El sol de la tarde en Vegita caía con un resplandor cobrizo sobre el campo de entrenamiento real, un coliseo de piedra diseñado para resistir el impacto de los guerreros. En el centro Kakaroto se movía con una fluidez magistral, bloqueando con aburrida elegancia los ataques combinados de los príncipes: Gohan de siete años y Trunks de seis.
A un costado, bajo la sombra de un gran árbol Whis oficiaba de niñero improvisado. Sostenía en un brazo a la pequeña Bra de apenas dos años, quien ya balbuceaba órdenes y para sorpresa de todos, empezaba a flotar instintivamente a unos centímetros del suelo. A sus pies, los gemelos de Kakaroto: Pan y Goten gateaban y jugaban con el báculo sagrado de Whis, quien sudaba gotas de cortesía intentando que los tres pequeños no demolieran el jardín.
Desde el alto ventanal de la oficina principal, Vegeta observaba la escena. Estaba acompañado por una comitiva de embajadores que le recitaban tratados de comercio, pero el Rey no escuchaba. Su mirada estaba fija en el campo, ver a Trunks pelear al nivel de Gohan, a pesar de que este último era un saiyajin de sangre pura, le inflaba el pecho de un orgullo amargo y dulce a la vez; se reprochaba internamente haber creído alguna vez que los mestizos eran una debilidad. Eran en realidad, el futuro más brillante de su raza.
Luego su mirada se posó en Bulma, verla con el traje de combate decidida a fortalecer su mitad saiyajin para serle útil en las misiones, le provocaba una mezcla de admiración y posesividad.
—Un momento —gruñó Vegeta interrumpiendo al embajador a mitad de una frase.
Abajo, Kakaroto había dado un tiempo fuera para que Milk descansara pero Bulma enérgica, llamó a uno de los soldados de la guardia para continuar el intercambio. Al ver al soldado acercarse a su esposa para corregirle la postura, un rayo de celos atravesó a Vegeta. Sin decir palabra, dejó a los diplomáticos con la palabra en la boca y bajó a la arena a zancadas.
Vegeta irrumpió en el campo justo cuando Bulma, para sorpresa de él y de los presentes que no sabían que podía volar, se elevaba tres metros sobre el suelo con un vuelo decidido.. Jamás le había mostrado ese avance; lo había guardado como un secreto para este momento.
—¡Tú! ¡Fuera de aquí! —rugió Vegeta al soldado, quien desapareció en un parpadeo de terror— Kakaroto llévate a tu familia, a partir de hoy, yo seré el instructor de mi mujer. Y te advierto Bulma, que no soy un maestro fácil.—
Kakaroto soltó una carcajada, cargando a Pan y Goten bajo sus brazos mientras Milk tomaba a Gohan.
—¡Vaya, Vegeta! Casi puedo oler tus celos desde aquí —bromeó Kakaroto mientras se alejaba hacia el palacio. Whis se quedó con los niños bajo el árbol.
Vegeta se cruzó de brazos, intentando mantener una expresión gélida.
—¡Ponte en guardia! —ordenó con severidad—Si vas a volar, hazlo con dignidad. ¡Esa espalda está muy arqueada! ¡Tu centro de gravedad es un desastre!—
Bulma aterrizó frente a él con una sonrisa juguetona, sabía exactamente qué botones apretar para "ablandar" al rudo Rey. En lugar de adoptar la postura de combate, se acercó a él invadiendo su espacio personal.
—¿Así, majestad? —preguntó ella acortando la distancia hasta que sus pechos se rozaron.
—¡He dicho que te separes! —reprendió Vegeta aunque su voz flaqueó cuando Bulma le rodeó el cuello con los brazos y le robó un beso rápido y húmedo.
—Eres demasiado rudo, Vegeta... Necesitas relajarte —susurró ella, dándole un pequeño mordisco en el lóbulo de la oreja.
Vegeta se puso rojo, entre la furia por la falta de disciplina y el deseo creciente que ella despertaba. Intentó apartarla para seguir con la lección técnica pero Bulma era implacable. Cada vez que él intentaba corregirle un golpe, ella respondía con una caricia audaz o un beso que le cortaba la respiración. Los pocos guardias que quedaban en las almenas desviaron la mirada, incómodos por la audacia de su Reina.
—¡Mujer! ¡Esto es un campo de entrenamiento! —logró gruñir Vegeta aunque sus manos ya se habían posado con fuerza en la cintura de ella—¡Si no te tomas esto en serio, tendré que...!—
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Mi destino TÚ.
FanfictionEn una galaxia lejana un principe caprichoso heredero del Planeta Vegetasei lucha por ir en contra de su destino marcado por la luna roja quien predestina las parejas de los saiyajines. Una humana es quien pondrá su reino de cabeza.
