61. la caída del rey

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Dentro del búnker, la atmósfera había cambiado. Caulifla miraba a Bulma con una mezcla de repugnancia y unos celos malsanos, el hecho de que la humana llevara a otro hijo de Vegeta había quebrado su última pizca de voluntad destructiva; no por piedad, sino por que su instinto de supervivencia era más fuerte y no quería morir junto a esa terricola, si lo haría seria allá afuera en el campo de batalla.

—Si muero por ayudarte, juro que mi fantasma te perseguirá en la Tierra —masculló Caulifla, escupiendo un poco de sangre antes de acercarse al panel de control. —Pero tienes razón en algo: no dejaré que este lagarto pretencioso decida cuándo termina mi historia—.
Ella comenzó a golpear el panel con ráfagas de energía controladas, intentando sobrecargar el sistema de sellado mientras Bulma, exhausta, le indicaba donde debía apuntar.

—¡Ahora, Caulifla! ¡Apunta a la válvula de escape! —gritó Bulma, sosteniéndose el vientre con fuerza.

El estruendo de la secuencia de autodestrucción comenzó a hacer vibrar las paredes de metal reforzado. Las luces rojas de emergencia bañaban el rostro desencajado de Caulifla quien, impulsada por el puro instinto de supervivencia, concentró toda su energía en un último ataque.
—¡MUÉRETE DE UNA VEZ, MALDITO BÚNKER! —gritó la guerrera, lanzando una ráfaga de Ki concentrada contra la compuerta principal.

El metal se fundió y voló en mil pedazos bajo la presión del ataque. El camino estaba libre, Caulifla cruzó el umbral de un salto, lista para volar hacia la estratósfera y dejar que el fuego consumiera todo a sus espaldas. Sin embargo, algo la hizo detenerse en el aire, miró hacia atrás y vio a Bulma tambaleándose, sosteniéndose el vientre y tratando de avanzar entre el humo denso.

—¡Maldita sea...! —gruñó apretando los dientes, sus instintos le gritaban que huyera, pero la imagen de la "vasija" del Rey muriendo allí mismo le revolvió el estómago por razones que no quería admitir—. ¡Oye, humana! ¡Muévete si no quieres ser ceniza!—
Caulifla descendió un par de metros, extendiendo una mano con desprecio para cargarla. —¡Sujétate, antes de que me arrepienta!—

—Puedo hacerlo sola... —respondió Bulma, recuperando el aliento.

Para absoluta incredulidad de la Saiyan pura, Bulma no extendió la mano; En lugar de eso, se impulsó desde el suelo. Un aura de Ki tenue pero clara, envolvió el cuerpo de la científica mientras se elevaba con gracia y velocidad, estabilizándose en el aire frente a una Caulifla que se quedó con la boca abierta.
—¿Qué... qué demonios es esto? —tartamudeó Caulifla retrocediendo en el aire—. ¡Tú no puedes volar! ¡Eres una humana! ¡No tienes Ki!—

—Te dije que no me subestimaras —dijo ajustando su posición mientras comenzaba a acelerar hacia la salida del complejo subterráneo.— No soy una humana común, mi padre era Bardock. Soy tan Saiyan como tú, aunque mi sangre haya despertado de forma diferente.—

Caulifla se quedó petrificada por un milisegundo. ¿La hija del legendario comandante de las fuerzas de asalto? La pieza del rompecabezas finalmente encajó en su mente: por eso la luna la había elegido como pareja del rey y por eso el niño en su vientre vibraba con tal potencia.

—¡Vámonos ahora! —gritó Bulma.
Ambas se lanzaron como proyectiles hacia el túnel de escape. Justo cuando atravesaron la salida y se elevaron hacia el cielo rojizo de Vegita, una onda expansiva colosal sacudió el terreno. El búnker explotó a sus espaldas, creando un hongo de fuego y escombros que iluminó el horizonte.
Desde el cielo a salvo por apenas unos metros, las dos mujeres observaron la destrucción, Caulifla miró a Bulma de reojo aún procesando la revelación. Ya no la veía como una simple "mascota", sino como una rival de sangre que acababa de salvar su pellejo de las llamas.

......

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