43. Nuevas reglas

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El interior de la nave de escape vibraba violentamente, una sinfonía de alarmas rojas y metal crujiendo bajo la presión de los disparos láser

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El interior de la nave de escape vibraba violentamente, una sinfonía de alarmas rojas y metal crujiendo bajo la presión de los disparos láser.
Vegeta abrió los ojos con dificultad, sintiendo el sabor metálico de la sangre en su boca, a su lado, Kakaroto maniobraba los controles con una desesperación que rara vez mostraba, sudando mientras esquivaba las ráfagas que una de las naves de Freezer lanzaba con precisión quirúrgica desde la retaguardia.

—¡Despierta, Vegeta! —gritó sin apartar la vista del radar—. ¡Los hombres Freezer no nos dejan tregua!¡ Nos han seguido!—

De pronto, la consola de comunicaciones parpadeó con una señal de interferencia. En la pantalla, envuelta en estática y humo, apareció la imagen de Videl, con el rostro cubierto de hollín y una herida profunda en la frente. A su lado en el suelo,  Raditz permanecía casi sin moverse sosteniendo su brazo roto.
—¡Hermanos! —la voz de Videl se quebraba—. No... no podemos sostener la línea. El palacio ha caído. Raditz y yo estamos en el último aliento de nuestras vidas...—

Vegeta se abalanzó hacia la pantalla, ignorando el dolor de sus costillas rotas.
—¡Resistan! ¡Es una orden! —rugió con lo poco que le quedaba de voz.
Pero fue entonces cuando la cámara de la transmisión giró.
A través de los ventanales del gran salón, Vegeta y Kakaroto observaron el horror absoluto: Vegetasei, su amado planeta, estaba envuelto en llamas, el palacio real, símbolo de milenios de orgullo Saiyajin, se resquebrajaba bajo una lluvia de supernovas artificiales.
Videl volteó la camara una vez más y se despidió de sus hermanos — ¡ Restauren la gloria de los Saiyans y sean felices...! Videl se abrazó a su pareja y lo último que vieron fueron a ellos dos dándose un beso.
Una explosión ensordecedora retumbó a través del audio, la imagen de Videl y Raditz fue reemplazada por una estática blanca y fría.
El silencio que siguió fue más doloroso que cualquier golpe.
—Se han ido... —susurró Kakaroto, con las manos temblando sobre los mandos—. Todos... se han ido.—

Vegeta no gritó, un vacío gélido se instaló en su pecho, reemplazando la ira por una resolución suicida. Miró por la escotilla trasera y vio la silueta dorada de la nave de Freezer acercándose.
—Kakarotto... sal de la cabina —dijo Vegeta con una calma aterradora—. Vamos a darle a esos malditos el final que se merecen.
Kakaroto en otras circunstancias se hubiera negado debido al estado de Vegeta, era el único familiar de sangre que le quedaba, Pero sus ansias de vengar la muerte de su hermana, de su cuñado y de todos los guerreros caídos pudieron más.

Ambos guerreros salieron al vacío del espacio, utilizando sus últimas reservas de Ki para generar un aura que les permitiera sobrevivir unos instantes. Vegeta, impulsado por el recuerdo de su hogar ardiendo y la traición de Bulma, acumuló toda la energía de sus células en un Destello Final que iluminó el vacío.  Kakaroto a su lado, lanzó un Kamehameha con el resto de su vida.
Las dos energías se fusionaron en un torrente de luz azul y dorada que impactó contra el escudo de Freezer. Por un segundo, pareció que el sacrificio funcionaría, pero desde la nave aumentaron su poder al máximo, devolviendo el ataque con una facilidad insultante.
El choque de poderes provocó una reacción en cadena. La nave de Kakaroto y Vegeta, atrapada en el centro de la colisión, comenzó a desintegrarse.

—Al final... no pude proteger nada —fue su último pensamiento antes de que la nave estallara en una bola de fuego cegadora, borrando cualquier rastro de los últimos herederos del trono Saiyajin.
El espacio volvió a quedar en silencio. El imperio de Vegeta era ahora solo polvo estelar.

.......

La purga comenzó sin piedad: los guerreros más rebeldes fueron ejecutados en las plazas, mientras que el resto, encadenados con collares de supresión de energía, eran arreados como ganado.
El orgullo de la raza guerrera se desmoronaba bajo el peso de la bota del tirano.

En un ala apartada de las ruinas del palacio, el zumbido constante de una cápsula médica era el único sonido que rompía el silencio , Paragus flotaba en el líquido regenerador, con el pecho vendado y una máscara de oxígeno cubriendo su rostro desfigurado. A su lado, Caulifla permanecía sentada, con la armadura abollada y el cabello revuelto.
No había podido escapar. Un escuadrón de la élite de Freezer la había interceptado en los túneles y ahora, la guerrera que pretendía ser reina no era más que una prisionera de lujo en su propio hogar.
La puerta se deslizó con un silbido. El aire se volvió gélido al instante Freezer entró caminando con elegancia, sus pasos resonando en el suelo metálico.

—Es una vista encantadora —dijo Freezer, deteniéndose frente al tanque de Paragus—. La ambición flotando en una pecera.
Caulifla se puso en pie, apretando los puños, pero el miedo la mantuvo anclada al suelo. Freezer la miró de arriba abajo con un desprecio infinito.
—Escucha bien, niña —siseó el emperador—. Volveré en una semana para reclamar formalmente este planeta. Dile a este anciano cuando despierte que el trono será suyo, Será el "Rey" Paragus, una máscara perfecta para mantener a los simios en orden.
Caulifla sintió un nudo en la garganta. ¿Paragus rey? Todo era una farsa.

—Pero no te confundas —continuó Freezer, acercando su rostro al de ella, sus ojos rojos brillando con malicia—. Él llevará la corona, pero ambos me servirán de rodillas, Serán mis subordinados más leales... o serán polvo estelar. Yo soy el único y verdadero Emperador aquí. ¡Ah! Se me olvidaba, tu amante el rey Vegeta ha muerto. Quedó hecho polvo estelar junto al otro saiyan Kakaroto—
Freezer salió de la habitación riendo, su carcajada hacía eco por los pasillos dejando tras de sí una estela de humillación.

Cuando la puerta se cerró, las piernas de Caulifla cedieron y se desplomó contra el cristal de la cápsula médica.
—Vegeta... —susurró, y una lágrima solitaria corrió por su mejilla.
A pesar de su ambición, a pesar de haberlo traicionado con su familia para obtener el poder, Caulifla amaba a Vegeta a su manera salvaje y posesiva.
La noticia de su muerte le arrebató lo último que le quedaba de voluntad. El sueño del Imperio Saiyajin puro había muerto esa noche, reemplazado por una servidumbre eterna bajo la sombra del demonio del frío. Acarició su vientre y juró proteger lo único que le quedaba de Vegeta.

......

En los planos más elevados de la existencia, donde el tiempo no es más que un río de cristal, Whis observaba el desastre a través de su báculo. El resplandor de la destrucción de Vegita aún palpitaba en la lente de su esfera, una luz agonizante que marcaba el fin de una era.
Whis suspiró, y por primera vez en siglos, su rostro usualmente impasible mostró una sombra de genuina pesadumbre.

Como guía él tenía prohibido intervenir Sin embargo, su corazón se sentía pesado, se lo debía a su gran amigo el fallecido rey Vegeta III.
—Qué desperdicio de potencial... —murmuró, viendo las almas de los Saiyajines ascender en un flujo desordenado hacia el Otro Mundo—. Eran una raza de guerreros indomables, pero su orgullo fue la mecha y su descuido el incendio.
Whis cerró los ojos y alzó una plegaria por los caídos y por los sobrevivientes.

De repente, un brillo de astucia cruzó por su mente.—Las reglas dicen que Whis no puede intervenir... —dijo para sí mismo, con una sonrisa juguetona volviendo a sus labios—. Pero las reglas no dicen nada sobre un viajero errante o un ser de otro planeta.

Él golpeó el suelo con su báculo dos veces. Su túnica divina se transformó en una vestimenta sencilla de tela rústica y colores tierra, similar a la de un mercader o un monje de las fronteras espaciales. Su halo de ángel se desvaneció, oculto tras una capucha profunda que ensombrecía sus rasgos celestiales.
—No les daré el poder —razonó, mientras se preparaba para descender—. Pero les daré la guía. Ayudaré a Vegeta a encontrar la paz necesaria para controlar su furia, y para el reencuentro de esas dos almas que necesitan unirse hacia el camino donde su hijo pueda tener a su padre.

Bajo esta nueva identidad ayudaría sin romper las reglas. Su intervención sería sutil, como una brisa que cambia el curso de una hoja, evitando así el castigo de los Sumos Sacerdotes, pero asegurando que la llama de los Saiyajines no se apagara para siempre.

.....

Lista la actualización, disfruten de dos capítulos más. Este fin estaré ocupada así que les adelanto 3. 😁

Mi destino TÚ.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora