Capítulo 49

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Gritó en cuanto el Coyote la mordió en el brazo, pero no pudo evitar sonreír a pesar del dolor. Su enemigo siseó igual de rápido, retrocediendo y escupiendo la sangre. Rajnik quiso reír. Años de envenenarse cada mañana con lavándula no eran en vano. La inmunidad era buena, pero arruinarle el momento a ese Gobernante cada vez que lo engañaba para que la mordiera era aún mejor. Los demás eran lo suficientemente listos como para ni siquiera intentarlo. Sí, la debilitaba, también la convertía en una comida que evitar.

Su piel comenzó a picar enseguida, la curación empezó en cuanto se deshizo de él. Rajnik no cedió su posición, un obstáculo permanente entre el Gobernante y las dos personas que estaban detrás. Una rápida mirada por encima del hombro le dijo suficiente. Lorcan había empujado a Nikka tras él, siempre protegiendo a los inocentes, como si realmente pudiera hacer algo en su estado actual.

Rajnik le advirtió con una dura mirada que no interfiriera, incluso cuando parecía estar por hacerlo. Un solo paso ajeno en una lucha entre Gobernantes condenaría a su perdedor, incluso cuando el resultado era evidente. Era más débil, más lenta y carecía de la mayoría de las habilidades de su especie cuando el Coyote era un Gobernante en su máxima expresión. El corte que había alcanzado para hacerle en la cadera era apenas un rasguño ahora, sanado en un abrir y cerrar de ojos. Mejor.

Rajnik levantó el otro brazo, mostrando el pequeño cuchillo en su mano y la sangre fresca en la hoja. Podía sentir un rojo cálido deslizándose por su nariz, pero nadie lo notaría con la máscara puesta. Un pequeño precio a pagar cada vez que intentaba crear una ilusión, aunque solo fuera por segundos. Le dolía la cabeza en respuesta. Solo necesitaba más tiempo.

—Te vi parpadear —canturreó ella con diversión—. ¿Aun después de todo este tiempo? No creo que estemos destinados a estar juntos.

—Esta no es forma de hablar.

—La única forma que conoces es...

Sangre.

El golpe fue demasiado rápido para siquiera notarlo. El dolor explotó en su mejilla izquierda, seguido del ardor agudo de cortes recientes. No pudo contener un grito, sus rodillas golpearon el suelo. ¿Cuán profundo? ¿Cuán profundo? Se tocó el rostro por puro instinto, intentando mantener la mente en silencio e ignorar la burla. Su Dios podía intentarlo eternamente, ambos estaban condenados por su decisión y eso no cambiaría. Su libertad no tenía precio.

El Coyote rió. Le tomaría tiempo sanar. Tenía una oportunidad, solo una, pero necesitaba esperar. ¿Cuánto tiempo podría hacerlo? La noche era muy oscura, los ruidos de la revolución estaban por todas partes. Zorros sencillos y pacíficos habían tenido el coraje de salir a luchar por su libertad. Aunque no fueran guerreros, aunque no estuvieran entrenados ni acostumbrados. Lo menos que podía hacer era cumplir su parte. Un Gobernante era un Gobernante. Y, solo una noche más, necesitaba ser el Zorro antes que Rajnik.

Entonces debía darlo todo. No más apuestas, ni riesgos, ni fracasos.

—Maldito sea el día en que hicimos un trato.

Se incorporó de nuevo. Todavía no. Solo necesitaba resistir un poco más. Solo un amanecer más. Pero ser un saco de boxeo por una noche nunca era agradable. ¡Y quería lucir bien para el después! ¿Era demasiado pedir? Por fin, sin más mentiras de por medio, y un idiota le estaba arruinando la cara.

En cualquier otro momento, habría saltado de un lado a otro, intentando evadirlo. Qué difícil era luchar contra él teniendo algo que proteger. Un disparo, un cuchillo. Qué mala suerte haberlo encontrado al final de su misión, habiendo perdido la mayoría de sus armas en el camino. Solía reírse antes, diciéndose que si estuviera al mismo nivel que otros Gobernantes, sería demasiado aburrido. Se repetiría aquella mentira una y otra vez, lo que fuera necesario para aguantar y sobrevivir.

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⏰ Última actualización: Jul 06, 2025 ⏰

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