~ Capítulo 37 ~

1K 76 394
                                        

Husk

- ¿Cuánto es?

- Cuatro cincuenta. - respondí.

El señor comenzó a rebuscar en sus bolsillos en busca de algo de dinero. Le costó su esfuerzo llegar a tocar algo sólido dentro de la tela, hasta que consiguió dejar sobre la barra un par de monedas de veinte, un billete roto y un par de tiquets arrugados que llevarían ahí meses.

Hizo cuentas, intentando llegar a la cifra, pero era evidente que no había suficiente.

- Déjalo, está bien así. - levantó la vista, abriendo los ojos.

- No, no, creo que tengo más en los bolsillos traseros. Dame un segundo.

- En serio, no importa. Invita la casa.

Su rostro se iluminó de una mezcla de emoción y de alivio. Me dio un poco de pena y además estaba demasiado cansado para ponerme a protestar por tres dólares. Probablemente estaría acostumbrado a que los camareros fueran mucho más desagradables, porque su reacción era de sorpresa. Aunque mi amabilidad era simplemente consecuencia de que había dormido fatal y que no tenía fuerzas para siquiera ser borde.

- Muchísimas gracias, de verdad. - Dijo, dándole el último sorbo a su bebida y dejando el vaso vacío. - Te pagaré lo demás mañana, lo juro.

Asentí, importándome bien poco si lo hacía o no. Metí su vaso en el fregadero junto con los demás que tenía acumulados para limpiar de los clientes anteriores. El demonio se levantó al ver que yo ya no le iba a dar más tema de conversación y, con un gesto educado que vi por el rabillo del ojo, se dirigió hacia la salida.

Suspiré, girando el cartel de arriba de la barra para que pusiera "CERRADO" y acercándome a todos esos vasos que tan pocas ganas tenía de ponerme a limpiar. No había tampoco mucha alternativa, ya estaba acostumbrado.

Miré la hora. Las tres de la mañana.

Desde que Angel se fue, dormía peor. O mejor dicho, apenas dormía. Y ya me había vuelto a hacer a la sensación de no tener sueño por la noche y estar reventado durante todo el día. El cansancio era un estado constante, y tener un horario tan sacrificado detrás de una barra tampoco ayudaba mucho.

Dos meses de pura monotonía, aburrimiento, pesadez, agotamiento...

Infelicidad.

Era 15 de febrero, y me sentía como un idiota por pensar únicamente en que hoy cumplimos 3 meses juntos. Aunque ni siquiera sabía si se podía considerar que todavía estábamos juntos.

Estar sin Angel estaba siendo... un infierno a parte, por describirlo de alguna manera.

Desde que Angel cruzó ese portal, todo había perdido el poco sentido que tenía. La rutina de cada día se sentía como arrastrar una cadena sin fin, pesada y oxidada, que rechinaba con cada paso que daba. Intentaba no pensar demasiado, porque cuando lo hacía, acababa recordando momentos que me hacían sentirme más solo.

Ahora, el bar era solo eso: un bar. Un sitio lúgubre donde los demonios iban a beber hasta olvidar sus problemas, mientras yo repartía vasos con la misma energía que una roca. Antes, podía mirarlo a él mientras hacía cualquier tontería, y eso bastaba para que las horas pasaran volando. Ahora, los minutos se arrastran como si cada uno quisiera torturarme un poco más.

𝙃𝙊𝙋𝙀 ❧ 𝐇𝐮𝐬𝐤𝐞𝐫𝐝𝐮𝐬𝐭Donde viven las historias. Descúbrelo ahora