Capitulo 116

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La mañana entró por la galería con un sol tibio y la rampa sin saltito. Saori corrió la mesa un centímetro para que la silla de Hilda pasara sin raspar el marco; no lo pidió nadie, lo hizo y ya. Sobre la tabla quedó la taza en el borde, como siempre, y el "clac" que ya no era freno: era la foto de la heladera —Seiya, Saori y la nena de risa fácil con helado en la plaza, el bebé envuelto en la manta que ahora iba de unas manos a otras— golpeando cada vez que alguien abría la puerta.
—Hay que comprar pañales —dijo Saori, en voz baja.


—Ya salgo —contestó Seiya, sin levantar la vista.
No discutieron. Se repartieron el día como quien reparte cartas malas y sigue jugando: turnos de dos horas, agua caliente, biberones medidos con la muñeca. En la galería, la caja-barco jubilada hacía de tope para que el viento no azotara la puerta. Hilda apareció con el bastón, miró la mesa corrida y asintió una sola vez.
—Así está bien —dijo.
El bebé se despertó con ese llanto que le ocupaba todo el cuerpo. Shun llegó antes, lo levantó y empezó a canturrear bajito; June, desde la cocina, desafinó a propósito una canción y el aire espeso se aflojó un poco. Saori preparó el biberón; Seiya acomodó la manta en el regazo de Saori sin rozarle los dedos. El bebé tomó, suspiró y se quedó dormido con la cabeza apoyada en el pecho de su padre. Por un segundo largo, el silencio dejó de pesar.
A media tarde volvió la lluvia fina a picar la ventana. Seiya encontró el saquito del bebé dentro de la bolsa que el día anterior había cerrado con demasiada fuerza. Lo sacó, lo dobló y lo dejó sobre la mesa. Saori lo vio y, sin decir nada, corrió la taza del borde hacia el centro: un gesto mínimo que no cambió nada y, a la vez, lo cambió todo.
—Voy a caminar —dijo Seiya.


—Traé pan —respondió Saori.



Se cruzaron en el pasillo. Esta vez no desviaron la mirada; se sostuvieron un segundo más de lo necesario y después cada uno siguió a lo suyo. En la cocina, Eris dejó otra taza sin decir a quién iba. June apagó la hornalla. Shun, con el bebé en brazos, se sentó en la galería a mirar la rampa como si fuera un paisaje.


Cuando Seiya volvió con el pan, la casa olía a lluvia y a comida simple. Saori estaba en la galería con el bebé dormido y la manta doblada a los pies. Seiya se sentó a su lado, dejó el pan entre los dos y apoyó la mano abierta sobre la tabla. Saori no la tomó; tampoco la apartó. Se quedaron así, mirando el patio, con la foto de la heladera haciendo "clac" cada tanto.



No estaban bien, pero estaban.


HASTA PRONTO.

Juliee...

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