Capítulo 48

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Siempre se sentía bien quitarse la máscara. Como quitarse los zapatos tras días de caminar con ellos. No era algo que ella sintiera puesto, pero solo después de ser libre notaría la opresión. El silencio también era bienvenido. Su mente nunca zumbaba tanto como cuando usaba el artifakt, cada paso siempre vigilado. Como tomar un profundo respiro después de contenerlo demasiado tiempo.

Había sido un largo día, y Rajnik solo quería que terminara. El espejismo. El juego con todos esos horribles recuerdos. La bala. Su Dios, Kaia ni siquiera había cambiado sus balas venenosas por normales. Fingir su muerte. Otra vez. Correr por la ciudad sin dejar nada más que sangre a su paso. Y en aquel preciso momento, cuando se encontraba tan cerca de lograrlo...

—Debería haberte matado la primera noche.

No era arrepentimiento, sino una simple declaración. Habría sido mucho más sencillo si hubiera sido más despiadada. Los búhos eran criaturas horribles, siempre devorando zorros jóvenes. Era la naturaleza del desierto, depredadores y presas. Había crecido odiándolos. Y entonces, el Búho anterior había descubierto el nombre de Lorcan, y ella había tenido que orquestar su muerte.

Noche tras noche, lucha tras lucha, había arrastrado al Búho hasta Arcadia. Dejado amenazar. Obligado a ser paciente. Había jurado que, aunque su compañero no la quisiera al igual que el resto, aunque ya no le importara, aunque no respondiera a sus cartas, lo protegería. Al menos se lo debía. No había sido su elección ser el amante de un Gobernante.

No había fallado entonces. Jugando con la gula del antiguo Búho mientras pedía refuerzos al Comandante. La Vasija siendo aniquilada. Su secreto protegido. Y entonces, un nuevo Búho había aparecido, y ella se había dejado arrastrar de regreso por Lorcan Blake. Otra vez. Tantos problemas evitados si hubiera sido menos permisiva.

Rajnik levantó la mano. Solía limarse las uñas cada mañana y cada noche para asegurarse de que ninguna garra revelara su verdadera naturaleza. Aun así, eran más afiladas que cualquier cuchillo. Todos sus problemas podrían terminar con tan solo un rápido y limpio corte. Tan sencillo, tan conveniente a las puertas de la guerra otra vez.

No tuvo ninguna oportunidad. Lorcan usó sus propias cadenas para atrapar su mano. ¿Por qué no podía simplemente...? Rajnik lo miró con incredulidad. No hacía falta palabras. Ya no. La chica era un peligro, pero él insistía en mantenerla con vida. Y ella lo odiaba por eso, casi tanto como lo amaba. Porque Lorcan Blake siempre había luchado por proteger a quienes consideraba inocentes.

—Solo es una víctima —murmuró Lorcan.

—La dejé vivir en Arcadia y mira dónde estamos —replicó Rajnik.

—No fue conveniente, pero tampoco fue un error.

Aun así, el Búho conocía su verdadera identidad y su artefakt. Aun así, el Búho sabía de Lorcan. Un hilo suelto era un lujo en la guerra, y a Rajnik no le gustaba despilfarrar. El objeto sagrado ahora estaba ligado a Nikka, podría matarla y acabar con esa línea de Vasijas para siempre.

¿No había hecho suficiente? Perdonándole la vida una vez. Votando a su favor. Advirtiéndole, una y otra vez, sobre los peligros de esa vida, los peligros de los Dioses. Incluso cuando se había dicho a sí misma de mantenerse a un lado, había intentado aconsejarla. Solo para que la chica no escuchara.

Rajnik se giró de inmediato al oír los pasos, su oído tan desarrollado de Gobernante. Con una mano atrapada por Lorcan y la otra todavía sosteniendo su máscara, no tuvo tiempo de reaccionar cuando Arel salió a la luz de la luna, un revólver apuntándoles.

No. No a ella ni a la chica desesperada, sino al único mortal. Y por un instante, a Rajnik se le cortó la respiración. Era como volver a estar atrapada, hundiéndome en el océano oscuro y sin aire. Qué aterrador, cómo alguien más podía significar tanto. Arel no dudó en apuntar a Lorcan, y Rajnik sabía que no era más rápida que una bala. No lo suficientemente poderosa como Gobernante, no dotada naturalmente de espejismos como cualquier otro zorro.

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