

- ¡No he pensado eso!

La situación me estaba sobrepasando. Hacía menos de media hora que Charlie nos había anunciado que mañana se abriría el portal, y la reacción de Angel fue negarse rotundamente y mandar a la mierda a todo el que intentaba convencerle de lo contrario en el vestíbulo. Al final pude convencerle de subir a hablar los dos a solas para que se tranquilizara, pero a estas alturas no estaba seguro de si estaba funcionando.

Estaba intentando mantener la calma, pero con Angel no era fácil. Tenía un talento especial para llevarme al límite, y ahora mismo parecía que no quería otra cosa que gritar, pelear y buscar cualquier excusa para no enfrentarse al tema. Podía entenderlo hasta cierto punto; la noticia le había llegado de la noche a la mañana, y le había pillado por sorpresa. Pero eso no hacía esto menos frustrante.

No le estaban ofreciendo cualquier cosa. Le estaban diciendo que podía irse. Irse de ese sitio de mierda y rehacer su vida en un lugar donde la gente no se droga por las calles, donde llegar a tu casa por la noche no tiene por qué ser una escena de película de miedo y donde, quién sabe, quizás podías dormir con la puerta abierta y nadie entraría a robarte.

¿Quién rechazaría una oportunidad así? Estaba seguro de que si la oferta se pusiera sobre la mesa, millones de demonios se tirarían de cabeza a aceptarla. Angel no solamente tenía la tortura de vivir ahí, como los demás, sino que venía arrastrando décadas de tragar mierda año tras año, sin descanso. Era su momento de demostrar que su paciencia había valido la pena, que la espera no había sido en vano.

Y aún así, seguía encasillado en negarse.

- Estás pensando en caliente y no estás viendo la lógica.

- ¿Por qué todos habláis de ello como si fuera algo bueno? - Insistió, gesticulando de forma exagerada con las manos.

- ¡Porque es algo bueno! Es lo que querías desde el principio, por eso empezaste a dejar las drogas.

- ¡Eso no es...! - Se quedó cortado a mitad de la frase, como si se hubiera dado cuenta de que no tenía sentido lo que iba a decir. - ¡...yo no pensé que iría realmente! Yo que sé, esas cosas tardan, parecía irreal, no sabía que...

- Claro que lo sabías. - Le dije, aprovechando que no sabía cómo continuar. - Te dijeron que un mes limpio y podrías ir, y ahora han pasado casi dos meses.

𝙃𝙊𝙋𝙀 ❧ 𝐇𝐮𝐬𝐤𝐞𝐫𝐝𝐮𝐬𝐭Donde viven las historias. Descúbrelo ahora