El tiempo se volvió algo imposible de medir. Podían haber pasado horas o solo unos minutos. Tong ya no sabía. El dolor persistía, pero ahora era sordo, lejano, como si se hubiese escondido bajo un manto espeso de agotamiento y duelo. Ya no gritaba. Ya no lloraba con fuerza. Sus ojos estaban reseco y nisiquiera podía llorar, solo dosiciaba durante días, sintiéndose nada más que una incubadora para algo que ya no existía.
La puerta se abrió con un chirrido metálico y urgente. Esta vez no fue el paso lento y controlado de siempre. Entraron rápido. Apresurados. Tres personas, todas cubiertas con batas y mascarillas, empujando una camilla con ruedas. No hablaron. Solo se movieron con prisa. Tong no reaccionó al principio. Ni siquiera cuando la luz de una linterna se le acercó a los ojos, ni cuando las manos revisaron su pulso y su vientre con precisión clínica. Ni cuando uno de ellos murmuró algo que parecía preocupado. Simplemente se quedó quieto. Miró a uno de los encapuchados directo a los ojos oscuros detrás de los cristales, no dijo nada, no rogó, no maldijo. Solo dejó que le quitaran las cadenas de muñecas y el cuello. Cuando lo levantaron para ponerlo en otra camilla, su cuerpo cayó como si no tuviera huesos. Su cabeza colgó hacia un lado, los mechones húmedos y pegajosos de sudor le cubrían parte del rostro. Lo ataron otra vez, con correas gruesas, una sobre el pecho, otra en las piernas, otra sobre los brazos. Se dejó hacer completamente rendido, xomo si ya no quedara nada en él que valiera la pena defender.
-Está muerto...-Susurró, apenas moviendo los labios, las palabras dirigidas a nadie y a todos.-Se fue...-Una de las personas se detuvo por un segundo al escuchar eso. La máscara no dejaba ver su expresión. Pero sus manos se endurecieron. Volvió a la camilla y ajustó una vía intravenosa con una rapidez aún más desesperada.
Tong solo cerró los ojos, dos lágrimas más escaparon. Y mientras lo empujaban por el pasillo gris, rumbo a algún destino desconocido, pensó por última vez en el revoloteo suave que solía sentir por las noches. En los golpecitos. En esa pequeña vida que había resistido tanto.
Ahora no quedaba más que el silencio.
Lo siguiente fue una sala aún más fría que la anterior, lq camilla se detuvo bajo una luz blanca, cegadora, rodeada de instrumental clínico. Las figuras se movían con una precisión mecánica, murmurando entre sí palabras técnicas, desconectadas de todo lo que dolía. Colocaron electrodos en su pecho, inyectaron algo más en la vía de su brazo, tomaron muestras de sangre, midieron su presión, escucharon su abdomen con un estetoscopio. Pero no hubo una sola palabra dirigida a él. Tong tampoco preguntó, no le interesaba, se había rendido totalmente. Solo se aferraba al metal helado de la camilla, cada respiración más costosa que la anterior, cada segundo más largo y más insoportable.
De pronto sintió un ardor en la garganta, en el pecho, como si algo dentro de él se hubiera podrido. Su estómago se revolvió, el cuerpo se arqueó por reflejo.
-¡Balde!-Ordenó una voz, esta vez audible, al fin.-Rápido.-Uno de los asistentes reaccionó a tiempo y colocó una cubeta metálica cerca de su rostro. Otro soltó las correas de sus brazos, quizás por piedad, quizás porque lo necesitarían consciente.
Tong apenas tuvo fuerza para girarse hacia la cubeta antes de vomitar con violencia. No fue solo el vómito de una comida mal digerida, fue sangre, toda la sangre humana que había tragado a la fuerza. Roja, espesa, grumosa. Salía con arcadas dolorosas, desgarrándole la garganta. La cubeta ya estaba llena y él aún seguía vomitando, escupiendo bilis, temblando de pies a cabeza mientras sus lágrimas caían sin descanso, como una lluvia que no encuentra tierra firme.
-¿Qué quieren de mi?-Balbuceo una vez su estómago quedó completamente vacío.-E-Estoy cansado, déjenme ir por favor, no les diré a nadie lo juro...-Sollozo abrazando su pancita una vez le quitaron el balde.-Yo no quería esto, y-yo solo quería una familia...N-No quería matarlo, ¡No quería!-Se llevó las manos a la cara, cubriéndose los ojos, intentando borrarse, desaparecer.-¿D-Donde esta Mark?¿Dónde está mi bebé? Quiero a mi Mark~-Lloró como un niño pequeño.-No quería esto, n-no quería que mi bebé, que mi Tonkla muriera~Se encogió en sí mismo, aún con los pies amarrados, roto, sin consuelo. Los asistentes, sin saber cómo reaccionar, solo se alejaron. Uno se llevó la cubeta. Otro limpió la sangre del suelo. Nadie lo tocó.
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multiverso omegaverse 2
FanfictionEsta fanfic tendrá pequeñas historias por capítulos con diferentes series BL como omegaverse. Esto lo hago con el fin de entretenimiento, no busco ofender a los actores, las series o a los fans. Los personajes y parte de la historia son fieles a la...
