En la aldea oculta de Konoha, dos jóvenes ninjas, Boruto Uzumaki y Sarada Uchiha, se embarcan en un viaje emocional y lleno de desafíos mientras descubren un amor que desafía las tradiciones y las expectativas de sus familias.
En medio de sus deber...
La noche parecía extender su manto sobre Konoha con una intensidad abrumadora. El aire se volvió denso, pesado.
Boruto se detuvo en medio de la calle vacía, sintiendo cómo aquella presencia oscura volvía a acecharlo.
No la veía, pero la sentía envolviendo cada rincón de la aldea como una sombra hambrienta, acechante. Y entonces, la voz resonó de nuevo en su mente.
— No tienes por qué resistirte, Boruto...
Boruto apretó los dientes.
— Ellos no te quieren. Te desprecian. Te ignoran.
La carcajada vibró en el aire, reptando en su oído como un veneno que intentaba filtrarse en su corazón.
— No tienes aliados en esta aldea. Solo una persona te aprecia, y lo sabes. Todos los demás no dudarían en entregarte si eso significara salvarse.
Boruto cerró los ojos por un instante. Y cuando los abrió, su mirada ardía con la determinación de un guerrero.
— No me importa que me odien. No me importa que me desprecien.
Su chakra se elevó como una llama azul brillante, expandiéndose alrededor de su cuerpo en ondas de luz purificadora.
— Ese es mi problema y de los de esta aldea.
Sus puños se cerraron con fuerza.
— Tú nada tienes que ver con ello.
Su Jogan parpadeó con un resplandor plateado, iluminando la oscuridad que lo rodeaba.
— A ti y a la oscuridad los aniquilaré.
Y entonces, Boruto desató su chakra. Un torrente de luz se expandió como un estallido celestial, borrando cualquier vestigio de oscuridad a su alrededor. El enemigo soltó un gruñido, sorprendido.
— ¿Cómo…?
La sombra se agitó, tambaleándose.
— No... esto no es posible.
Boruto dio un paso adelante, con el fuego de la resistencia ardiendo en su interior.
— No importa cuántas veces intentes quebrarme.
Su chakra se hizo aún más fuerte, desterrando cada rincón de penumbra que intentaba aferrarse a su ser.
— No pertenezco a la oscuridad. Y nunca lo haré.
La silueta del enemigo se distorsionó, debilitada por la pureza de su energía. Pero antes de desvanecerse, soltó una última advertencia.
— Volveré por ti, Boruto. Esta aldea tarde o temprano te dará la espalda… y cuando lo haga, sabrás que mi oferta es lo único que te queda.
Y con eso, desapareció. El silencio llenó la calle.
La brisa sopló suavemente, disipando la última sombra de su presencia. Boruto respiró hondo, sintiendo su cuerpo más liviano, más fuerte.
Había resistido. Había ganado. Pero entonces…Un ruido. Un movimiento. Boruto giró la cabeza… y vio a Shikadai de pie, a unos metros de distancia, junto a un poste de luz.
Lo había visto todo. Había escuchado todo. Fue testigo de todo.
Los ojos de Boruto y Shikadai se encontraron. No dijeron nada. Por un instante, el viento fue lo único que se movió entre ellos.
Boruto esperó alguna reacción, una pregunta, un comentario sarcástico. Pero Shikadai simplemente… desvió la mirada.
Dio media vuelta, sus manos en los bolsillos, y comenzó a alejarse en silencio. Boruto no lo detuvo. No tenía nada que decirle. Simplemente… siguió su camino.
Regreso a Casa
Cuando Boruto abrió la puerta de su casa, el aroma de la cena lo envolvió. La luz cálida del interior contrastaba con la frialdad de la noche.
Naruto, Hinata y Kawaki estaban sentados a la mesa. Boruto los miró por un momento. Su familia. Hinata alzó la vista y le sonrió suavemente.
— Bienvenido a casa, Boruto — le dijo su madre.
Kawaki le dedicó una leve sonrisa.
— Tardaste demasiado, creí que te habían secuestrado — le dijo su hermano con ironía.
Boruto forzó una sonrisa y sacudió la cabeza.
— Nah, solo di un paseo.
Su mirada se cruzó con la de su padre. Naruto lo observó en silencio por unos segundos.
Había algo en su mirada que Boruto no pudo descifrar. Algo que le decía que Naruto sabía que algo estaba mal. Boruto pensó en decirle algo.
Pensó en contarle sobre la sombra. Sobre la presencia. Sobre lo que había sucedido. Pero… se contuvo. No valía la pena. Él no lo entendería, ni siquiera le creería.
Así que simplemente desvió la mirada y se sentó a la mesa. Naruto optó por postergar la conversación.
La cena era más importante. Por ahora. Pero tarde o temprano… Naruto iba a descubrir la verdad. Y Boruto sabía que cuando ese momento llegara… todo cambiaría.
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