Extra 3

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No fue un plan; fue un martes. El capitán se quedó con Shun —"cuento largo", prometió Shun— y Hilda estaba en la galería con la manta finita, día bueno.

—Salgan —dijo Hilda, sin levantar la vista del patio—. Yo estoy bien.— ¿Segura? —preguntó Saori.—Segurísima —contestó Hilda, y apretó el freno con un "clac" limpio—. Yuna llega en un rato.Seiya dejó la llave inglesa en la caja y se secó las manos. Saori se sacó el delantal. No se cambiaron; fueron como estaban, con la ropa de la casa y la alianza sencilla brillando cuando le daba la luz.Caminaron hasta la plaza. No hablaron mucho. Él le acomodó el cuello de la camisa; ella le sostuvo la mano un segundo y se la soltó con cuidado.— ¿Hace cuánto no veníamos solos? —dijo Seiya.—Años —dijo Saori—. No me acuerdo de la última vez.Se sentaron en un banco. Él le convidó un caramelo de la panadería; ella lo partió al medio y le devolvió la mitad.—Esto está bien —dijo Saori.—Esto está bien —repitió Seiya. Volvieron antes de que bajara el sol. En la puerta, Yuna los recibió con una bolsa de fruta.—Llegaron —dijo.—Llegamos —contestó Saori, y le acomodó a Seiya el cuello de la camisa otra vez, porque sí. 

Hilda los miró desde la galería y sonrió con la comisura.—Ya era hora —murmuró.


HASTA PRONTO.

Juliee...

MíoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora