Extra 8

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Una mañana, Saori dejó la taza a medio tomar y se llevó la mano a la boca.
—Estoy bien —dijo, pero Seiya ya le había alcanzado el agua.
No hizo falta test; lo supieron por el modo en que el cuerpo cambia de ritmo. Hilda giró la silla y se acercó con un movimiento corto de muñeca.
— ¿Estás segura? —preguntó.
—Estoy —contestó Saori.
La casa se ordenó sola: Eris corrió la mesa un centímetro más; Shun dejó el cuento corto a mano; June tarareaba bajito; Seiya revisó la rampa, aunque no hacía falta. Yuna apareció con fruta y con la pregunta que no se animaba a hacer.
— ¿Vas a estar bien, ma? —le dijo a Hilda, agachada a su altura.
—Voy a estar —contestó Hilda—. Día bueno, día malo. Como siempre.
El capitán lo entendió a su manera.
—¿Vamos a ser más? —preguntó.
—Vamos —dijo Saori, y le acomodó el pelo.
Esa noche, Seiya secó los platos y, sin decir nada, le acomodó el cuello de la camisa a Saori. Ella le sostuvo la mano un segundo y se la soltó con cuidado. No hicieron planes grandes; dejaron que la noticia se quedara a vivir.

HASTA PRONTO.

Juliee...

MíoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora