El Último Latido de la Oscuridad

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El aire se volvió espeso, hirviente, vibrante.

Boruto y Sarada se enfrentaban a la manifestación absoluta del pantano, un ser colosal que parecía hecho de sombras vivientes.

Su cuerpo se retorcía como una tormenta de humo y cenizas, y sus ojos, dos abismos sin fin, los devoraban con una presencia que congelaba el alma.

No era solo un enemigo. Era el núcleo mismo de la oscuridad.

Y sabían que solo destruyéndolo podrían poner fin a la pesadilla.

Sarada sintió su corazón acelerarse.

Cada fibra de su cuerpo le decía que aquel ser no debía existir. Era antinatural, un error en el flujo del mundo, algo que se negaba a ser olvidado. Boruto tragó saliva.

Las sombras se movían a su alrededor como un océano enloquecido, pulsaban con una vida propia, respiraban, susurraban palabras que no deberían ser escuchadas por humanos.

Y luego...

El monstruo se movió.

Con un gesto, las sombras rugieron como una tempestad negra, avanzando como olas de terror puro, una marea que amenazaba con tragarlos en su vacío. Boruto reaccionó primero.

Saltó, su cuerpo electrificado por su chakra. En su mano, el Rasengan azul giraba con una luz feroz, iluminando la cueva como una estrella en plena explosión.

- ¡No vamos a perder contra esto!

El Rasengan colisionó con la oscuridad, chocando contra la primera ola de sombras. El impacto fue brutal, una explosión de luz y tinieblas que sacudió los cimientos de la cueva. Sarada no se quedó atrás.

Con un destello escarlata en sus ojos, activó su Sharingan en su máximo esplendor. Cada detalle de la sombra era visible para ella, cada punto débil, cada fragmento que vibraba con menor fuerza.

- No importa cuán grande seas... todos los monstruos tienen un punto débil.

Corrió entre la negrura, esquivando los látigos de sombras que intentaban atraparla, deslizándose entre las grietas de la oscuridad como si fuera luz misma.

Su mano se envolvió en electricidad. El relámpago cantó entre sus dedos, azul brillante, chisporroteando con la ferocidad de una tormenta desatada.

- ¡Chidori!

La electricidad surcó la cueva como una lanza de relámpagos, perforando la carne sombría del monstruo. La criatura rugió, una voz sin sonido, un eco de agonía que hizo temblar el suelo bajo sus pies.

Pero no era suficiente. Boruto cayó de pie a su lado, jadeante.

- No basta con atacarlo... tenemos que destruir su núcleo.

Sarada asintió, con la mirada afilada como una hoja de acero.

- Entonces acabemos con esto.

El monstruo arremetió. De su pecho se abrió una grieta oscura, un vórtice de sombras giratorias, como el ojo de un huracán hambriento.

Boruto y Sarada sintieron la atracción. El aire fue arrancado de sus pulmones, como si el vacío mismo estuviera tratando de devorarlos. Cada músculo de sus cuerpos luchaba contra la presión, sus pies deslizándose por la roca agrietada de la cueva.

Pero no se rendirían. Boruto cerró los ojos... y sintió el chakra de Sarada a su lado. Sarada giró el rostro... y vio la determinación en Boruto. El tiempo pareció detenerse.

No importaba la oscuridad, no importaba el miedo. Ellos estaban juntos. Y eso significaba que iban a ganar. Boruto cargó su chakra.

Las marcas de su Karma celeste brillaron en su brazo derecho, y su ojo Jogan parpadeó con luz plateada. Sarada alzó su brazo.

El Chidori rugió con un poder sin precedentes, la electricidad envolviéndola como una tormenta furiosa. Y ambos corrieron hacia el monstruo.

Boruto saltó directo hacia el núcleo, con el Rasengan expandiéndose hasta el tamaño de una luna creciente.

Sarada se deslizó por el suelo, esquivando las garras de sombra, y apuntó su Chidori al punto exacto que su Sharingan había detectado como la debilidad final.

El monstruo gritó. Una sombra gigante se levantó, tratando de atraparlos. Pero era tarde.

El Rasengan de Boruto golpeó el núcleo. El Chidori de Sarada perforó el centro de la oscuridad.

Y entonces...Todo explotó. Una luz cegadora cubrió la cueva.

El grito del monstruo se desvaneció en un eco vacío, como si nunca hubiera existido. Las sombras se disiparon como humo arrastrado por el viento. ÑEl pantano había sido liberado.

El Renacer del Pantano

Cuando Boruto abrió los ojos, ya no estaban en la cueva. Estaban en el bosque oscuro que rodeaba el pantano. El suelo ya no temblaba, el aire ya no era espeso, la sensación de desesperación había desaparecido.

Boruto se giró lentamente... y vio el pantano. Ya no era un mar de oscuridad. El agua reflejaba la luz de la luna, temblando suavemente con la brisa nocturna.

Pero entonces... lo vieron. Los cuerpos comenzaron a emerger.

Uno por uno, los cadáveres de los ninjas desaparecidos flotaron hasta la orilla, sus rostros serenos, como si al fin hubieran encontrado descanso. Sarada tragó saliva con fuerza.

- Lo logramos... los liberamos.

Boruto miró el horizonte, donde la luna iluminaba el agua con un brillo plateado. El reflejo de las sombras ya no existía.

El pantano era solo un pantano ahora. Y su pesadilla había terminado. Sintió un peso sobre él. Cuando miró, Sarada estaba allí, apoyada en su pecho, exhausta.

Su respiración era agitada, su cabello húmedo por el sudor de la batalla, pero sus ojos aún brillaban con intensidad.

Y Boruto no pudo evitarlo. La abrazó. Con fuerza, con desesperación. Como si quisiera asegurarse de que realmente estaban a salvo. Sarada no se resistió.

Al contrario, sus manos se aferraron a su espalda, enterrando su rostro en su hombro. Y entonces, Boruto la besó. No fue un beso de gratitud.
No fue un beso de alivio. Fue un beso de amor.

Un beso que sellaba su victoria, que cerraba cada herida, que les recordaba que, sin importar cuánta oscuridad enfrentaran, siempre volverían el uno al otro.

Sarada lo correspondió con la misma intensidad, sin reservas, sin miedos. Y cuando se separaron, Boruto le sonrió con ternura, aún con los labios rozando los de ella.

- Te prometí que siempre te alcanzaría, ¿cierto?

Sarada rió suavemente, su aliento aún entrecortado.

- Y yo prometí que siempre te encontraría.

Y con la luz de la luna brillando sobre ellos, Boruto y Sarada se quedaron abrazados, sabiendo que, después de todo lo que habían pasado... su amor había sido lo único que nunca pudo ser vencido.

 su amor había sido lo único que nunca pudo ser vencido

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Susurros En Konoha (BoruSara)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora