40. El día llegó

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Día y medio pasó y seguían con la celebración del embarazo de Caulifla Vegeta estaba insoportable, renuente a escuchar , Kakaroto desconocía a su hermano y desde que asumió el poder parecía que se había corrompido : cuando no andaba alcoholizandos...

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Día y medio pasó y seguían con la celebración del embarazo de Caulifla Vegeta estaba insoportable, renuente a escuchar , Kakaroto desconocía a su hermano y desde que asumió el poder parecía que se había corrompido : cuando no andaba alcoholizandose , se turnaba entre el harem y Su concubina . Trataba a sus subordinados con la punta del pie y para colmo a su pareja destinada la tenía como a una criminal encerrada, negando a su primogénito. Parecía el reino del terror.

—¿ Qué te molesta mi amor?— preguntó Milk mientras lo abrazaba por detrás cuando él se encontraba sentado en la orilla de la cama en la privacidad de su habitación.

— es mi hermano...está irreconocible, supe que
en estos momentos está en el harem acabandose botellas y botellas de alcohol—

— ¿Antes tenía problemas con la bebida?—

—¿ Por qué lo dices ?—

— bueno... ¿no has notado que desde que tú cuñada está embarazada él se ha pasado tomando y se encierra con esas mujeres o con su concubina tratando de olvidarla?—

Kakaroto no lo había visto de esa manera, su esposa tenía razón curiosamente Vegeta parecía más irritable desde esa noticia. Era bien sabido que las hembras de otras especies no soportaban el parto o el mismo embarazo ¿Acaso no era el rechazo a su sangre sino el miedo a perderla ?

— Tienes razón. Milk iré por mi hermano a estás alturas ha de estar tan tomado que ni cuenta se dará cuando lo saque de ese lugar. — él depositó un tierno beso a su esposa y se marchó.

El aire en el ala más recóndita del palacio era denso, saturado por el vapor de las termas y el aroma dulzón del licor fermentado que solo la resistencia de un guerrero podía tolerar. Kakaroto avanzó con paso firme, sus botas resonando contra el mármol del largo pasillo, ignorando las antorchas que chisporroteaban en las paredes.

Cruzó el patio interior, donde la luz de la luna de Vegita bañaba las fuentes de piedra, y llegó finalmente a las pesadas puertas del harem real. Los soldados al reconocer la silueta del hermano del Rey, se apresuraron a tirar de las argollas de bronce, las puertas se abrieron de par en par, revelando una escena de decadencia absoluta.
En el centro de la estancia, sobre un lecho de pieles de bestias conquistadas, se encontraba Vegeta.
El Rey de los Saiyajin estaba semidesnudo, con la pechera de su armadura tirada en un rincón y la capa real sirviendo apenas de alfombra. Su piel estaba encendida por el exceso de alcohol y su respiración era pesada, errática; estaba completamente ahogado en una borrachera que buscaba ahogar pensamientos que no quería admitir.

A su alrededor, el espectáculo era digno de un monarca que ya no encontraba satisfacción en la batalla:
Cinco mujeres Saiyajines de casta guerrera lo rodeaban.
Una de ellas le ofrecía una jarra de plata rebosante de vino.
Otras dos descansaban sobre su pecho y piernas, riendo ante las incoherencias que el Rey murmuraba entre dientes.

Mi destino TÚ.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora