Golden Blood pt3

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Cuarto mes de embarazo.

La noche caía lenta sobre la casa rodeada de bosque, y la lluvia fina golpeaba suavemente los ventanales. El aire estaba impregnado del aroma a tierra mojada y jazmín. Tong acababa de salir de la ducha, con el cabello aún húmedo cayendo sobre su frente, cuando notó que las luces estaban tenues y la sala ligeramente decorada. Un sendero de velas pequeñas conducía desde el pasillo hasta el jardín interior, donde Mark lo esperaba.

-¿Qué estás tramando?-Pregunto curioso, mientras se secaba las manos con la toalla del cuello. El aroma a su vela favorita le llegó de golpe, haciéndolo sonreír.

-¿Yo? Nada.-Respondió Mark, claramente mintiendo, de pie junto a una pequeña mesa redonda cubierta con un mantel blanco, no había comida pues Tong no era capaz de comer nada aún, pero si que había dos copas llenas de jugo de tomate, pequeño detalle que lo hizo reír.

-¿Estás tratando de redimirte por algún error del que no se?-Cuestiono mientras se acercaba, arqueando una ceja.

-Claro que no.-Movió una de las sillas.-Ven, siéntate.-La lluvia seguía sonando, pero ahora era apenas un murmullo sobre los grandes paraguas instalados. Mark tomó aire, sin necesitarlo realmente, solo para calmarse. Tong lo tono, pero prefirió callar.-Te amo mucho Tong.-

-¿De verdad?-Dijo de manera sarcástica, haciendo a su alfa rodar los ojos.-Lo sé Mark, yo igual te amo, no necesito una cena sin comida para asegurarme de eso.-

-Pero quiero hacerlo, porque te amo y quiero hacerte sentir amado de la manera que conoces, de la manera que se aman los humanos.-Tong rió con ternura, pero no dijo nada. Sus ojos brillaban con una mezcla de confusión y emoción.-No tengo música de fondo ni fuegos artificiales, no hay gente escondida esperando salir a aplaudir. Solo estamos tú, yo y ese milagro que crece dentro de ti.-Tong acarició su vientre de ya cinco meses, el cual empezaba a sobresalir de manera adorable.

-¿Mark?-Lo miro confundido cuando este empezó acercarse.

-He vivido muchas noches, Tong más de las que podría contar con los dedos, aunque tuviera mil manos, y ninguna de ellas se parece a las que paso contigo.-Bajó lentamente, con una rodilla apoyada sobre el suelo mojado del jardín. Lo hizo torpe, casi perdiendo el equilibrio, y soltó una risita nerviosa. Sacó de su bolsillo una pequeña caja. Era de madera tallada, oscura, con inscripciones en un idioma antiguo. La abrió con cuidado, revelando un anillo de plata ennegrecida por el tiempo, con detalles dorados a los costados.-Así lo hacen, ¿Verdad?-Tong se tapó la boca al darse cuenta de lo que estaba pasando. Una tierna risa salió de sus labios mientras que su mirada se cristalizaba.

-M-Más o menos.-

-Perfecto. Entonces...-Inspiró con fuerza.-¿Te casarías conmigo, Tong? No te lo pudo por el bebé, o por tu sangre o por la revolución, te lo pido porque renunciaste a tu humanidad por mi, por nosotros y eso hace estar en una eterna deuda contigo, deuda que cubriré cada día si tu me das el si.-Tomó la mano de su omega, dejandolo sentir el temblor de las suyas.-Quiero esto contigo, quiero cuidar de ti y del bebé, aprender juntos, equivocarnos juntos. Cambiar el mundo a tu lado y terminar cada día con la dicha de que al llegar a casa, mi esposo estará esperándome.-

-Oh...-Bajo su mirada al anillo, apretando la mano de su novio.-¿No crees que es muy pronto?-Mark alzó los hombros, con una sonrisa pequeña.

-Tal vez, pero esperé doscientos años para conocerte, puedo esperar lo que quieras si eso me asegura pasar la eternidad juntos.-Tong mordió su mejilla interna, pensando seriamente en su respuesta mientras que su alfa aguantaba la respiración. Finalmente, se agachó frente a él, tomó su rostro entre las manos y lo besó. Un beso dulce, tembloroso, cálido.

multiverso omegaverse 2Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora