64. Ocaso del tirano

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Vegeta se incorporó y se colocó de rodillas jadeando haciendo un esfuerzo sobrehumano, su cuerpo aún estaba resentido por sus heridas, miró a Kakaroto quien apenas podía mantener los ojos abiertos

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Vegeta se incorporó y se colocó de rodillas jadeando haciendo un esfuerzo sobrehumano, su cuerpo aún estaba resentido por sus heridas, miró a Kakaroto quien apenas podía mantener los ojos abiertos.
En ese instante de agonía, las palabras del sabio de Yardrat resonaron en su mente como un eco de campana:
"No peleen como dos individuos que buscan la gloria personal. Freezer teme a la unidad, Si logran que sus espíritus resuenen como uno solo, sus niveles de poder no solo se sumarán, sino que se multiplicarán de forma exponencial , Si el pueblo siente su Ki, la revolución será imparable."

Vegeta cerró los ojos un segundo, por primera vez en su vida soltó el ancla. Soltó la necesidad de ser el único, de ser el superior, comprendió que la supervivencia de Bulma, de sus hijos y de su raza no dependía de su gloria individual, sino de la unidad de su sangre.
-¡Kakaroto! -rugió Vegeta poniéndose de pie y extendiendo su mano hacia su hermano. - ¡Sincroniza tu Ki conmigo! ¡Ahora!-

El príncipe lo miró y en ese cruce de miradas la conexión fue instantánea. No necesitaron palabras técnicas; el entrenamiento en Yardrat había preparado el terreno.
Kakaroto extendió su mano y la entrelazó con la de Vegeta.
Sus auras la violeta y la blanca, dejaron de chocar y comenzaron a girar una alrededor de la otra, creando un vórtice de luz tan intenso que obligó a Freezer a cubrirse los ojos.
En ese cráter el orgullo y la despreocupación se fundieron en un solo propósito. Ya no eran dos guerreros heridos; eran una sola voluntad imparable decidida a borrar al tirano de la existencia

......

Desde el refugio en las montañas del norte, el horizonte parecía haber sido devorado por un segundo sol. Bulma, apoyada en el marco de una ventana de cristal reforzado, observaba cómo una columna de luz violeta y blanca rasgaba las nubes de Vegita, iluminando la noche con una intensidad divina.
​-Es él... -susurró Bulma apretando una mano contra su vientre y la otra contra el cristal.- Puedo sentirlo, el Ki de Vegeta está vibrando con el de Kakaroto.-

​Nappa, que estaba frente a una consola de comunicaciones de alta tecnología que Bulma había desplegado, no apartaba la vista de los picos de energía que saturaban los sensores.
​-¡Princesa necesito que abras un canal de comunicación hacia Yardrat! -rugió Nappa con sus dedos gruesos moviéndose con una urgencia inusual sobre el teclado. -Si esos dos van a usar la técnica de Yardrat, necesitan más que solo su propia energía. ¡Necesitan el espíritu de toda nuestra raza!-

​Con la rapidez que solo una genio como ella poseía, Bulma tecleó una secuencia de comandos, vinculando los satélites de la Patrulla Intergaláctica con la red de Yardrat.
​-¡Canal abierto, Nappa! ¡Tienes a todos los Saiyans en línea!-

​Nappa se aclaró la garganta y su voz amplificada por la tecnología resonó en cada rincón de Yardrat y en las naves de refugio:
​-¡Atención guerreros de Vegita! ¡Su Rey y su Príncipe están librando la batalla final por nuestro futuro! ¡ peleen con su espíritu! ¡Eleven su Ki ahora mismo, envíen cada gramo de su fuerza, de su rabia y de su esperanza a través de este canal! ¡Hagamos que el lagarto sienta el peso de toda una raza que se niega a morir!-

Mi destino TÚ.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora