Extra 11

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Un sábado, con Hilda en día bueno, fueron todos a ver a Marin: Saori, Seiya, el capitán, la nena de risa fácil (en brazos de Yuna) y el varón de sueño liviano (en brazos de Seiya). Miho los esperó en la puerta con un paraguas que no hacía falta.


—No esperes amabilidad —recordó, en voz baja.
—No espero —dijo Saori—. Vengo a cerrar.
Marin abrió, miró a los chicos, miró la alianza en la mano de Saori y asintió.
—Pasen —dijo.
Hablaron poco, lo necesario: la noche del chichón, la visita que Saori no contó, la vuelta sin palabras, el tiempo que pasó. No hubo reproches nuevos; los viejos ya no molestaban.
—Me alegro de que estén bien —dijo Marin, mirando a la nena que se reía.
—Estamos —dijo Seiya.
—Estamos —repitió Saori.
Al salir, Miho les alcanzó caramelos "para el camino". Hilda, que había preferido quedarse con Eris y Shun, los recibió en la galería techada con la taza al alcance.
— ¿Todo bien? —preguntó.
—Todo bien —dijo Saori.
Hilda soltó el freno con un "clac" limpio y, por esa tarde, la frase dejó de pesar.


HASTA PRONTO. 

Juliee...

MíoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora