Extra 4

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La lluvia empezó a la madrugada e Hilda amaneció con la espalda hecha un nudo. No lo dijo; se notó en cómo apoyó las manos en los apoyabrazos y en el freno que no quiso soltar.
—Hoy no hay galería —avisó, con la voz más baja—. Me quedo adentro.
Yuna apareció con la campera todavía mojada y una bolsa de fruta.
—Ma —dijo, y se agachó a su altura—. ¿Te duele mucho?
—Pasa —contestó Hilda.
La casa bajó el volumen sin que nadie lo pidiera. Eris dejó la taza de Hilda justo al borde de la mesa; Shun preparó un cuento corto; June no cantó, solo tarareaba bajito mientras lavaba. Seiya revisó la rampa por si el agua había aflojado algo y volvió con un trapo para secar las ruedas.
—Dejó —dijo Hilda—. Hoy no persigo a nadie.
—Mejor —dijo June—. Así descanso.
El capitán se acercó con la caja-barco y, al verla, no la puso en el piso: se la apoyó en el regazo a Hilda.
—Para que la cuides —dijo.
—La cuido —prometió Hilda, y le acomodó el borde con los dedos.
Saori le alcanzó el agua y le acomodó la manta finita sobre las piernas. Hilda le sostuvo la mano un segundo.
—Gracias —dijo.
—De nada —contestó Saori.
Más tarde, mientras tomaban el agua, Yuna se quedó al lado de la silla con la mano en el apoyabrazos. El capitán la miró con curiosidad.
— ¿Vos por qué no venías antes? —preguntó.
Yuna se rió, bajito.
—Porque vivía en otra ciudad —dijo—. Me fui a estudiar y después me salió trabajo allá. Venía poco, cuando podía. Hablábamos por teléfono con mamá, pero no alcanzaba. Cuando me contaron que la casa se había vuelto a ordenar, pedí el traslado y volví. Por eso no estuve en la historia grande: estaba lejos, llegando tarde a todo.
Hilda le apretó la mano.
—Llegaste —dijo.
—Llegué —contestó Yuna, y le acomodó la manta.
A la noche, cuando el capitán se durmió, Yuna se quedó con Hilda en la galería techada, bajo el ruido de la lluvia. Seiya y Saori secaron los platos en silencio, pasándole la posta.
—Mañana va a ser mejor —dijo Seiya.
—O no —dijo Saori—. Pero va a pasar.
Hilda giró la silla para quedar de cara al patio, aunque no se viera nada. El "clac-clac" fue suave. Estaba bien: la casa sabía esperar, y ahora Yuna también estaba adentro.


HASTA PRONTO. 

Juliee...

MíoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora