A la mañana, el "clac-clac" de Hilda marcó el inicio del día y la casa se acomodó sola: la mesa un poco corrida para que la silla pasaran sin pedir permiso, la rampa sin el saltito del final, la taza de Hilda al borde donde podía alcanzarla. Seiya volvió de la panadería con la bolsa tibia y dejó el bollo de Hilda en su plato antes que el suyo; Saori le alcanzó el café y, al hacerlo, le rozó la alianza con el pulgar, un segundo, sin decir nada.
El niño entró corriendo y frenó dos pasos antes de la silla.
—Para el capitán —dijo Hilda, y le dio su bollo.
—Gracias —contestó él, con la boca llena.
Después del desayuno, Saori estaba doblando ropa cuando se escuchó la puerta. Era *Yuna*, la hija de Hilda, con una bolsa de fruta y una campera que todavía olía a calle.
—Llegué —dijo, y lo primero que hizo fue agacharse a la altura de la silla—. Hola, ma.
—Llegaste tarde para el pan —contestó Hilda, seria, pero le sostuvo la cara con las dos manos y le acomodó el pelo detrás de la oreja.
Yuna se rió, le dio un beso en la frente y dejó la fruta en la mesada.
—Traje mangos —dijo—. Los que te gustan.
—Esos que manchan todo —dijo Hilda.
—Esos —confirmó Yuna.
A media tarde aparecieron *Ikki y Esmeralda* con su hija *Rubí* de la mano. Rubí entró mirándolo todo con esos ojos que pesan más que las preguntas.
—Permiso —dijo Ikki, con la voz baja que usaba cuando no quería hacer ruido.
—Pasá —dijo Saori—. La mesa está corrida para que Hilda pase, así que hay lugar.
Esmeralda saludó a Hilda con un abrazo corto y le acomodó la manta finita sobre las piernas.
— ¿Día bueno? —preguntó.
—Día bueno —dijo Hilda—. Hoy puedo perseguir a June si hace falta.
—Eso sí que da miedo —se rió June desde la pileta, levantando las manos.
Rubí se soltó de la mano de Esmeralda y se acercó a la silla de Hilda. La miró de arriba abajo, se agachó para ver las ruedas y después levantó la vista.
— ¿Puedo tocar? —preguntó.
—Podes —dijo Hilda, y aflojó el freno con un "clac" limpio para mostrarle cómo giraba.
Rubí apoyó la mano en el apoyabrazos y después en la rueda, con cuidado.
—Hace ruido —dijo.
—Cuando quiere —contestó Hilda.
El niño apareció con su caja-barco y se la mostró a Rubí como si fuera un secreto.
—Es un barco —explicó—. Si se rompe, hacemos otra.
Rubí asintió, muy seria, y señaló la caja.
— ¿Puedo ayudar?
—Podes —dijo el niño, y le pasó la cinta.
Ikki se quedó en el marco de la puerta, mirando. Saori le alcanzó un vaso de agua.
—Gracias —dijo él.
—De nada —contestó Saori—. Yuna trajo mangos, si querés.
Ikki asintió y se sentó en el piso, al lado de los chicos, para sostener el borde del cartón mientras pegaban la cinta. Esmeralda se quedó con Hilda en la galería, charlando de cosas chiquitas: que la rampa ya no hacía el saltito, que la manta finita abrigaba justo, que el médico había dicho que siguiera moviendo las manos todos los días.
— ¿Te duele hoy? —preguntó Esmeralda, en voz baja.
—Un poco la espalda —dijo Hilda—. Pero es un buen día bueno. Puedo estar acá.
Yuna salió con dos platos de mango cortado y le alcanzó uno a Hilda.
—Mánchate tranquila —dijo.
—Después lavo —contestó Hilda, y se llevó un pedazo a la boca.
A la hora de la cena, Eris propuso una "mesa larga". Corrieron la mesa un poco más, Shun acomodó las sillas, June puso servilletas de más —prolijamente dobladas— y Seiya acercó la cabecera para que Hilda quedara de frente a todos. Rubí se sentó al lado del niño; Ikki y Esmeralda, enfrente; Yuna al lado de Hilda, para alcanzar lo que hiciera falta sin que tuviera que pedirlo.
—Gracias —dijo Hilda, cuando Yuna le acercó el agua.
—De nada, ma —contestó Yuna, y le acomodó la manta.
La cena fue ruidosa y despareja: el niño contó que su barco "aguanta", Rubí dijo que la rueda de la silla "hace ruido cuando quiere", June desafinó a propósito y todos se rieron sin querer. Saori, en un momento, miró a Seiya por encima de la mesa y le acomodó el cuello de la camisa; él le sostuvo la mano un segundo y se la soltó con cuidado, porque los chicos miraban y porque todavía estaban aprendiendo a tocarse sin romper nada.
Cuando terminaron, Hilda giró la silla para quedar de cara a la galería.
—Me quedo un rato acá —dijo.
—Te alcanzó la taza —dijo Eris.
—Gracias —contestó Hilda.
Yuna se quedó a su lado, con la mano en el apoyabrazos. Ikki y Esmeralda ayudaron a levantar los platos; Rubí, de la mano del niño, llevó la caja-barco a la galería y la dejó al lado de la silla, "por si hace falta". Saori y Seiya terminaron de secar en la cocina, pasándose los platos como quien se pasa una posta.
—Me gusta cuando se llena —dijo Saori, en voz baja.
—A mí también —dijo Seiya—. La mesa larga le queda bien.
Afuera, Hilda probó el freno con un "clac" limpio, miró el patio y, sin decir nada, le apretó la mano a Yuna. Rubí se apoyó en la rueda de la silla y el niño le explicó, serio, que si se rompía, hacían otra. Hilda sonrió con la comisura y dejó que la casa respirara acompasada, con todos adentro.
HASTA PRONTO.
Juliee...
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Mío
Roman d'amourSeiya se encuentra comprometido. Sin embargo, tendrá que elegir entre su futura esposa celosa o su mejor amiga algo malvada. *Portada hecha por: @-minyeol
