71. El rescate

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​Varado en la superficie de aquel satélite desolado, la lucha degeneró en una carnicería cuerpo a cuerpo contra oleadas de legionarios mecanizados. Vegeta peleó como un demonio desatado, liberando en cada ráfaga de Ki el estrés acumulado, el dolor punzante de la separación y la rabia que le corroía las entrañas. Sus ataques eran erráticos, brutales y carentes de piedad, como si cada golpe castigara al universo por la angustia que había vivido en silencio durante el último mes.

​Tras casi un día de combate ininterrumpido, el silencio regresó al planeta, pero el costo fue devastador.
Vegeta alcanzó la victoria, pero fue un triunfo bañado en cenizas y electricidad. El clima de Karkosa se volvió un enemigo más letal que los propios invasores; una tormenta electromagnética que rugía con rayos verdes, anulando radares y asfixiando el aire.
El ejército enemigo yacía diezmado hasta el último hombre entre cráteres y chatarra humeante.
Y él finalmente se desplomó sobre una rodilla y un dolor agudo lo hizo voltear hacia su pierna derecha, antes no lo sintió por la adrenalina de la pelea, tenía una fractura expuesta , estaba cubierto de una mezcla de sangre y aceite; su armadura real, símbolo de su linaje, estaba hecha pedazos y las heridas profundas drenaban su energía vital hacia la tierra ferrosa.
El agotamiento físico y mental le cobró la factura definitiva, sin comunicaciones malherido y con la visión nublándose, el Rey cerró los ojos, mientras caía en una inconsciencia profunda, su último pensamiento fue para ella, preguntándose con desesperación si Bulma podía sentir a través de la marca gélida en su pecho, que su Rey se estaba quedando sin tiempo.

El viaje de regreso a Vegita fue una tortura de silencio, Bulma devoraba los reportes de Milk a través del comunicador, pero cada "sin novedades" se clavaba en su pecho como un alfiler de hielo, trataba de distraerse con los niños cuando despertab...

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El viaje de regreso a Vegita fue una tortura de silencio, Bulma devoraba los reportes de Milk a través del comunicador, pero cada "sin novedades" se clavaba en su pecho como un alfiler de hielo, trataba de distraerse con los niños cuando despertaban para que sus pensamientos no la volvieran loca, sentía un vacío extraño en su pecho y eso la mantenía en una ansiedad constante.

Al aterrizar no fue a su propio palacio, sino directamente al de su cuñado, con la mirada endurecida por la resolución.
​-Déjame ir en la próxima flota -exigió Bulma antes siquiera de saludar- Mis escáneres pueden detectar frecuencias que sus rastreadores ignoran-

​Kakaroto la miró, notando el brillo febril en sus ojos y cómo su mano se posaba inconscientemente en su pecho. Una idea audaz y casi mística, cruzó la mente del guerrero.
​-Bulma, hay algo que la tecnología no puede rastrear pero tú sí -dijo con seriedad- Tu vínculo. Si simplemente intentas sentirlo podrías servir de brújula. Es una locura pero en este sector la interferencia es total, eres nuestra única esperanza-

- haré lo que sea necesario - dijo ella. Se despidió de sus hijos dejándolos a cargo de Milk. Ella les deseó toda la suerte y que regresaran a salvo.

.....

Cuando la nave de reconocimiento descendió sobre Karkosa, el aliento de Bulma se cortó. El planeta era un paisaje de pesadilla: una llanura infinita de metal retorcido, humo negro y restos de naves que aún chisporroteaba. El silencio era sepulcral, roto solo por el viento metálico que aullaba entre los restos.
​El corazón de Bulma dio un vuelco violento cuando sus escáneres identificaron un resto específico: la nave real de Vegeta, partida en dos y sepultada bajo el fuselaje de un crucero enemigo.
​-¡Vegeta! -gritó ella al bajar de la rampa pero su voz se perdió en la inmensidad del valle.

Mi destino TÚ.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora