Extra 2

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Extra: Nacimiento de los mellizos. (Parte 2)

12 horas después

Pues sí.

Nada más llegar al hospital, rompí aguas. En cuestión de minutos tendré a mis bebés... o al menos eso creí.

Pero la realidad fue muy distinta.

Llevo aproximadamente doce horas en observación, esperando que mi cuerpo decida entrar de una vez en trabajo de parto. Las enfermeras van y vienen, revisan los monitores, comprueban mis constantes y me preguntan cómo me encuentro. Como si no fuera evidente.

Las contracciones son insoportables.

Cada vez que una llega, siento cómo el dolor me atraviesa por completo. Me aferro a las sábanas, cierro los ojos y aprieto los dientes mientras intento respirar, como me enseñaron en las clases de preparación al parto. Pero nada parece funcionar.

—Todavía no estás lo suficientemente dilatada —me repiten una y otra vez.

Y esas palabras se convierten en mi peor pesadilla.

Doce horas de dolor.

Doce horas de espera.

Doce horas imaginando las caras de mis hijos y preguntándome cuánto más tendré que aguantar para conocerlos.

Miro el reloj una vez más mientras una nueva contracción me obliga a doblarme sobre mí misma.

—No puedo más... —murmuro entre lágrimas.

Mi madre me sostiene la mano con fuerza.

—Sí puedes, hija. Ya falta menos.

Quise creer en sus palabras.

Sinceramente, lo intenté.

Pero en ese momento, el agotamiento empezaba a superarme. Mi cuerpo se encontraba extenuado, mi espalda destrozada y mi mente totalmente nublada por el dolor.

Fue entonces cuando la puerta de la habitación se abrió de par en par y la figura de un apurado Alexei irrumpió en escena, con un rostro que reflejaba preocupación, nerviosismo y alivio al mismo tiempo.

Su respiración agitada parecía indicar que había corrido medio hospital para llegar hasta allí.

—¿Cómo estás? —inquirió rápidamente acercándose a la cama.

Apenas terminó la pregunta cuando una nueva contracción me arrancó un gemido de dolor.

—Ay... por Dios...

Alexei se quedó paralizado por un instante al verme en ese estado.

Toda la seguridad que intentaba proyectar desapareció de repente.

—¿Estás bien? —preguntó, dirigiendo su mirada primero a mi madre y luego a las enfermeras.

—Está teniendo contracciones muy intensas —respondió mi madre con serenidad—. Pero está soportando el dolor con entereza.

Mafia Capone #2Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora