En una galaxia lejana un principe caprichoso heredero del Planeta Vegetasei lucha por ir en contra de su destino marcado por la luna roja quien predestina las parejas de los saiyajines.
Una humana es quien pondrá su reino de cabeza.
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La vida en el planeta Vegita era un simulacro de gloria, una cáscara vacía donde el orgullo saiyajin se marchitaba bajo el peso de las botas imperiales. Ya no era un reino; era una colonia minera y un cuartel de paso para la Organización de Comercio ilícito de Freezer.
Él no residía en el planeta; prefería la pulcritud de su nave nodriza, pero sus visitas eran eventos coreografiados para quebrar el espíritu de los sobrevivientes. Cada vez que su silla flotante descendía sobre la plaza principal, el silencio era absoluto. -Levanta la cabeza, "Gobernador " Paragus o debería decir " rey Paragus " -decía Freezer con una voz que cortaba como el hielo-. No querrás que tus súbditos piensen que su líder es un cobarde, ¿verdad? Aunque, pensándolo bien, es exactamente lo que eres-.
Paragus permanecía de rodillas, con la frente tocando el suelo frío. Sentía las miradas de los saiyajines esclavizados que trabajaban en las canteras cercanas: miradas de asco, de lástima y de una burla silenciosa que dolía más que los latigazos de los guardias. Él, que había soñado con una dinastía, ahora era el bufón de un tirano. Freezer solía usar la espalda de Paragus como un escalón para bajar de su silla, una humillación pública que el anciano soportaba apretando los dientes hasta que sus encías sangraban.
-Sí, Gran Freezer... -susurraba Paragus, tragándose su bilis-. Es un honor servir a su magnificencia.
Freezer se pavoneaba por todo el lugar, supervisaba que sus soldados estuvieran cumpliendo con sus órdenes de someter a los saiyans , quienes iban con correas haciendo trabajos pesados, algunos soldados para divertirse activaban un botón que enviaba corrientes y hacían caer a los saiyans retorciéndose en el suelo arenoso de dolor, causando risotadas entre ellos. Paragus veía la escena retorciéndose de bilis, él había ocasionado tal humillación a su pueblo. Cuando este finalmente se marchaba al final del día , Paragus se refugiaba en sus aposentos, destrozando todo a su paso. La traición le había dado el mando, pero le había arrebatado la dignidad.
.....
En el ala este del palacio, el antiguo harén de Vegeta se había convertido en una estancia de sombras y resentimiento. Las mujeres que antes competían por la atención del Rey ahora eran esclavas de los comandantes de Freezer, pero el veneno entre ellas no se había extinguido. Caulifla caminaba por los pasillos con la espalda recta, tratando de ignorar las risas amortiguadas que surgían de las esquinas. -Mírenla, ahí va la "Reina que no fue" -susurró una de las antiguas concubinas, una guerrera de clase baja llamada Shasha-. Perdió al cachorro, perdió al Rey y ahora solo es la hija de un viejo que lame las botas de un lagarto dorado-
-Dicen que ya ni siquiera sirve para la cama de los soldados de élite -se mofó otra, ocultando su rostro tras una jarra de vino-. Al menos nosotras no tuvimos que ver cómo nuestro "poder" se escurría entre las piernas.-
Caulifla se detuvo en seco, sus ojos chisparon con un aura roja peligrosa y no les daría el gusto de una pelea física que alertara a los guardias de Freezer, pero su mente trabajaba a mil por hora. «Sigan riendo, ratas de alcantarilla», pensaba Caulifla, apretando los puños. «Mientras ustedes se consuelan con chismes, yo estoy mapeando las debilidades del sistema de escudos. No necesito a Vegeta para ser libre y no necesito un hijo para ser poderosa. Cuando este planeta arda, me aseguraré de cerrar sus puertas desde afuera».
Caulifla había comenzado a seducir más a menudo a Kaba el comandante de su padre, para tener alcance de comunicación y robar piezas de transmisores de largo alcance. Su plan era doble: Estaba creando un virus informático para desactivar los collares de supresión de Ki de los esclavos en el momento justo y planeaba contactar a las fuerzas rebeldes o incluso vender información a los enemigos de Freezer si eso le garantizaba una salida del planeta.
Ella y su padre eran dos caras de la misma moneda Paragus conspiraba por un trono que ya no existía, mientras Caulifla conspiraba por una venganza que la consumiría a ella misma. Ambos esperaban una señal, un cambio en el viento cósmico... sin saber que, en Yardrat, el verdadero Rey pronto regresaría por su revancha.
Kaba por su parte no era un tonto, pero era un hombre consumido por un deseo que rayaba en la obsesión. Como comandante de las fuerzas de seguridad de Paragus, tenía acceso a los códigos de frecuencia y a los informes confidenciales de la Organización de Freezer y ese era el precio que pagaba cada vez que cruzaba el umbral de los aposentos de Caulifla.
En la penumbra de la habitación, tras el acto íntimo ,Kaba solía quedarse observando la silueta de Caulifla mientras ella se vestía con una frialdad mecánica. Él sabía que para ella su cuerpo era solo una moneda de cambio y sus palabras una herramienta de espionaje.
-Tu padre ha recibido un mensaje cifrado desde el sector 74 -susurró Kaba una noche, mientras Caulifla se ajustaba su ropa -. Freezer está furioso. Al parecer, una de sus cápsulas de reconocimiento desapareció.-
Caulifla no volteó -¿ Y de que me sirve esa información?-
-Bueno Freezer no cree que el rey Vegeta esté muerto y este tiempo han estado enviando cápsulas de reconocimiento a lugares remotos.-Kaba se incorporó, intentando tocar el hombro de ella al notar como esa información si captó su atención, siempre era así, todo lo que tuviera que ver con el rey, le interesaba.
Pero ella se apartó con un movimiento fluido-. ¿Por qué sigues obsesionada con él, Caulifla? Él te dejó atrás. Te cambió por una terricola de clase baja. Yo estoy aquí. Yo te doy lo que necesitas-.
Caulifla se giró, dedicándole una sonrisa que era más una mueca de desprecio que un gesto de afecto. -Tú me das información, Kaba. No te confundas. Vegeta era un Rey; tú solo eres el perro que vigila su puerta trasera. Si quieres seguir viniendo aquí, asegúrate de traerme los códigos de anulación de los cañones de iones mañana-.
Kaba apretó los puños, Sabía que ella lo utilizaba, que en su mente Caulifla seguía recorriendo los pasillos del palacio del brazo de Vegeta, imaginando una corona que ya no existía. Pero el veneno de su atracción era demasiado fuerte y si las cosas iban a funcionar así, se convirtió en el espía perfecto y ella lo recompensaba con su cuerpo.
Kaba le revelaba cada ataque de pánico de su padre y cada nueva humillación que este sufría ante Freezer, le informaba sobre los horarios de las patrullas imperiales, permitiéndole a ella moverse por el palacio sin ser detectada. Entonces bajo las órdenes de Caulifla, Kaba comenzó a "extraviar" cargamentos de detonadores que ella escondía en los niveles inferiores del palacio.
Para Caulifla, Kaba era un mal necesario. Lo despreciaba por su debilidad ante ella, pero lo necesitaba para su venganza. Mientras él soñaba con que algún día ella lo mirara con la misma devoción que a Vegeta, ella solo soñaba con el momento en que las naves de Vegeta aparecieran en el cielo de Vegita. «Sigue dándome lo que quiero, Kaba», pensaba ella mientras salía de la habitación hacia las sombras del pasillo. «Cuando Vegeta llegue, tú serás el primero en caer, pero gracias a tus códigos, yo seré la que decida quién vive y quién muere en este basurero». Caulifla estaba lista,Tenía la información, tenía las armas y tenía a un comandante de alto rango envuelto en sus dedos. Solo faltaba que el Rey Vegeta regresara de entre los muertos y diera el primer golpe.