56. reencuentro amargo

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Las puertas reforzadas del palacio cedieron ante un simple movimiento de la mano de Vegeta, volando hacia el interior como si fueran de papel

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Las puertas reforzadas del palacio cedieron ante un simple movimiento de la mano de Vegeta, volando hacia el interior como si fueran de papel. Al cruzar el umbral, el Rey no sintió la calidez del hogar recuperado, sino una bilis amarga que le subía por la garganta.

Sus botas resonaron con un eco hueco sobre el mármol agrietado. Todo lo que recordaba de su infancia —los estandartes de seda roja con el emblema de la familia real, las estatuas de los antiguos reyes talladas en obsidiana había desaparecido.
En su lugar, las paredes estaban manchadas con el emblema circular de la Organización de Freezer, pintado con una pintura barata que parecía sangre seca.
El palacio era una carcasa, una ruina a medio construir donde el lujo de antaño había sido reemplazado por tecnología de desecho y decoraciones vulgares que Paragus había instalado para complacer al tirano.

—Este lugar apesta a cobardía —siseó Vegeta, rompiendo con su bota una vasija de imitación que intentaba suplantar una reliquia milenaria de su linaje. —Han convertido mi historia en un basurero—

De pronto, un destello dorado cruzó el pasillo central. Caulifla apareció corriendo con el rostro iluminado por una euforia que rayaba en lo maníaco. Al ver a Vegeta no dudó; se lanzó hacia él con los brazos abiertos, intentando envolverlo en un abrazo que reclamaba una intimidad que ya no existía.
—¡Vegeta! ¡Mi Rey! —exclamó ella, con la voz entrecortada.— ¡Lo logramos! ¡Están aquí!—

Vegeta no solo no correspondió el abrazo; la recibió con un brazo rígido y un empujón que la hizo tambalear varios pasos hacia atrás, Sus ojos eran dos pozos de odio gélido.
—No me toques —ordenó él, su voz vibrando con un poder que hizo que las lámparas del pasillo parpadearan.

Caulifla, recuperando el equilibrio lo miró confundida, pero su ambición era más fuerte que su instinto.
Creyendo que el rechazo era solo parte del temperamento volcánico de Vegeta tras la batalla, comenzó a hablar atropelladamente, tratando de venderse como la heroína de su historia.
—Entiendo que estés furioso por lo que le hicieron a este lugar, pero escucha... ¡he sido yo! —dijo señalándose el pecho.—He estado traicionando a mi propio padre durante meses. Yo fui quien le dio a un comandante las órdenes para liberar a los esclavos hace unos minutos. ¡Yo rompí las cadenas que los mantenían cautivos para que tú pudieras entrar como un conquistador!—

Ella, ignorando el aura gélida que emanaba de Vegeta, acortó la distancia entre ambos. Sus botas resonaron contra el mármol mientras se acercaba lo suficiente como para que sus alientos se cruzaran. Bajó la voz, transformando su tono guerrero en un susurro conspirador y seductor, cargado de una confianza venenosa.
—Todo lo que hice, cada mentira a mi padre, cada informe robado... lo hice por ti, Por nosotros, por nuestro amor. Tu trono está ahí arriba y yo te lo he servido en bandeja de plata.  Aquí está tu verdadera Reina, la que se ensució las manos para devolverte tu mundo y no sabes cuánto espere tu regreso, jamás creí que hubieras muerto. —

Pero, al estar tan cerca, el sentido saiyajin de Caulifla la traicionó,
Su nariz se arrugó involuntariamente. Debajo del olor a ozono, sudor y sangre de la batalla, detectó algo que la golpeó como un puñetazo en el estómago: el aroma de Bulma. Era una fragancia inconfundible, persistente y profunda, que emanaba de la piel de Vegeta con una fuerza que solo podía significar una cosa. Él no solo la había traído consigo; él había estado en la cama con ella hace muy poco.
El corazón de Caulifla dio un vuelco violento.

Mi destino TÚ.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora