Extra 15

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Fue el capitán quien lo dijo, sin vueltas:—Ya no entra.La caja-barco había aguantado tardes de pasillo, lluvias adentro y la galería sin saltito, pero esa semana el cartón empezó a ceder en la esquina que Hilda siempre tocaba con el dedo.—Se jubila —dijo Rubí, seria.—Se jubila —confirmó Hilda, y le pasó la mano por el borde como quien revisa a un animal dormido.La llevaron al patio, con la manta finita doblada por si refrescaba. Saori dejó la taza de Hilda al alcance; Seiya acomodó la mesa para que la silla pasara sin pedir permiso. Yuna se agachó a la altura de la silla y le sostuvo la cara a su madre con las dos manos.—Gracias por cuidarnos —dijo.—Gracias a ustedes —contestó Hilda. 

Ikki y Esmeralda se sentaron enfrente; Shun dejó el cuento corto a mano; June desafinó a propósito una canción y todos se rieron sin querer. La niña de risa fácil se reía con las encías; el varón de sueño liviano abrió los ojos con el "clac" del freno y volvió a cerrarlos en el pecho de Seiya.—No la tiramos —dijo el capitán.—No —dijo Saori—. La guardamos bajo la mesa, como siempre.A la noche, mientras secaba los platos, Seiya le acomodó el cuello de la camisa a Saori; ella le sostuvo la mano un segundo y se la soltó con cuidado.— ¿Te acordás cuando la hicimos? —preguntó Seiya.—Quedó nuestra —contestó Saori. 

Afuera, Hilda probó el freno con un "clac" limpio y se quedó mirando el patio con Yuna al lado, la mano en el apoyabrazos. La casa bajó el volumen y respiró acompañada.


HASTA PRONTO.

Juliee...

MíoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora