Epílogo

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Husk

Tres años más tarde...

Pegué al telefonillo por segunda vez, esperando a que alguna voz me respondiera al otro lado. El portal del edificio se veía mucho más mugriento que en el del anuncio de internet, aunque teniendo en cuenta que estábamos en Soberbia, no debía sorprenderme que la gente mintiera en su propia publicidad.

Miré a ambos lados de la calle, asegurándome de que nadie me hubiera seguido. Había intentado mantenerme discreto durante todo el camino, y no había notado movimientos sospechosos.

El sonido metálico de la puerta abrirse me distrajo. Entré y me subí en el ascensor, pulsando el botón de la segunda planta y metiendo la mano en el bolsillo de mi chaqueta para asegurarme de que la bolsa seguía ahí. Todo en orden.

Nada más abrirse las puertas del ascensor, entré en la oficina. Era pequeña, bastante pequeña. En la recepción, una joven licántropa distraída con su teléfono alzó la vista, aunque de forma despreocupada, y me indicó la puerta a la que tenía que ir. No hice preguntas, tampoco tenía muchas ganas de entablar conversación con ella.

Seguí sus indicaciones y entré cerrando la puerta a mi espalda.

- Joder, he dicho mil veces que los sábados no atiendo a clientes. ¿Es que no os da por leer el puto cartel de los horarios? Está en la página web.

Tomé asiento delante de él y alcé la mirada, con seguridad.

- No me interesa seguir tu horario de trabajo en este caso. - Respondí. Él alzó una ceja, como si acabara de herir su orgullo.

- ¿Eres gilipollas?

- ¿Eres Blitzø?

El silencio se instaló durante unos segundos en un desafío de miradas entre ambos. Él me analizó de arriba a abajo, y supe en ese instante que me reconoció.

- El mismo.

- Bien. - me incliné hacia delante. - Seré breve. Necesito que te encargues de alguien por mí.

- Husk, ¿verdad? - Preguntó, cambiando el rumbo de la conversación. - Ex overlord de las apuestas. Me enteré de la partida que hiciste con el del porno hace unos años. Buena jugada, aunque no tengo ni puta idea de cómo va el póquer. - Rodé los ojos, y pareció darse cuenta de que no tenía muchas ganas de hablar de mí mismo. - ¿A quién te quieres cargar y por qué?

Se echó hacia atrás en su silla, cruzando ambas piernas encima de la mesa, con total comodidad.

Saqué una foto de mi bolsillo y la puse sobre la mesa.

Su cuerpo se tensó, y me miró como si acabara de soltar un mal chiste.

- Creo que no entiendes bien la mecánica de este negocio. - Comenzó a decir, incorporándose. - Matamos a humanos, no a demonios. Y mucho menos a overlords.

- Estoy dispuesto a negociar. - dije, sacando una bolsa con dinero metálico en su interior y dejándola caer sobre la mesa para que escuchara la cantidad con sus propios oídos.

Blitzø se inclinó hacia delante y abrió la bolsa con cuidado, comprobando que el dinero era real.

- Si te crees que voy a meterme en un lío así por dinero estás muy equivocado.

- Creía que en I.M.P erais auténticos profesionales en matar a quien sea.

- En el mundo humano.

Dejé caer sobre la mesa un fajo de billetes.

- Te daré el resto después del trabajo.

El imp analizó el dinero sobre la mesa. Era suficiente para poder estar meses sin tener que trabajar, y había escuchado que su negocio estaba casi en bancarrota. Noté la duda en su mirada y sonreí.

- ¿Y bien? - pregunté.

Se quedó unos cuantos segundos en silencio, pensando.

- ¿Cuánto dinero es el resto?

- El triple de lo que te acabo de dar.

Eso pareció hacerle cambiar de opinión. Había escuchado hablar de esta agencia, y eran buenos en su trabajo. Con un incentivo lo suficientemente grande, sabía que aceptarían.

- ¿Todo esto por matar al demonio de la radio? - Asentí.

- ¿Trato hecho? - Alcé la mano, esperando a que la estrechara.

Finalmente, me la estrechó de vuelta.

- Trato hecho.

𝙃𝙊𝙋𝙀 ❧ 𝐇𝐮𝐬𝐤𝐞𝐫𝐝𝐮𝐬𝐭Donde viven las historias. Descúbrelo ahora