62.

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El odio que sentí en ese juicio nunca lo había sentido en toda mi vida, las ganas de matar a los dos eran muy reales, estuve a nada de sacarle un arma a un seguridad de ahí, no podía creer con la tranquilidad que hablaban ante nosotros después de cagarnos la vida como lo hicieron, no les importaba para nada, no éramos importantes para ellos, nos robaron la vida y hablaban como si estuvieran contando una anécdota random, no podía entender la situación, además de todo me sentía horrible, se me movía todo, quería vomitar, me estaba ahogando, todo eso pasó hasta que Lanzani me guardó en sus brazos y todo el ruido se terminó

—Realmente se terminó Peter —dije hablando bajo y el me miró con una sonrisa, estábamos en la cama después de que todos se habían ido de nuestra "celebración"— Tengo tantas cosas en la cabeza en este momento

—¿Quieres hablarlo? —preguntó

—Pero no sé por donde comenzar —suspiré agobiada— ¿Por donde se debería comenzar? ¿Quieres que hablemos sobre la manera en cómo hablaron en ese lugar? Mi papá ni siquiera tuvo los huevos de decir lo que pasaba, se escudó en la FBI, tu papá es un hijo de puta, pero por lo menos no es cobarde —me miró con atención, en los ojos de Peter yo siempre encontraba algo especial, sobre todo cuando le brillaban de la forma que le brillaban en este momento, cuando el me miraba así no solo me sentía afortunada y enamorada, también me sentía segura— Yo prefiero un hijo de puta así, que se la banca... no uno que se esconde de la forma en que lo hizo mi viejo, que bronca sinceramente, no puedo creer, ni siquiera pudo mirarme a los ojos

—Mi amor —se acercó y me acarició con una sonrisa— Yo sé que todo esto que nos pasó es una pesadilla horrible, ninguno de los dos lo merecía pero nos pasó y hoy estamos acá, juntos nuevamente, la vida nos volvió a juntar

—Pero la vida nos robó tanto Peter —dije llorando— Nos robaron años de amor, de historias, de anécdotas, a mí me robaron todo... tu por lo menos tienes nuestros recuerdos

—Yo sé, yo sé —me acarició nuevamente— Es horrible, créeme que durante este tiempo lo he pensado mucho, pero yo los cuido por ambos —respondió con una sonrisa, cuando me respondió eso, lo miré sonriendo, no podía estar diciéndome algo así en este momento— Yo siempre los voy a cuidar como mi tesoro más preciado, el día que te conocí, nuestro primer beso, nuestra primera cita... nuestra primera vez, yo lo voy a cuidar toda mi vida pero tu me tienes que prometer una cosa

—¿Qué cosa sería? —dije soltando un par de lágrimas

—Que tu vas a cuidar desde que me salté esa fila en el hospital —agregó sonriendo, ahora él era el chico positivo— ¿Me lo prometes?

—Te lo prometo mi amor —sonreí

—Perfecto, entonces tenemos un trato —levantó las cejas con una sonrisa y me guardó en sus brazos, mi lugar favorito por lejos— Hoy se terminó esta pesadilla, desde mañana, nosotros vamos a ocuparnos de disfrutar cada día que tengamos, ¿te parece? —preguntó

—Si mi amor, me parece —respondí con una sonrisa, se acercó y me besó— No más sufrimiento, ahora vamos por la felicidad

—Eso, así se habla —respondió celebrando

Terminamos la conversación y nos dormimos abrazados, se sintió diferente a las otras noches, no pensé en mi viejo tras las rejas, pensé en que estaba acompañada de un hombre de verdad, que seguramente mamá lo envió para mí después de dejarme tanto tiempo acá sola. A la mañana siguiente desperté y a pesar de que Peter me pidió que no fuese al trabajo lo hice, en cuanto entré a la oficina sentía la mirada de todos.

—¿Qué haces acá? —dijo Eugenia sorprendida, me acerqué y la abracé— ¿Pasa algo?

—¿Bella como está? —cambié el tema

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