En una galaxia lejana un principe caprichoso heredero del Planeta Vegetasei lucha por ir en contra de su destino marcado por la luna roja quien predestina las parejas de los saiyajines.
Una humana es quien pondrá su reino de cabeza.
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El cielo de Vegita se había convertido en un lienzo de relámpagos blancos y púrpuras. Mientras en el suelo la Patrulla Intergaláctica libraba la batalla junto a los piratas juntos hombro a hombro con los saiyans, uno a uno los soldados de freezer iban cayendo. Nappa por su parte luchaba por mantener a Vegeta unido a la vida sacando un suero médico de entre su armadura, ese suero era para él pero ahora mismo prefería usarlo en su rey.
En eso Caulifla aterrizó de forma violenta, derrapando sobre el suelo calcinado y levantando una densa nube de polvo rojizo justo frente a la columna donde Nappa protegía el cuerpo destrozado de su Rey. Nappa se puso en guardia al instante, con los dientes apretados y un aura de Ki defensiva rodeándolo. -¡Tú! -rugió el gigante -¡Vete de aquí antes de que te aplaste la cabeza con mis propias manos!-
-¡Cierra la boca, animal! -le gritó Caulifla sin detenerse, Su cabello estaba revuelto y su armadura quemada, pero sus ojos brillaban con una urgencia que Nappa nunca había visto en ella.
En el suelo, Vegeta yacía pálido casi translúcido. Nappa ya le había inyectado el suero de emergencia que trajeron de yardrat un compuesto de color ámbar que burbujeaba en las venas del Rey, manteniéndolo en un estado de consciencia agónico y artificial. Sus ojos nublados por el dolor, se enfocaron con dificultad en la silueta de la mujer que acababa de aterrizar.
-Caulifla... -la voz de Vegeta fue un siseo roto, un hilo de sonido que apenas superaba el ruido de la batalla de Kakaroto contra Freezer en las alturas. La sorpresa le dio un segundo aire de lucidez. Si ella estaba viva, si había escapado del búnker... -¿Dónde...? -Vegeta tosió, expulsando un coágulo de sangre-. ¡¿DÓNDE ESTÁ BULMA?! ¡Dime que no está muerta! -sus dedos se clavaron en la tierra, intentando levantarse en un acto de pura voluntad suicida.
Caulifla se arrodilló frente a él, ignorando la mano amenazante de Nappa-Está viva majestad -soltó ella de golpe- Logramos salir unos minutos antes de que esa basura de lagarto explotara todo el lugar.-
Vegeta soltó un suspiro de alivio que pareció vaciar sus pulmones, pero Caulifla no había terminado, su rostro se ensombreció al verlo muy malherido y lo tomó por la pechera de su armadura rota para obligarlo a escuchar. -Pero no tienes tiempo para descansar. Ella está mal. El vínculo... su cuerpo está resintiendo lo de tus heridas, tu dolor ...Está perdiendo el conocimiento en el páramo -Caulifla tragó saliva soltando la bomba final. -Si no te estabilizas ahora mismo, si dejas que tu Ki se apague, ella va a perder la cría que lleva en su vientre.-
El mundo pareció congelarse para el Rey de los Saiyans. Nappa abrió los ojos de par en par dejando caer el inyector vacío al suelo. Vegeta se quedó mudo con el corazón martilleando contra sus costillas rotas. -¿La... Cría? -susurró Vegeta, su mente voló a la extraña sensación de vida latente que había sentido en su marca, a la fragilidad que Bulma había intentado ocultar tras su valentía. No era solo su mujer, era su linaje. Eran sus hijos los que Freezer había intentado eliminar. La declaración de Caulifla actuó sobre Vegeta con más potencia que cualquier suero médico, activó su instinto de furia y protección. -Un hijo... -Vegeta apretó los dientes y por primera vez en toda la guerra, su aura no fue azul oscuro sino un color violeta vibrante que hizo que las piedras alrededor comenzaran a levitar.- Ese bastardo no se llevará nada más de mí.-